El muro del que no se habla

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el DIARIO PERFIL)

La sangrienta toma de rehenes que terminó con la vida de 148 estudiantes en Kenia es un ejemplo de por qué este país africano comenzó a construir un muro en la frontera con la anárquica Somalia. El avance del extremismo del ISIS en Irak forzó a Arabia Saudita a construir una valla de seguridad de mil kilómetros entre ambos países. Sin embargo, hay un muro que la prensa suele omitir, el muro del Sahara Occidental, que no está relacionado con el islamismo, sino con la complicidad europea con Marruecos para adueñarse de este territorio aun no descolonizado.

http://www.perfil.com/columnistas/El-muro-del-que-no-se-habla-20150411-0014.html

Sahara

Las murallas levantadas por imperios o países poderosos no son exclusivas del pasado de la humanidad. En el mundo contemporáneo, donde las barreras culturales y de comunicación tienden a desaparecer, la separación de los pueblos se acelera a través de vallas militarizadas.

El motivo por el cuál se construyen suele ser el mismo: prevención y seguridad de una nación o comunidad más rica o poderosa en contra de un supuesto enemigo que intenta tomar por la fuerza o invadir territorios ajenos.

Existieron muros que contuvieron ejércitos enemigos, como la Gran Muralla China y el de Adriano, que protegió a la Britania Romana de las tribus escocesas.

También, los hubo para controlar a la población local que vivía bajo un régimen férreo, como el Muro de Berlín.

Asimismo, están las sólidas vallas que intentan ocultar la pobreza: el que se levantó en las favelas de Río. Los hay contra la inmigración, como el que avanza entre la frontera de México y EE.UU. o el del norte de Marruecos, que evita que los desesperados del tercer mundo alcancen Europa.

Por último están las murallas que intentan legitimar la ocupación de una nación adyacente, como es el caso del Muro de Cisjordania, con el que el gobierno israelí controla los movimientos de los palestinos, evita que se filtren terroristas y mediante el cuál se anexa de facto territorios que la ONU determinó que no le corresponden.

Nuevos muros

La guerrilla extremista islámica ISIS, que fue utilizada para desestabilizar a Siria, se ha escapado del control de sus antiguos financistas y ahora los amenaza. Por eso Arabia Saudita comenzó la construcción de una muralla de mil kilómetros en la frontera con Irak para evitar el avance del yihadismo.

Por otro lado, Kenia, país que interviene militarmente en Somalia contra la guerrilla Al Shabab –aliada de Al Qaeda- está construyendo un muro entre ambos países para detener el avance en su territorio de los combatientes, que ya masacraron civiles en un shopping en Nairobi y que además asesinaron a 148 estudiantes en la Universidad de Garissa, días atrás

Todas estas vallas tienen mucha prensa, pero hay un muro que permanece fuera de la cobertura de los medios internacionales, debido al silencio cómplice de los Estados que utilizan la legalidad internacional de manera arbitraria.

Se trata de la muralla que Marruecos construye en el Sahara Occidental, que pertenece a la misma categoría que el Muro de Cisjordania.

Historia de una invasión

Cuando el General Francisco Franco agonizaba en 1975, España comenzaba la retirada del Sahara Español, una ex colonia que se encuentra al sur de Marruecos y que limita con Argelia y el Océano Atlántico.

Inmediatamente, el rey marroquí Hasan II inició la Marcha Verde, es decir la repoblación del Sahara con ciudadanos de Marruecos para que en caso de realizarse un referéndum independentista, la balanza se inclinara a favor del ocupante.

El Frente Polisario, la guerrilla saharaui, que luchó contra la colonización española encabezó la resistencia armada contra Marruecos hasta 1991. A partir de este año, la ONU envió a sus cascos azules para que se pusiera fin a la violencia.

Legitimación internacional

Tanto España como Francia avalan la ocupación Marroquí y evitan año tras año, en las sesiones de la ONU, que el Sahara vote por su autodeterminación.

El motivo es muy simple, Marruecos como país ocupante otorga beneficiosas licitaciones para obtener recursos pesqueros, fosfatos y gas a compañías europeas y norteamericanas en el territorio del Sahara. A cambio, Marruecos se beneficia de enormes incentivos económicos superiores al de los aspirantes a formar parte de la UE. Por ejemplo: reducción de aranceles de sus productos agrícolas, que ingresarían en el mercado europeo casi sin restricciones y un blindaje financiero de 190 millones de euros para afrontar la crisis mundial. Todo esto fue suscripto mediante un tratado de cooperación bilateral.

No solamente Europa y EE.UU. legitiman la invasión, sino que impiden, con su poder de veto, que se investiguen las violaciones a los Derechos Humanos por parte del gobierno marroquí a los disidentes del Sahara, que todavía reclaman que se haga cumplir la resolución 1871 del Consejo de Seguridad, por la cuál la ONU insta a Marruecos a realizar una consulta por la independencia.

El Muro

La muralla no divide a Marruecos del Sahara, sino que separa al tercio más árido del territorio saharaui del resto, que controla militarmente Rabat y en donde se han podido establecer las empresas pesqueras y energéticas, sin que el Sahara reciba el reparto de las regalías por sus propios recursos.

El muro tiene una longitud de 2.720 kilómetros. Está provisto de un radar cada 15 Km y de puestos vigilados cada 5 Km. Lo más indignante es que alrededor de la fortaleza el territorio está minado y en varios tramos no hay señales que indiquen este peligro.

Existen casos de personas que quedaron mutiladas por los explosivos, sólo por acercarse a la muralla.

Los saharauis que fueron desplazados por los invasores marroquíes sobreviven en míseros campos de refugiados al otro lado de la frontera con Argelia. Tanto el gobierno de Argel como ONG internacionales asisten a la población refugiada con alimentos, agua y medicamentos.

Mientras tanto el muro del que no se habla continúa creciendo. Contiene las peores características de las murallas de la historia: evita las incursiones del Polisario, controla a la población local, hiere literalmente a los manifestantes, y además legitima la invasión y el saqueo de recursos de los desdichados habitantes del Sahara, que son el único pueblo africano que no pudo aprovechar la ola descolonizadora del siglo pasado.

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