Rusia: El amo del gas

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el sitio Observador Global el 01/07/2010)

El Kremlin utiliza su tentacular red de gasoductos como arma de presión económica y política en su favor. La crisis de una Europa resignada y abatida lleva al viejo continente a aceptar las condiciones impuestas por el Este para asegurarse el suministro, aunque perjudique a los pequeños países intermediarios de Europa oriental. ¿Por qué es tan importante el rol de un país como Bielorrusia? ¿Cuáles son los intereses geopolíticos de Moscú a la hora de abrir y cerrar el grifo?


Artículo original:
http://observadorglobal.com/rusia-el-amo-del-gas-n8352.html

La amenaza de desabastecimiento de gas que resurgió la semana pasada en Europa no está relacionada con los anteriores cortes en el suministro sufridos por el viejo continente. Entre el lunes 21 y el jueves 24 de junio, Rusia limitó gradualmente el flujo de gas hacia Bielorrusia, país intermediario de los hidrocarburos que Moscú le vende a Europa, que son utilizados para sostener sus industrias y para uso doméstico.


Una independencia fallida

La Unión Europea (UE) intentó por todos los medios reducir la dependencia del monopolio ruso del gas desde la década del 90 hasta el año pasado. Las reservas del Mar del Norte son insuficientes, al igual que el suministro enviado desde Argelia, y el viejo continente debe seguir dependiendo en un 40 % del gas ruso.

Por eso desde 2007 Europa planeó la construcción de un gasoducto denominado Nabucco, que llevase el gas desde Irán, Irak y Azerbaiyán hacia Europa, atravesando Turquía y Europa oriental, y salteándose a Rusia.

Varias compañías multinacionales apoyaron a este conducto que nació muy cuestionado por su viabilidad y costo.

Por un lado, las empresas norteamericanas están impedidas de invertir en el gas iraní por el bloqueo de las Naciones Unidas. Asimismo, los ataques a los gasoductos iraquíes por parte de la insurgencia en ese país descarta por ahora que el Estado árabe se convierta en una posible fuente de hidrocarburos. Por último, los compromisos suscriptos por Azerbaiyán con Rusia limitan su capacidad de abastecer a Europa a través del Nabucco.

Al mismo tiempo, la UE y Estados Unidos provocaron en 2004 un cambio de gobierno en Ucrania, otro país intermediario del gas ruso que llega a Europa, para arrebatarle a Moscú un importante país de su área de influencia con el fin de continuar con su expansión hacia el este.

Rusia reaccionó mostrando su carta más poderosa, ya que incrementó el precio del gas a su antiguo aliado y además cortó en varias oportunidades el suministro, lo que provocó un desabastecimiento en el gas que recibe Europa en pleno invierno, provocando decenas de muertos y parálisis temporal de la producción.

Paralelamente, Moscú planeó la construcción de dos nuevas vías alternativas al Nabucco. Aunque su costo sea más elevado, la influencia geopolítica sobre la UE le proporciona una gran ventaja estratégica.


Cambio de rumbo

Por lo tanto, Europa tuvo que aceptar la opción rusa, e incluso fue más allá. Las compañías alemanas invirtieron en el desarrollo del gasoducto del norte (Nord stream), mientras que las italianas y francesas hicieron lo mismo con el conducto del sur (South stream). Estos dos gasoductos evitan transitar por los países conflictivos del este de Europa.

Asimismo, la UE marginó a Ucrania de la posibilidad de integrarse a Europa y a la OTAN y dejó de apoyar al líder pro europeo, lo que provocó su irremediable caída y la asunción de los sectores aliados a Rusia, a fines de 2009.

A simple vista, la UE está favoreciendo a Moscú incluso contra su propio proyecto Nabucco. Pero para la Europa en crisis es mucho más accesible dejar de lado a sus intermediarios de Europa oriental, que mantienen conflictos con Rusia, antes que continuar con el financiamiento del moribundo Nabucco.

En tanto, el cambio de gobierno de Ucrania a fines del año pasado, dejó a Bielorrusia sola contra Moscú. Precisamente, ese es el origen de la crisis de la semana pasada, que volvió a alertar a Europa ante la posibilidad de una nueva reducción en el abastecimiento de gas.

Cuando el ex presidente norteamericano George W. Bush, calificó de “última dictadura de Europa” al gobierno de Bielorrusia, encabezado por Alexander Lukashenko, éste se refugió en la madre Rusia, dado que en ese momento la política agresiva de la OTAN tendía a disputarle la influencia a Moscú en el este europeo.

