Siria: ¿el final de la guerra está en marcha?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

La tragedia siria no parece detenerse, tras dos años de guerra y apoyos externos a uno y otro bando. Sin embargo, es posible que Estados Unidos y Rusia busquen una salida salomónica del conflicto basándose en las victorias militares del gobierno de Al Assad y en la influencia regional norteamericana, relegando de esta manera a Europa, Turquía y Arabia Saudita. A continuación, las claves de la trama.

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Existen informaciones contradictorias sobre lo que está sucediendo sobre el terreno y el juego diplomático internacional que va a decidir el futuro de la región. Una de ellas indica que es posible alcanzar un alto el fuego y establecer un rediseño de las estrategias de las potencias.

Pero, para analizar si es posible el fin del enfrentamiento, tomaremos hechos concretos para poder arribar a alguna conclusión desprovista de manipulaciones mediáticas.

¿QUÉ SUCEDE EN SIRIA?

El conflicto fue impuesto desde el exterior aprovechando los descontentos de la llamada Primavera Árabe por la suba de alimentos en 2011 y por una mayor apertura democrática.

Los manifestantes legítimos sirios fueron violentamente reprimidos por el gobierno de Bashar Al Assad. Inmediatamente, se puso en marcha una desestabilización del gobierno sirio por parte de Arabia Saudita, Qatar y Turquía, con el apoyo de Occidente.

La introducción de terroristas de Al Qaeda, muchos de los cuáles ya habían participado en Libia e Irak engrosaron las filas del Ejército Libre Sirio, la principal formación militar rebelde.

Los atentados por parte de la guerrilla Al Nusra recibieron una respuesta contundente y en muchos casos desproporcionada por parte del gobierno, que dejó decenas de miles de muertos y alrededor de un millón de desplazados.

La toma de la ciudad de Alepo por parte de los opositores al gobierno fue una jugada estratégica importante, pero el bloqueo militar de Al Assad, que cuenta con el apoyo político de Rusia y China y militar de Irán y la guerrilla libanesa Hezbollah mantiene el avance de los rebeldes en punto muerto.

Lo mismo sucedió con la ciudad de Raqa, en la que vive medio millón de habitantes.
LOS HIDROCARBUROS

Ante la imposibilidad de imponer una condena en la ONU, como sucediera con Libia, por las negativas de Moscú y Pekín, Occidente no tuvo otra opción que financiar veladamente a los rebeldes sin poder contar con un apoyo legal que le permitiera ingresar directamente en el terreno.

Francia, Gran Bretaña y Turquía se transformaron en activos agresores de Al Assad, cuando éste decidió cambiar el mapa geopolítico de la región.

Turquía se encuentra geográficamente privilegiada para el transporte de gas y petróleo hacia Europa, tanto de origen ruso, como las diversas alternativas que intenta la UE para saltearse el monopolio energético de Moscú.

Al Assad cambió los planes para construir un gasoducto que desembocase en territorio turco para luego dirigirse a Europa. Siria dejó a Turquía de lado y planeó un gasoducto con origen en Irán y que desemboque en el mediterráneo sirio.

POSIBLE DESENLACE

Ante el estancamiento de la guerra, ya que las victorias militares en su mayoría favorecen a Al Assad, pero el ahogamiento financiero internacional carcome a su gobierno económicamente, Estados Unidos y Rusia habrían pactado poner un fin a la guerra, desplazando a Francia, Gran Bretaña y Turquía, según denuncia el analista político francés, Thierry Meyssan.

Si a esto se le suma que Estados Unidos está al borde de recuperar su soberanía energética al explotar sus voluminosas reservas de gas de esquisto – un hidrocarburo en forma gaseosa que se encuentra debajo de las rocas de esquisto y que para extraerlo es necesario fracturarlas, lo que pondría en riesgo al medioambiente -, la dependencia norteamericana de la energía de Medio Oriente podría disminuir.

Además, el auge del yihadismo preocupa a Washington. Por ejemplo, el asesinato del embajador norteamericano en Libia fue un hecho evitable, que conmocionó a la opinión pública y cuestionó el apoyo que Estados Unidos le dio a las guerrillas conectadas con Al Qaeda en el país norafricano y en Siria.

De esta manera, Estados Unidos aceptaría el plan ruso de formar un gobierno de coalición, que incluya a los partidarios de Al Assad y a los rebeldes no islamistas.


¿ES PROBABLE UN GOBIERNO DE UNIDAD?

Como están las cosas actualmente, no. Pero, en la conferencia de Roma de los “Amigos de Siria”, a fines de febrero el grupo de países que apoyan a los rebeldes, habría sido un fracaso par los opositores, pese al anuncio del envío de material militar no letal.

Ese revés queda demostrado con la reunión que se iba a realizar a principios de marzo en Estambul que se aplazara por falta de consenso hasta la semana que viene. Es sabido que Washington presiona para que los opositores elijan a un nuevo líder moderado, quizás coincidiendo con la tesis de Meyssan, en la que Estados Unidos quiere organizar a los rebeldes para formar un gobierno conjunto con los militarmente victoriosos partidarios de Al Assad.

Sin embargo, existen (o existieron) sectores disidentes dentro de Estados Unidos, que no estuvieron de acuerdo con este plan.

Meyssan sostiene que ya han sido eliminados de la arena política y que son: los agentes implicados en la guerra secreta contra Siria, las unidades militares a cargo del enfrentamiento con Rusia, los defensores de los intereses de Israel.

Por eso, quedaron desplazados del nuevo gobierno de Obama: Hillary Clinton y el ex jefe de la CIA y general estrella David Petraeus, el ideólogo de la retirada de las fuerzas de Irak, pero que fue víctima de una trampa en la que salió a la luz una infidelidad que terminó con su carrera.

Asimismo, la embajadora ante la ONU Susan Rice, no reemplazó a Clinton en la Secretaría de Estado como estaba previsto, sino que el que asumió el cargo fue John Kerry, un presunto moderado que aparentemente dialogaría con Irán y estaría dispuesto a pactar con Rusia una salida salomónica de la guerra en Siria.

DESAFÍOS

Si este escenario llegara a ser posible, en primer lugar el opositor Consejo Nacional Sirio debería desprenderse de los islamistas alentados por Arabia Saudita y Qatar. Además, tendría que desandarse el camino sectario que tomó este enfrentamiento, dado que los opositores sunitas están enfrentados a los chiitas de Hezbollah y del gobierno sirio.

Por otro lado, habría que ver qué sucede con las potencias regionales relegadas, como Israel, Turquía, Arabia Saudita y Qatar y con las europeas que perderán influencia y que apuntan a un cambio de régimen, como París y Londres.

Israel es enemigo de Al Assad, pero un gobierno de fanáticos de Al Qaeda en su frontera, con armas químicas en su poder, no es un escenario deseable.

Es posible que el acuerdo ya esté en marcha, lo que pondría paulatinamente un fin al derramamiento de sangre. Sin embargo, habría que pregutarse qué llegará primero si el pacto y la pacificación o la quiebra económica del gobierno de Al Assad.

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