La Maculada Concepción de Francisco

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

El cardenal Jorge Bergoglio fue elegido como primer Papa americano y jesuita. Pero más allá de esta novedad en la Iglesia existen varias acusaciones que lo incriminan con la limpieza de sacerdotes de izquierda que la dictadura argentina realizó a partir de 1976.

Bergo

Es curioso que los detractores del nuevo Papa, Jorge Bergoglio – Francisco I-, señalen que el ex Arzobispo de Buenos Aires haya sido un activista en contra de los derechos de los homosexuales, contra el aborto y el arte “blasfemo” de León Ferrari.

Cualquier alto miembro de la Iglesia se va a manifestar en contra de estos temas porque existe una doctrina que respetar, excepto que se pretenda realizar un cambio profundo.

En cambio, quienes lo apoyan ven que la elección del primer Papa jesuita y americano denota una apertura en la Iglesia sin precedentes desde el Concilio Vaticano II en la década del 60.

Además, destacan su sencillez, su perfil bajo y su compromiso en contra de la trata de personas y la esclavitud.

Lo más llamativo es que no tengan tanta difusión, quizás por ahora, las múltiples denuncias de colaboración con la dictadura argentina en la década del 70 y 80 en las que el Papa Bergoglio se vio envuelto.

¿UN PAPA ENTREGADOR?

No constan documentos que lo incriminen directamente, pero sí existen las declaraciones de cinco testigos que prestaron testimonio en 2010 sobre torturas y desapariciones.

Los que testificaron en contra de Bergoglio son una teóloga, un sacerdote, un ex sacerdote, un miembro de una comunidad laica que en 1976 denunció en el Vaticano la represión que se llevaba a cabo en la Argentina, y un sobreviviente de los campos de concertación de la dictadura, que fue secuestrado junto a dos sacerdotes.

Los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, que estaban subordinados a Bergoglio y que fueron detenidos durante cinco meses en 1976 y luego puestos en libertad, declararon contra el ex Arzobispo. Sus testimonios del secuestro y entrega por parte del nuevo Papa se encuentran en el expediente judicial de la causa.

De acuerdo con la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos estas fueron las declaraciones de Bergoglio como testigo en la causa de las desapariciones de sacerdotes:

“De pronto, ante una pregunta, el Cardenal Bergoglio reconoció que Yorio y Jalics, que estuvieron secuestrados en la ESMA entre mayo y octubre de 1976, le manifestaron que cuando fueron liberados había mucho más secuestrados en la ESMA. La pregunta de la querella no se hizo esperar “¿Y usted qué hizo? ” La respuesta fue patética “Le informé a mis superiores, al General de la Orden en Roma y al Arzobispado de la Ciudad”. La pregunta de la querella fue la lógica  “¿Y no hizo ninguna denuncia judicial?”  “No”  fue la respuesta del Cardenal.  “¿Y sus superiores, hicieron alguna denuncia?” inquirió la querella. “No sé”  fue la respuesta del jesuita. “Pero con la información que tenía, sabiendo que había secuestrados en  la ESMA ¿no hizo nada para intentar salvarlos”, insistió la querella.  “Informé a mis superiores” fue la lacónica respuesta de Jorge Bergolio.”

Si se da crédito a lo que publica esta asociación, Bergoglio no solamente se limitó a no actuar durante la dictadura – que puede ser para preservar su propia vida -, sino que una vez restablecida la democracia no realizó la denuncia.

MÁS ACUSACIONES

Además, el periodista Horacio Verbitsky publicó investigaciones que incriminan a Bergoglio directamente en la entrega de sacerdotes tercermundistas, de tendencia izquierdista durante los años más sangrientos de la historia argentina.

También, acusa al nuevo Papa de haber adulterado documentos eclesiásticos para publicarlos en un libro en el que destaca su labor en la Iglesia durante la dictadura.

La teóloga María Rubino, que declaró en la misma causa indicó que el entonces obispo de Morón, Miguel Raspanti, le dijo que Bergoglio realizó informes muy negativos sobre Yorio y Jalics y que personalmente le informó al actual Papa que no podía recibirlos en la diócesis por las referencias que publicó sobre ellos.

El mismo Raspante intentó proteger a Yorio y Jalics de la limpieza de sacerdotes librepensadores o los llamados “curas tercermundistas” que la dictadura hizo con la complicidad de los altos cargos de la Iglesia

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