Rusia apoyó a Lukashenko, pero cuando la UE cambió de postura y aceptó su dependencia del gas ruso, Moscú presionó al régimen bielorruso como lo hacía antes con su enemiga Ucrania.


Bielorrusia, una crisis doméstica

La limitación del suministro de gas desde Rusia hacia el oeste durante la semana pasada se produjo por el intento de Moscú de someter económicamente lo más posible a Bielorrusia, pero cuidando de no entorpecer el transporte de gas hacia Europa.

En primer lugar, el corte realizado por Moscú se efectuó en pleno verano europeo, con la excusa de una deuda pendiente por parte del gobierno de Lukashenko. Sin embargo, Rusia tiene una deuda mayor con Bielorrusia por el pago de regalías por transportar el gas a través de territorio bielorruso.

Al ver reducido su suministro, Lukashenko cerró los gasoductos que llevan gas a Europa, para implicar a la UE en su guerra del gas con Moscú.

Pero, el viernes pasado la crisis llegó a su fin cuando Lukashenko debió pedir un préstamo y cancelar la deuda con Rusia, mientras que Moscú sólo pagó una parte de sus obligaciones con Bielorrusia.

Desde que Rusia acordó con las compañías europeas la construcción de los gasoductos del norte y del sur, incrementó el costo del gas vendido a Bielorrusia de 150 a 185 dólares, por cada mil metros cúbicos.

El objetivo final de Rusia es ahogar a Bielorrusia para que integre junto con Kazajstán la unión aduanera y suscriba un tratado comercial, que debería entrar en vigencia el próximo jueves 1 de julio, bajo condiciones favorables a Moscú.

Por otra parte, Bielorrusia asiló en su país al antiguo presidente de Kirguistán, derrocado en abril con el apoyo tanto de Rusia como de Occidente.

Ante la complicidad de las grandes potencias, la dictadura de Lukashenko recurre a los enemigos externos para mantener el apoyo de su población y para aplastar a la disidencia.

La crisis en Europa y las estrategias elaboradas por Moscú y su tentacular red de gasoductos parecen fijar el rumbo de la cooperación mutua en el transporte de gas, un arma que Rusia siempre usa a su favor, y que la Europa resignada y económicamente abatida debe aceptar para asegurarse el suministro, aunque perjudique a los pequeños países intermediarios de Europa oriental.

