Brasil, el peligro de la proliferación de armas

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

Desde hace varios años, Brasil está incrementando la compra de armamentos de distinto calibre, con el fin de consolidar su posicionamiento regional e internacional. Por un lado, esta decisión acompaña la creciente influencia regional del país, pero por otro existen unas 8 millones de armas en circulación, muchas de las cuales caen en manos de narcotraficantes. La escalofriante cifra anual de muertos por armas de fuego llega a los 40 mil.

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La adquisición de material bélico por parte de Brasil se realiza principalmente para exhibiciones de fuerza, como suelen hacer los países que aspiran a convertirse en una potencia.

En 2008, varios efectivos del ejército brasileño se desplazaron a la frontera con Paraguay ante la posibilidad de que el gobierno de Asunción expropiara grandes terrenos pertenecientes a ciudadanos brasileros o a sus descendientes. Esta fue una de las pocas demostraciones de fuerza concretas que Brasil ha hecho en el último tiempo, pero el gasto en armas continúa incrementándose a través de los años.

Pero, además Brasil mantiene actualmente una misión militar en el extranjero y se prepara para encabezar una segunda. La primera, es la presencia de sus tropas en Haití, luego del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide en 2004. La segunda es el envío de 300 efectivos militares para reemplazar a las fuerzas italianas en la misión UNIFIL en el Líbano.

Si el Senado brasileño llegase a aprobar el envío de tropas a Medio Oriente, Brasil obtendría el comando de una flota de ocho buques y un contingente de casi 900 soldados.

Brasil, que forma parte del grupo de países emergentes que aspiran a convertirse en potencias influyentes (BRICS), junto con Rusia, India, China y Sudáfrica, necesita respaldar su penetración económica, política y diplomática en varias regiones extracontinentales con unas fuerzas armadas bien equipadas.

GASTOS MILITARES

Sin dudas, Brasil se ha convertido en la mayor potencia bélica de la región superando incluso a los países que más gastan en defensa. De acuerdo con un documento publicado por el Centro de Estudios Nueva Mayoría, en 2008 Colombia y Chile fueron los países que más invirtieron recursos en armamentos en Latinoamérica, destinando un 25,52 y un 24,6% de sus gastos militares respectivamente. Tanto Chile como Venezuela utilizan una gran parte de las ganancias de la venta de sus materias primas, cobre y petróleo respectivamente, para adquirir armamentos.

Pero Brasil, que solamente destinó el 9,07% de su presupuesto militar, continúa siendo el país que más armas compra en la región, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), un think tank cercano a los sectores conservadores de Washington.

Sin embargo, visto desde otro lado, la realidad se muestra diferente, dado que el 1,5 % de su PBI es destinado al suministro de armas, lo que convierte a Brasil en el décimo segundo país en el mundo con mayor gasto militar.

Mientras que el presupuesto destinado en 2010 al programa alimentario para reducir la indigencia, denominado Bolsa Familia, fue de 5 mil millones de dólares. En contraste, en 2009, Brasil gastó 7 mil millones en insumos bélicos.

Los tratados militares suscriptos con París desde 2005, proveen a Brasil de una cantidad de armas anuales fijadas en los acuerdos bilaterales. Por ejemplo, entre 2005 y 2010 las compras de insumos militares solamente a Francia llegan casi a los 12 mil millones de dólares, que incluyen un submarino nuclear y varios aviones de combate. En consecuencia, Francia superó a Estados Unidos como el principal vendedor de armas al gigante sudamericano.

De acuerdo con datos del Ministerio de Defensa de Francia, el aumento del gasto militar de Brasil se produjo por la adquisición de un submarino del tipo Scopèrne y otro que tiene capacidad de propulsión nuclear. Aunque también Rusia aporta una gran parte de las armas que compra Brasil.

Por otro lado, Brasil elabora sus propias armas, que son vendidas a varios países latinoamericanos, africanos y asiáticos.

VIOLENCIA LOCAL Y NARCOTRÁFICO

Según datos divulgados por las Naciones Unidas, alrededor de 40 mil personas mueren asesinadas por armas de fuego anualmente en Brasil, lo que significa que en este país se comete el 11 % de todos los homicidios del mundo.

No es comparable la compra de un submarino nuclear con un revólver de pequeño calibre, pero los datos engloban a toda clase de armas y vehículos de guerra.

A pesar del plan de desarme implementado desde el primer gobierno del presidente Lula da Silva, existen hoy más de 8 millones de armas de fuego en circulación. En tanto, un sondeo realizado el año pasado por el gobierno brasileño titulado “Implementación del Estatuto de Desarme, del papel a la práctica” más de 1, 8 millones de armas fueron destruidas por el Ejército entre 1997 y el 2008.

Pero, la violencia gira en torno al narcotráfico: enfrentamientos entre bandas, ajustes de cuentas y redadas policiales, siendo la mayoría de las víctimas jóvenes entre 15 y 24 años.

De acuerdo con el informe de la ONU, en Río de Janeiro, las armas de fuego son las principales causantes de muerte, ya que representan el 65% de los decesos, superando a los accidentes automovilísticos y a las enfermedades.

Según el Tribunal Supremo Electoral de Brasil, los fabricantes de armas  destinaron, en las últimas elecciones, alrededor de 600 mil millones de dólares a la campaña electoral de los diferentes candidatos. Los principales beneficiarios son además de la industria armamentista, los narcos que tienen capacidad de fuego demostrada como para derribar helicópteros de la policía.

Otro obstáculo fue el referéndum realizado en 2005, en el que más del 63 % de los votantes no permitieron que se prohibiera la venta de armas libremente.

Por un lado, las grandes compras de armamentos acompañan el crecimiento de la influencia brasileña en el mundo, pero una parte de los armamentos pequeños y medianos caen en manos de peligrosas bandas delictivas, que a pesar del plan de desarme siguen causando una enorme cantidad de muertes evitables.

Si se reforzara la política del desarme, se redujera la manipulación del miedo, que es una de las causas principales de la tenencia de armas doméstica y se prohibiera el aporte de dinero por parte de la industria armamentista para las campañas electorales, es posible que se reduzcan las enormes cifras de muertos por armas de fuego.

Pero, la realidad sigue sendo compleja, una gran parte del éxito del desarme depende también de la nueva campaña antinarco iniciada por el gobierno brasileño, pero si el gobierno continúa con las grandes compras de todo tipo de armamentos, el círculo vicioso va a seguir alimentándose, con lo que las campañas de reducción armamentística van a ser insuficientes.

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