Narcopolítica: México ante el espejo colombiano

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el sitio Observador Global el 04/07/2010)

México celebra las elecciones regionales más convulsionadas de su historia reciente. El crimen del candidato a gobernador del estado de Tamaulipas, en el norte del país, motivó la discusión y análisis en torno a la intervención del narcotráfico en la escena política mexicana. Todos los analistas voltearon su cabeza hacia Colombia, donde la relación narcotráfico-poder político signó los destinos del país durante décadas. ¿Pero es acertada esta comparación? ¿Hasta dónde se asemejan y en qué puntos se distancian las realidades de ambos países? ¿Cuál es el rol de Estados Unidos? ¿Qué poderosos intereses pretenden crear en México una situación caótica similar a la que atravesó Colombia?


Depósito de dinero de narcotraficantes descubierto en México

Artículo original:
http://observadorglobal.com/narcopolitica-mexico-ante-el-espejo-colombiano-n8399.html

Las comparaciones que suelen hacerse entre procesos históricos y políticos que tienen elementos comunes en lugares o momentos diferentes tienden a simplificar los análisis de los hechos y por lo tanto se corre el riesgo de arribar a conclusiones erróneas que son fácilmente manipulables.

Desde la llegada del presidente mexicano Felipe Calderón al poder a fines de 2006, se escucha en los medios la frase “colombianización” de la política mexicana, entendiéndose este término como la toma de las instituciones políticas por parte de los cárteles de narcotraficantes, que tienen como destino principal a los consumidores estadounidenses.

Es cierto que desde la declaración de la guerra a los narcos por parte del gobierno mexicano se produjeron hasta ahora unos 23.000 muertos, mientras que no sólo los tres poderes del Estado están corrompidos, sino que además la policía, el ejército, gobernantes locales y funcionarios aduaneros de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos están implicados en el conflicto.

Estas premisas permitirían concluir que realmente es cierto que México se está “colombianizando”.

Pero, a pesar de estos datos, el proceso de simbiosis entre el narcotráfico y la clase política colombiana se fue desarrollando lentamente y en varias etapas, mientras que en México parece haberse dado de manera diferente y además repentina, lo que induce a suponer que estos procesos no están relacionados.

Ambas conclusiones tienen una gran base de realidad, pero ninguna es completamente cierta.

Diferencias entre la narcopolítica de Colmbia y México

El asesinato del candidato a gobernador del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, cometido el lunes pasado a pocos días de las elecciones, trae a la memoria la muerte del candidato presidencial colombiano, Luis Carlos Galán en 1989, llevada a cabo por el cártel de Medellín.

Antes de 2006, las muertes perpetradas por los cárteles mexicanos abarcaban solamente a policías antinarcóticos, pero luego comenzaron los asesinatos mafiosos de civiles y de políticos que no ingresaron en el circuito del narcotráfico o que colaboraban con bandas rivales.

A pesar de que en Colombia, la exportación masiva de drogas comenzó a mediados de la década del 70, la ola de violencia contra civiles se inició una década después.

En el México actual, como en Colombia a fines de la década del 80 y comienzos del 90, el vacío de poder y la falta de contención social de grandes masas de excluidos produjo que un poder mayor, el narcotráfico, reemplazara al Estado.

Mientras más avance la corrupción y el poder de los narcos, la democracia y las instituciones van a estar cada vez más resentidas, ya que por ejemplo en varios estados mexicanos las elecciones están supervisadas por los cárteles, que imponen a sus propios candidatos, tal como sucedió en Colombia.

Las similitudes entre ambos países son cada vez mayores, pero en Colombia el liderazgo del narcotráfico comenzó de manera diferente. La política estuvo implicada en su más alto nivel desde el principio, y no se combatió a los narcos firmemente hasta casi una década después, mientras que en México, desde la llegada de Calderón, se le declaró la guerra a los traficantes con la movilización de 45.000 soldados.

Calderón buscó con la persecución de los narcos legitimar su cuestionada victoria electoral por escaso margen frente a su rival de centro-izquierda Andrés Manuel López Obrador, y ganarse así el apoyo de la sociedad que lo cuestionaba.

Así, avivó el fuego y contribuyó a que se extendiera la narcopolítica, llegándose a descubrir nexos entre mafias y jueces, legisladores, alcaldes y gobernadores.

Tampoco es cierto que durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) no existieran los lazos entre políticos y mafias de la droga, ya que los cárteles de Juárez, Sinaloa y del Golfo operan desde hace varios años. Por entonces su poder no se había extendido tanto como ahora.

Otra diferencia importante entre ambos países es que en Colombia tanto las guerrillas de izquierda FARC y ELN como los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia utilizan el narcotráfico y el secuestro como método de financiamiento, esto en México por ahora está lejos de producirse.

