Brasil: ¿imperialismo o líder regional natural?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el sitio Observador Global el 08/01/2012)

En los últimos años la creciente influencia política y económica brasileña en Latinoamérica produjo algunos roces con Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú. La expansión regional de Brasil presenta características de superioridad con respecto al resto de la región, pero también existen elementos integradores. ¿Cómo funciona el crecimiento de Brasil dentro de la región? ¿Se puede hablar de imperialismo brasileño?

El vacío político dejado por Estados Unidos en América Latina durante la última década permitió que Brasil ocupara su lugar de influencia en el continente.

Con mayor peso, las empresas brasileñas se expanden hacia todos los países latinoamericanos y del Caribe, llevando consigo un aumento del predominio económico y geopolítico.

Brasil utiliza al resto de América Latina no sólo como un espacio natural al cuál liderar, sino que también se basa en la región para lanzarse al crecimiento de su influencia mundial, lo que le permite formar parte de los principales países emergentes junto con Rusia, China e India y aspirar a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Cabe analizar si el crecimiento brasileño y su implicación en la política económica de la región puede denominarse imperialismo, hegemonía o una natural influencia que ejerce un país, cuyo territorio se ocupa casi la mitad de Latinoamérica y es la sexta economía del mundo, superando incluso a Gran Bretaña.

DE IMPERIO A POTENCIA COMERCIAL

Brasil nació como un imperio cuando la portuguesa Casa de Braganza se trasladó a su colonia americana al verse amenazada por los ejércitos napoleónicos.

Sin embargo, el comportamiento actual de Brasil dista de ser el de un imperio clásico del siglo XIX. Su política exterior es una mezcla de imperialismo económico ejercido por una potencia con importantes elementos integradores, algo que no existía cuando Gran Bretaña primero y Estados Unidos después lideraron la región.

Gracias a los créditos estatales, las empresas brasileras participan en importantes proyectos en diversos países latinoamericanos; la mayoría están relacionados con la energía que necesita la creciente industria.

El sector energético ha ido aumentando en Brasil desde hace una década. Las escasas reservas de petróleo lo llevaron a desarrollar junto con EE.UU. una política conjunta de biocombustibles para poder repartirse el mercado mundial. Asimismo, el descubrimiento de  importantísimos campos submarinos de hidrocarburos sumado a la expansión de Petrobrás en todo el continente impulsó a Brasil al lugar de potencia mundial energética y en el líder indiscutido de la región, que además influye directamente sobre las políticas energéticas de sus vecinos.

¿CÓMO SE PRODUCE LA EXPANSIÓN BRASILEÑA?

El financiamiento del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico Social (BNDES) es una pieza clave para que las empresas brasileñas puedan erigir importantes proyectos de infraestructura en Ecuador, Bolivia, Paraguay, Argentina y Perú.

El gobierno brasileño defiende a sus empresas ante alguna dificultad que pueda llegar a presentarse en otros países. De esta manera, la penetración económica se realiza a través de las compañías, mientras que la política acompaña el expansionismo de las inversiones en el exterior.

Los acuerdos de Brasil con los países de la región presentan características similares. Un proyecto económico en un país latinoamericano en el que participa una empresa brasileña es financiado por el BNDES

En general la deuda es contraída por la firma y el país en donde se realiza la obra. Pero, como el Estado no cuenta con los medios técnicos para desarrollar la obra debe recurrir a una empresa brasileña. El BNDES financia proyectos en los que estén involucradas compañías de Brasil.

DISCORDIA CON EL RESTO DE LA REGIÓN

La relación de Brasil con el resto de los países de América Latina es buena. Ambos se nutren de la expansión comercial brasileña, pero hay casos emblemáticos en los que el accionar del gigante sudamericano produce tensiones y evidencia una política hegemónica en la región.

La ruta que Brasil intentó construir en Bolivia y que iba a atravesar el Parque Natural TIPNIS trajo importantes conflictos internos en el gobierno de Evo Morales y los indígenas por la alteración del medioambiente.

Mediante esta carretera, que está en suspenso, Brasil va a incrementar su comercio con los países del Pacífico.

Un proyecto energético encarado por Brasil es la central hidroeléctrica de San Francisco, en Ecuador, que una vez finalizada va a aportar el 12 % de la energía consumida por este país.

El BNDES le realizó un préstamo a la empresa brasileña Odebretch para la construcción de la usina de San Francisco, cuya terminación se vio aplazada en 2008 cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa expulsó a la compañía acusándola de corrupta.

De acuerdo con el contrato, la deuda con el BNDES iba a ser reconocida por el Estado Ecuatoriano, pero Correa considera que ese compromiso es ilegítimo, ya que Odebretch no cumplió con la construcción de la central hidroeléctrica.

Asimismo, en Perú, el proyecto de Inambari es parte de un acuerdo binacional para construir seis plantas hidroeléctricas en la Amazonia peruana para generar energía para la industria brasileña, pero también desató manifestaciones de los pueblos originarios.

Con Paraguay se viene produciendo una relación asimétrica desde 1985 con la construcción de la segunda represa del mundo: Itaipú.

El acuerdo establecía que cada país iba utilizar la mitad de la energía generada por esta planta. Pero, sólo el 4 % de la producción es aprovechada por Paraguay, el resto debe ser vendida por Asunción a Brasil a precios muy inferiores a los de mercado.

Así, Paraguay paga la deuda con Brasil por la construcción de Itaipú, en la que el país guaraní no aportó dinero. Recién, en julio de 2011 el gobierno de Fernando Lugo logró renegociar con Brasil el contrato de Itaipú. Brasil triplicó el precio de la energía comprada a Paraguay y además Asunción puede vender una parte a otros países.

HACIA UNA MAYOR INFLUENCIA

Aunque los distintos gobiernos de Brasil lo nieguen y caractericen a la relación del gigante con el resto de la región como una leve influencia, poniendo distancia con respecto al imperialismo norteamericano, ese país va a seguir creciendo e interactuando con América Latina.

Pero, más que de una hegemonía brasileña debería hablarse de una expansión del capital privado, dado que la mayoría de las empresas transnacionales de Brasil son en su mayor parte privadas, con algunos componentes estatales.

El gobierno de Brasil está atado a las decisiones de la burguesía industrial de San Pablo y al lobby de los legisladores agrícolas en el Parlamento.

Se trata de un caso más en el que el Estado financia los grandes proyectos privados.

Pero, es innegable la expansión brasileña no sólo en la región sino en el mundo. Se convirtió en acreedor del FMI, aumentó su presencia en el Banco Mundial, privatizó más de un cuarto de la Amazonia en favor de los sectores agrícolas, ganaderos y madereros y además dispone de un submarino nuclear que protege las nuevas reservas de petróleo.

Además, lidera la misión militar en Haití, mantiene acuerdos comerciales con Francia, China, Irán, Israel, Palestina y Jordania, aporta biocombustibles al mundo y su influencia está creciendo en África, dado que el continente percibe a Brasil como un aliado sur-sur, en lugar de la relación desigual con Europa, EE.UU. y China.

Por todo eso, Brasil va a seguir expandiendo su influencia en América Latina, de varias maneras: natural, con características de potencia regional, aprovechando su superioridad y con proyectos integradores.

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