Egipto: ¿hacia la guerra civil?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

El presidente ruso Vladimir Putin advirtió que tras el golpe de Estado y los enfrentamientos entre los Hermanos Musulmanes y sus detractores, Egipto podría seguir el camino de Siria, desatándose una lucha armada entre diversos sectores. ¿Es posible este escenario? ¿Los grupos cercanos a Al Qaeda tienen el poder de resistir en una guerra contra las Fuerzas Armadas? ¿Cuáles son las diferencias con Siria? ¿Cuál es el papel de Estados Unidos e Israel?

EgyptonFire

Comenzaron las disputas públicas entre la coalición cívico-militar que derrocó al presidente egipcio Mohammed Morsi la semana pasada.

Las Fuerzas armadas, sectores laicos, islámicos salafistas de Al Nour y el ala izquierda Tamarrod expusieron sus primeras contradicciones al vetar el nombramiento de Mohamed El Baradei como primer ministro del gobierno interino.

Al Nour fue el movimiento político que se opuso y a pesar de tener bases profundamente islámicas participó del golpe contra la Hermandad Musulmana, dado que están más cerca de un islam extremo como el que se practica y exporta en Arabia Saudita, el salafismo.

En tanto, el nuevo gobierno dirigido por el ministro de Defensa, el general Al Sisi, que había sido nombrado por Morsi, festeja la toma del poder con cientos de miles de manifestantes en la emblemática Plaza Tahrir

Paralelamente, milicias con lazos con Al Qaeda atentan contra militares en la península del Sinaí, fronteriza con Israel.

PROFUNDAS DIVISIONES

La sociedad egipcia está dividida entre laicos, coptos cristianos, una mayoría musulmana sunita y una minoría chiita casi insignificante. El Ejército, nuevamente en el poder, está siendo apoyado por los laicos, coptos y por los salafistas sunitas de Al Nour, es decir una coalición muy heterogénea.

Sin embargo, pese a que no han finalizado los enfrentamientos entre los partidarios de Morsi, ya se exponen las diferencias entre los que tomaron el poder.

Esto provoca una alarma regional por temor a un efecto contagio, ya que Túnez vivió un proceso similar durante la Primavera Árabe, es decir la caída del gobierno militar, que fue reemplazado democráticamente por un gobierno islámico moderado: el partido Enahda.

En Libia reina la anarquía, luego de que la OTAN apoyara la llegada de extremistas islámicos al poder para derrocar a Kadafi.

Pero, aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, opinara que Egipto se encamina hacia un escenario de guerra civil similar al sirio, el paralelismo podría trazarse más con Turquía que con Siria.

DIFERENCIAS ENTRE EGIPTO Y SIRIA

Cuando Morsi percibió que la economía estaba en graves dificultades, las condiciones del FMI para un préstamo consistían en realizar más ajustes y por lo tanto promover el crecimiento del descontento popular y cuando los sables comenzaron a agitarse con el apoyo de las masas en Tahrir, decidió dar un gesto a Occidente: apoyar una Guerra Santa contra Siria.

Unos 500 ulemas instaron a que combatientes egipcios viajaran a Siria para sumarse a una guerra civil, que ya tomó peligrosos tintes religiosos, dividiendo a los sunitas de los chiitas, cuando el origen de ese enfrentamiento fue otro.

El gobierno sirio de Al Assad es laico, a pesar de su origen alauita (una rama del chiismo).

Se calcula que unos 2.500 egipcios están luchando codo a codo con el Ejército Libre Sirio y las brigadas de AL Nusra, cercanas a Al Qaeda, contra Al Assad.

Los militares percibieron este gesto como un intento de islamizar más a la sociedad egipcia y fue una de las tantas medidas que los golpistas no toleraron.

Sin embargo, el grupo salafista Al Nour vio moderada la política de Morsi y apoyó el gople.

¿ES POSIBLE UNA GUERRA CIVIL?

Es probable que los egipcios se vieran influidos por las protestas en Turquía contra el presidente islámico moderado Erdogan. Sin embargo Egipto no es Turquía, dado que en este país la OTAN tiene bases, Estados Unidos acaba de proveer a Erdogan de misiles Patriot para que sean lanzados contra Siria y además Ankara cumple un papel fundamental en el intento occidental de romper el eje chiita que abarca Irán, el nuevo Irak, Siria y el Hezbollah libanés.

En Egipto las milicias del Sinaí no tienen la capacidad de lanzar una ofensiva bélica contra el poderoso Ejército que influye sobre la política desde 1952. A menos que, como en Siria, se implanten guerrillas salafistas financiadas desde las monarquías del Golfo Pérsico, Turquía, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.

Por ahora, el escenario es caótico por los enfrentamientos civiles urbanos y las fracturas internas entre los golpistas, pero muy lejos está el panorama egipcio de imitar al sirio: con tanques en las calles atacando a guerrillas muy bien armadas desde el exterior y con varios políticos republicanos pidiendo una zona de exclusión aérea para poder brindarle una mejor apoyo a los combatientes.

Es imposible que se reedite una lucha entre sunitas y chiitas porque la presencia de estos últimos es nimia. Estados Unidos e Israel intentan aliarse a quienes mantengan las riendas del poder, siempre y cuando no alteren algunos principios básicos: los tratados de paz con Israel de 1977, conservar el tránsito por el Canal de Suez, la condena a Irán y la alianza militar con el Pentágono.

Por ahora, no es comparable la situación con Siria, pero sí es probable que la violencia recrudezca y que el actual gobierno se demore en retomar la vía democrática por las intensas protestas de la Hermandad Musulmana, el partido mejor organizado durante la dictadura de Mubarak, y además por sus propias contradicciones internas.

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