Orígen de la narcopolítica en Colombia

La producción de marihuana a mediados de la década del 70 fue el comienzo del negocio ilícito que arruinó al desarrollo de la sociedad colombiana. Mediante la creación de la llamada “ventanilla siniestra” del Banco de la República por parte del presidente Alfonso López Michelsen (1974-1978) se captaban dólares de la exportación de cannabis y del contrabando de café sin cuestionar su origen.

Eso produjo una economía paralela dedicada a la producción de droga, que a fines de la década del 80 llegó a involucrar directamente a 500.000 personas.

Cuando el precio de la marihuana se derrumbó a fines de la década del 70 porque comenzó a cultivarse en Estados Unidos, los productores tuvieron que dedicarse masivamente a la cocaína y a la heroína, ya que además las sucesivas sequías afectarían también a la producción de café.

El Estado colombiano fue cómplice del lavado del dinero que derivó del boom de la coca en la década del 80, cuyo destino fue la inversión en clubes de fútbol, inmuebles y lujosos autos.

El cártel de Medellín comenzó a hacerse poderoso, al igual que su líder Pablo Escobar, que obtuvo en 1983 una banca como suplente en el Parlamento. Construyó viviendas y ayudó a los barrios más pobres, es decir que incursionó en terrenos en donde el Estado no llegaba.

A mediados de los 80, la producción de coca se transformó en la industria más poderosa del país. Pero, al mismo tiempo, guerrilleros y paramilitares comenzaban a extorsionar y a asesinar a campesinos y productores rurales para forzarlos a cooperar en el negocio o para que abandonasen sus tierras cultivables.

La violencia se disparó en 1990 con la llegada al poder del presidente César Gaviria, quien junto a su ministro de Defensa, Rafael Pardo fue acusado de pertenecer al cártel de Cali.

Más allá de la veracidad o no de las acusaciones, Gaviria entorpeció la extradición de narcos a Estados Unidos, tal como lo había solicitado Escobar.

Sin embargo, a fines de 1993, cuando ya terminaba el mandato de Gaviria, el asesinato de Escobar fue un golpe duro para el cártel de Medellín. Algunos analistas suponen que Gaviria entregó a Washington a Escobar a cambio del apoyo para convertirse en Secretario General de la ONU.

Luego, con la llegada de los siguientes presidentes, los asesinatos políticos se intensificaron y la narcopolítica avanzó por sobre la sociedad, hasta que la implementación del Plan Colombia promovido por Estados Unidos en 1999 llenó de esperanza al país.

Sin embargo, la política de Washington hacia Colombia no consiguió extirpar al narcotráfico del gobierno, sino que se basó en el poder corrupto para lograr una mayor intervención en el continente, llegando a su ápice durante el gobierno de Álvaro Uribe, de quien se dice que posee estrechas conexiones con el narcotráfico y los paramilitares.

Los efectos

Las fuerzas mexicanas que luchan contra la droga cuentan con la experiencia de los colombianos. Son conscientes de qué métodos utilizar y cuáles no. Pero, por otro lado, los narcos también tienen la experiencia de sus pares colombianos. De acuerdo con el gobierno de México, en los cárteles locales hay miembros de narcos colombianos que asesoran y participan de la venta de drogas a Estados Unidos.

En tanto, una similitud cada vez mayor entre ambos países, pero que en pocos medios se comenta, es el incremento del intervencionismo estadounidense en Bogotá y México. Primero fue el Plan Colombia y ahora el Plan Mérida, mucho más modesto, pero por el que México recibió 1.400 millones de dólares por parte de la Casa Blanca.

Mediante el Plan Mérida, el gobierno mexicano justifica asesinatos, militariza a la sociedad y permite la presencia de asesores norteamericanos expertos en narcotráfico y en inmigración ilegal. Al mismo tiempo, Washington evita condenar a la conservadora Asociación Nacional del Rifle norteamericana, que aporta el 90 % de las armas que se usan en México.

Por un lado, el gobierno combate a los narcos mediante sus propios recursos y el financiamiento y las armas estadounidenses, pero por otro en algunos estados el poder político se apoya en el negocio ilícito para comprar más armas y para sacar provecho propio.

Por ahora, este círculo vicioso no se puede comparar en magnitud con lo que sucedió y sucede en Colombia, pero no hay duda de que existen intereses poderosos que pretenden crear en México una situación caótica de similares características.

3 respuestas a Narcopolítica: México ante el espejo colombiano

  1. aspirinas dice:

    Che loco que onda con esta moneda incautada se la agarra la gorra????

  2. aspirinas dice:

    que el gobierno de esta narcoplata a la gente q no tiene q tiene q salir a robar para tener un plato de comida…

  3. joaquin dice:

    ese es el dinero q me quitaron pero no se preocupen no mas me quitaron la mitac

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