La amenaza de desabastecimiento de gas que resurgió la semana pasada en Europa no está relacionada con los anteriores cortes en el suministro sufridos por el viejo continente. Entre el lunes 21 y el jueves 24 de junio, Rusia limitó gradualmente el flujo de gas hacia Bielorrusia, país intermediario de los hidrocarburos que Moscú le vende a Europa, que son utilizados para sostener sus industrias y para uso doméstico.
UNA INDEPENDENCIA FALLIDA
La Unión Europea (UE) intentó por todos los medios reducir la dependencia del monopolio ruso del gas desde la década del 90 hasta el año pasado. Las reservas del Mar del Norte son insuficientes, al igual que el suministro enviado desde Argelia, y el viejo continente debe seguir dependiendo en un 40 % del gas ruso.
Por eso desde 2007 Europa planeó la construcción de un gasoducto denominado Nabucco, que llevase el gas desde Irán, Irak y Azerbaiyán hacia Europa, atravesando Turquía y Europa oriental, y salteándose a Rusia.
Varias compañías multinacionales apoyaron a este conducto que nació muy cuestionado por su viabilidad y costo.
Por un lado, las empresas norteamericanas están impedidas de invertir en el gas iraní por el bloqueo de las Naciones Unidas. Asimismo, los ataques a los gasoductos iraquíes por parte de la insurgencia en ese país descarta por ahora que el Estado árabe se convierta en una posible fuente de hidrocarburos. Por último, los compromisos suscriptos por Azerbaiyán con Rusia limitan su capacidad de abastecer a Europa a través del Nabucco.
Al mismo tiempo, la UE y Estados Unidos provocaron en 2004 un cambio de gobierno en Ucrania, otro país intermediario del gas ruso que llega a Europa, para arrebatarle a Moscú un importante país de su área de influencia con el fin de continuar con su expansión hacia el este.
Rusia reaccionó mostrando su carta más poderosa, ya que incrementó el precio del gas a su antiguo aliado y además cortó en varias oportunidades el suministro, lo que provocó un desabastecimiento en el gas que recibe Europa en pleno invierno, provocando decenas de muertos y parálisis temporal de la producción.
Paralelamente, Moscú planeó la construcción de dos nuevas vías alternativas al Nabucco. Aunque su costo sea más elevado, la influencia geopolítica sobre la UE le proporciona una gran ventaja estratégica.
CAMBIO DE RUMBO
Por lo tanto, Europa tuvo que aceptar la opción rusa, e incluso fue más allá. Las compañías alemanas invirtieron en el desarrollo del gasoducto del norte (Nord stream), mientras que las italianas y francesas hicieron lo mismo con el conducto del sur (South stream). Estos dos gasoductos evitan transitar por los países conflictivos del este de Europa.
Asimismo, la UE marginó a Ucrania de la posibilidad de integrarse a Europa y a la OTAN y dejó de apoyar al líder pro europeo, lo que provocó su irremediable caída y la asunción de los sectores aliados a Rusia, a fines de 2009.
A simple vista, la UE está favoreciendo a Moscú incluso contra su propio proyecto Nabucco. Pero para la Europa en crisis es mucho más accesible dejar de lado a sus intermediarios de Europa oriental, que mantienen conflictos con Rusia, antes que continuar con el financiamiento del moribundo Nabucco.
En tanto, el cambio de gobierno de Ucrania a fines del año pasado, dejó a Bielorrusia sola contra Moscú. Precisamente, ese es el origen de la crisis de la semana pasada, que volvió a alertar a Europa ante la posibilidad de una nueva reducción en el abastecimiento de gas.
Cuando el ex presidente norteamericano George W. Bush, calificó de “última dictadura de Europa” al gobierno de Bielorrusia, encabezado por Alexander Lukashenko, éste se refugió en la madre Rusia, dado que en ese momento la política agresiva de la OTAN tendía a disputarle la influencia a Moscú en el este europeo.
Rusia apoyó a Lukashenko, pero cuando la UE cambió de postura y aceptó su dependencia del gas ruso, Moscú presionó al régimen bielorruso como lo hacía antes con su enemiga Ucrania.
BIELORRUSIA, UNA CRISIS DOMÉSTICA
La limitación del suministro de gas desde Rusia hacia el oeste durante la semana pasada se produjo por el intento de Moscú de someter económicamente lo más posible a Bielorrusia, pero cuidando de no entorpecer el transporte de gas hacia Europa.
En primer lugar, el corte realizado por Moscú se efectuó en pleno verano europeo, con la excusa de una deuda pendiente por parte del gobierno de Lukashenko. Sin embargo, Rusia tiene una deuda mayor con Bielorrusia por el pago de regalías por transportar el gas a través de territorio bielorruso.
Al ver reducido su suministro, Lukashenko cerró los gasoductos que llevan gas a Europa, para implicar a la UE en su guerra del gas con Moscú.
Pero, el viernes pasado la crisis llegó a su fin cuando Lukashenko debió pedir un préstamo y cancelar la deuda con Rusia, mientras que Moscú sólo pagó una parte de sus obligaciones con Bielorrusia.
Desde que Rusia acordó con las compañías europeas la construcción de los gasoductos del norte y del sur, incrementó el costo del gas vendido a Bielorrusia de 150 a 185 dólares, por cada mil metros cúbicos.
El objetivo final de Rusia es ahogar a Bielorrusia para que integre junto con Kazajstán la unión aduanera y suscriba un tratado comercial, que debería entrar en vigencia el próximo jueves 1 de julio, bajo condiciones favorables a Moscú.
Por otra parte, Bielorrusia asiló en su país al antiguo presidente de Kirguistán, derrocado en abril con el apoyo tanto de Rusia como de Occidente.
Ante la complicidad de las grandes potencias, la dictadura de Lukashenko recurre a los enemigos externos para mantener el apoyo de su población y para aplastar a la disidencia.
La crisis en Europa y las estrategias elaboradas por Moscú y su tentacular red de gasoductos parecen fijar el rumbo de la cooperación mutua en el transporte de gas, un arma que Rusia siempre usa a su favor, y que la Europa resignada y económicamente abatida debe aceptar para asegurarse el suministro, aunque perjudique a los pequeños países intermediarios de Europa oriental.

Una respuesta a Rusia: El amo del gas

  1. Estimado Maximiliano.
    Buen articulo, de especialista y divulgador notable. No obstante se gardecería un enfoque a medio y largo plazo del problema, y una mención a la situación en la que queda el interés estrategico occidental por Afganistan (y Asia Central mas en general) y el paso del Nabuco por sus territorios…
    Sigue bien.
    Mikel

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