Paraguay: Lugo, los campesinos y los terratenientes

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el sitio Observador Global el 21/06/2012)

Detrás del trágico enfrentamiento entre campesinos y policías en Curuguaty se encuentra la verdadera cara de la sociedad paraguaya: desigualdad, inequidad en el reparto de tierras, crisis alimentaria, indigencia y desocupación. ¿Qué grado de responsabilidad tiene el presidente Lugo y los sectores que lo quieren desestabilizar? ¿Hubo una guerrilla infiltrada entre los campesinos?

Aunque sea confusa la información sobre el tiroteo entre supuestos campesinos y policías, que dejó al menos 17 muertos en Curuguaty, este hecho sangriento revela la situación de desigualdad y precariedad que vive desde hace más de 40 años el sector rural de Paraguay.

La enorme inequidad en la distribución de tierras, el monocultivo, la introducción de semillas transgénicas alentadas desde los monopolios internacionales de granos, la impunidad de la que gozan hacendados y políticos, el desplazamiento social de millones de personas y la malnutrición de una gran parte de la población son parte del mismo mal que aqueja a la sociedad paraguaya.

En Paraguay, el 2,5% de los productores agrarios posee el 85% de la tierra.

Fernando Lugo asumió la presidencia con la promesa de reformar el sector agrario, pero desde su primer día de trabajo fue boicoteado por el sector ruralista del Parlamento, por jueces que ordenan allanamientos de tierras ocupadas por terratenientes cómplices de la dictadura de Alfredo Stoessner y por su mismo vicepresidente, Federico Franco.

CRISIS ALIMENTARIA

Paraguay creció a tasas superiores a las chinas en 2010, un 14,5%, aunque, según la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, la indigencia subió del 19% al 20%.

En 2004, el gobierno del Partido Colorado anterior a Lugo legalizó una situación que ocurría de facto: la introducción de semillas transgénicas, que alcanzó un cultivo de unas 2 millones de hectáreas de soja, lo que equivale al 7% del total del territorio nacional, convirtiendo a Paraguay en el cuarto exportador mundial de esta leguminosa.

El deterioro alimentario se produce a raíz de que la producción intensiva de soja está desplazando, por falta de tierras, a los productores de ganado bovino, aunque las exportaciones de carne vacuna no han disminuido, porque se prioriza la venta al exterior antes que el consumo interno.

De esta manera, el paraguayo medio pasó a consumir de 70 kg de carne per cápita por año a 30 kg per cápita, de acuerdo con la abogada Milena Pereira Fukuoka, autora del libro El Estado y la garantía del derecho a la alimentación adecuada en Paraguay.

El avance de la soja transgénica amenaza, además, la producción de otros alimentos, que son típicos entre la población paraguaya.

Por otro lado, el campesino o pequeño productor rural se ve acorralado en la trampa de las semillas transgénicas, ya que la cosecha de los granos genéticamente modificados es mucho más abundante que la de los productos naturales.

Si el campesino no compra transgénicos pierde competitividad, pero a mediano plazo el negocio deja de ser rentable, dado que los productos modificados requieren de una nueva compra de semillas cada vez que se siembra, lo que obliga a los pequeños campesinos a solicitar créditos y así provocar un endeudamiento.

Además, el trabajo mecanizado expulsó mucha mano de obra del campo hacia los pobrísimos suburbios de las ciudades y en varios casos obligó a emigrar a millones de personas hacia otros países.

MEDIDAS DE LUGO

Para mitigar el monopolio ruralista, el gobierno de Lugo otorgó a comienzos de este año una canasta de alimentos a unas 210.000 familias que se encuentran en alerta nutricional por causa de la inequitativa distribución de tierras y riqueza.

Además, ya se aprobó un proyecto de producción, recuperación y comercialización de  semillas autóctonas, que permitirá a los pequeños productores obtener la protección estatal de los productos amenazados y que además les generará una renta extra por su comercialización.

CONTEXTO POLÍTICO

Hace dos años nació la Liga Nacional de Carperos, una facción de campesinos desencantados con las promesas incumplidas por parte del mandatario. Esta agrupación fue la que ocupó la finca del terrateniente, Blas Riquelme, ex senador del Partido Colorado, acusado de haberse beneficiado del reparto ilegal de tierras hecho durante la dictadura.

Aunque muchos sectores señalen a Lugo de abandonar su política social, no está claro si estas acusaciones no son otra maniobra de los terratenientes de intentar desestabilizar al presidente.

Pero al mismo tiempo varios testigos afirman que los campesinos, que no acostumbran a usar la violencia, tendieron una emboscada, lo que hace suponer que hubo infiltrados presuntamente de la supuesta guerrilla izquierdista EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo).

Lugo, aunque tenga las manos atadas, fue uno de los presidentes que más medidas tomó a favor del campesinado, aunque sean iniciativas provisorias que no atacan al problema de fondo.

Pero ahora, tras el nombramiento de Rubén Candia Amarilla, del Partido Colorado, como ministro del Interior es posible que la represión continúe, si es que lo que sucedió fue represión, ya que las versiones contradictorias y el espurio panorama político desestabilizador dispara diferentes versiones que tapan los verdaderos dramas sociales: la malnutrición y la crisis de reparto de tierras que atraviesa uno de los países más desiguales de América Latina.

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