¿Qué pasa en Kirguistán?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el sitio Observador Global el 15/06/2010)

Desde hace días la ex república soviética de Kirguistán está sumida en un espiral de violencia que obedece tanto a conflictos étnicos como a motivaciones políticas. Mientras la cifra de muertos y desplazados se eleva cada día, la ONU se muestra preocupada y Estados Unidos, Rusia y China mueven sus fichas. ¿Qué hay detrás del brote de violencia étnica surgido en Kirguistán? ¿Por qué este país de Asia Central es tan importante para las grandes potencias? ¿Quién gana y quién pierde en esta crisis?

Artículo original:
http://observadorglobal.com/que-pasa-en-kirguistan-n7992.html

El mes que viene se cumplen veinte años del cruento enfrentamiento que dejó centenares de muertos entre la comunidad uzbeca y kirguiza, en el sur de Kirguistán. Coincidiendo por muy poco con el trágico aniversario, desde el jueves pasado, la violencia resurgió entre ambas comunidades, lo que provocó al menos 171 muertos, más de 1.700 heridos y unos 100.000 desplazados.

El enfrentamiento, que tiene una clara base económica, no regresó dos décadas después, sino que existe ininterrumpidamente, dado que hay rivalidades entre los productores rurales más privilegiados -los kirguizos- y los que se consideran en desventaja -los uzbecos-.

En la fértil zona sur de Kirguistán se encuentra el valle de Fergana, que se extiende por Uzbekistán y Tayikistán. El trazado de las fronteras arbitrario y malicioso por parte de Stalin, produjo que alrededor del 15 % de la población de Kirguistán sea uzbeca, para que Moscú pudiese dominar la zona al diluir las identidades nacionales.

Sin embargo, desde 1990 no se producía un enfrentamiento tan sangriento entre ambas comunidades, como el que comenzó el 10 de junio pasado.

Un nuevo golpe de Estado

El origen de la actual violencia se puede situar a principios de abril, cuando el presidente de Kirguistán, Kurmanbek Bakiyev, fue derrocado por sectores de la oposición, apoyados por el ejército nacional, por Rusia y por una revuelta popular que no aceptaba la escandalosa corrupción y el autoritarismo, luego de cinco años de gobierno.

Tanto Estados Unidos como Rusia -que tienen bases en Kirguistán para controlar el transporte de hidrocarburos en la región de Asia Central hacia China, Pakistán e India- tuvieron injerencia en el golpe.

Washington cuenta con la base de Manás desde 2001, mediante la cual abastece a sus tropas en Afganistán desde que el paso de insumos bélicos a través de Pakistán se tornó altamente inseguro. Esta base es fundamental para Washington desde que el vecino Uzbekistán cerró otra base norteamericana en su territorio en el año 2005.

La importancia estratégica de Kirguistán también involucra a China, país con el que limita al este, ya que por el valle de Fergana incursionaron en los últimos años guerrillas islámicas entrenadas por los talibanes afganos para desestabilizar a los gobiernos pro rusos y pro norteamericanos de Asia Central y a la provincia occidental de China, rica en recursos y habitada mayoritariamente por musulmanes independentistas.

El mantenimiento del orden en Kirguistán es vital para las potencias. Sin embargo, cuando Bakiyev estableció un doble juego intolerable para Moscú y Washington, sobrevino inmediatamente su caída.

La estrategia de Bakiyev consistía en sacar el mayor provecho de los alquileres que Rusia y Estados Unidos pagaban por sus bases. Moscú, que mantiene una rivalidad con la Casa Blanca por los recursos de Asia Central, tentó al ex presidente con millonarios préstamos con la condición de que su gobierno finalizara el contrato militar con Washington.

Cada vez que esto sucedía, Bakiyev amenazaba a Estados Unidos, que llegó a aumentar el pago por la base de Manás de 17 a 60 millones de dólares al año.

El ex presidente abusó de su posición y aceptó el abultado crédito ruso, pero en lugar de desmantelar la base norteamericana, extendió el contrato sólo por un año más, molestando a las dos potencias, ya que dilató la clausura, pero anunció su cierre definitivo, decisión que irritó a Washington.

Cooperación estratégica

Desde marzo, Rusia y Estados Unidos mejoraron sus relaciones a través de varios hechos concretos. Mediante la renovación del tratado START acordaron la reducción del armamento nuclear.

Además, el presidente norteamericano Barack Obama dio marcha atrás con el polémico escudo antimisiles que se iba a instalar en Polonia y República Checa, al que Rusia se oponía.

En tanto, el 9 de mayo pasado, en el Día de la Victoria aliada contra el nazismo, por primera vez tropas de la OTAN desfilaron en la Plaza Rosa de Moscú.

Bakiyev, que había formado parte del ejército soviético en la década del 70, llegó al poder en 2005 por medio de una revuelta pacífica, similar a las de Georgia y Ucrania, denominada Revolución de los Tulipanes. Pero, el nuevo gobierno kirguizo no se volcó totalmente a favor de Washington, sino que al principio mantuvo relaciones cordiales tanto con Estados Unidos como con Rusia.

A pesar de que las potencias rivalizan por el control de Asia Central, Bakiyev era en sí un elemento desestabilizador de los intereses de los grandes países, principalmente por su doble juego y en consecuencia por el elevado costo que suponía mantener como aliado a Kirguistán.

Futuro del conflicto

Es probable que los seguidores de Bakiyev hayan reiniciado la violencia interétnica para debilitar al nuevo gobierno interino, que encabeza Roza Otunbayeva. No es casual que los enfrentamientos hayan sido originados en el sur del país, de donde Bakiyev es originario y también tiene el apoyo de la población rural.

Además, la violencia coincidió con una cumbre regional encabezada por Rusia y China y con la proximidad del referéndum del 27 de junio en el que tanto la presidenta como la nueva Constitución deberán ser ratificadas.

Asimismo, con el correr de los días la situación se torna más inestable. Alrededor de cien mil uzbecos escaparon a Uzbekistán, luego de la violencia. En medio de este clima es imposible que se puedan normalizar las instituciones.

La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que lidera Rusia y que agrupa a varias ex repúblicas soviéticas, podría enviar tropas para estabilizar la situación y apuntalar al nuevo gobierno.

Tanto Rusia como Estados Unidos  y China van a restablecer el orden y van a sostener a la nueva presidenta. Seguramente, Moscú y Washington logren extender la concesión de sus respectivas bases porque los intereses regionales están por encima del apoyo que Bakiyev pueda tener entre la comunidad kirguiza del valle de Fergana.

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