Una Guerra Fría que se juega en terreno caliente

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 12/04/2010)

La firma del nuevo acuerdo de armas nucleares suscripto la semana pasada por el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y su par norteamericano, Barak Obama, permite reducir el volumen del arsenal de ambas potencias, poniendo un límite al peor resabio de la Guerra Fría.
Sin embargo, al mismo tiempo en la república centroasiática de Kirguizistán se estaba produciendo un sangriento golpe de Estado, que pone en duda que el enfrentamiento que protagonizaron Washington y Moscú, durante la segunda mitad del siglo pasado, se esté diluyendo.


La oposición tomó el poder en Kirguizistán

La región de Asia Central es estratégicamente importante para las potencias que proveen y se abastecen de gas y petróleo, como Rusia, China y los EE.UU. Con la excusa de la lucha contra el extremismo islámico, Moscú y Washington mantienen bases militares, con las que controlan el centro de Asia.

El dominio de la zona permite planificar y vigilar los trazados de oleoductos y gasoductos de un extremo al otro del continente euroasiático.

Si bien es cierto que hace una década Kirguizistán, como otros países vecinos, ha sufrido ataques por parte de guerrillas extremistas entrenadas por los talibanes afganos, aquéllas no presentan una amenaza a los gobiernos de la región, que en su mayoría son aliados de Rusia.

Base de EE.UU.

La instalación militar de Manás, cuenta con 35 mil soldados norteamericanos y abastece a las tropas que luchan contra los talibanes reorganizados en la guerra de Afganistán. Esta contienda se convirtió en la prioridad de la administración Obama, ya que de su éxito depende gran parte del futuro aprovisionamiento de hidrocarburos por parte de Washington.

Esta base es fundamental para enviar suministros a los soldados en Afganistán, ya que Uzbekistán, ordenó en 2005 el cierre de otra base norteamericana y además el paso de armas y vehículos a través de la frontera pakistaní se ha tornado altamente inseguro.

En varias oportunidades, durante el gobierno del presidente derrocado, Kurmanbek Bakiyev, la base de Manás estuvo en peligro. Cada vez que Rusia presionaba con incentivos económicos al empobrecido Kirguizistán para que a cambio el gobierno ordenara el cierre de la base, Washington mejoraba su oferta de alquiler y Manás ha seguido en pie hasta hoy desde 2001.

El año pasado Rusia le otorgó a Bakiyev un crédito por 2 mil millones de dólares, pero los EE.UU. triplicaron el alquiler de Manás y también concedieron una ayuda millonaria.

De acuerdo con la agencia Reuters, un alto funcionario ruso acusó el mes pasado al gobierno de Kirguizistán de no cumplir con su promesa del cierre, y le habría aconsejado al nuevo gobierno que solamente debería haber una base en ese país, la rusa.

¿Guerra civil?

El trazado de las fronteras de este país, que perteneció a la Unión Soviética, fue hecho maliciosamente por el gobierno de Stalin, con el objetivo de mezclar etnias para poder controlar la región. Al norte se concentra la gran colectividad rusa y al sur predominan los kirguices y uzbekos.

A comienzos de la década del 90, se produjo una guerra civil entre estos grupos, y aun las heridas no han cerrado.

A pesar de los 81 muertos que dejó la revuelta de la semana pasada y del llamado a la desobediencia al nuevo gobierno por parte de Bakiyev, la calma parece haber regresado a Kirguizistán.

Bakiyev es oriundo del sur. En tanto, la rebelión de la semana pasada se originó en el norte pro ruso. Estos son algunos indicios de que Moscú tiene relación con el golpe.

Asimismo, Rusia envió soldados para proteger a la minoría rusa.

El malestar de Rusia con el gobierno de Bakiyev pareció haber llegado a su límite en marzo cuando el general norteamericano David Petraeus, jefe del Comando Central para Oriente Medio, Irak y Afganistán, se reunió con el ex presidente kirguiz para anunciar la creación de un centro antiterrorista en el país.

Moscú aprovechó en su favor el descontento de la población, por la corrupción y autoritarismo de Bakiyev y apoyó la revuelta.

Sin embargo, es improbable que se reactive la guerra interétnica, ya que la nueva presidenta interina, Roza Otumbaeva, tiene el país bajo su control, ya que cuenta con el sostén del ejército y con el apoyo explícito del primer ministro ruso Vladimir Putin.

Pero, el aval más curioso es el de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa), un organismo que se encarga de observar la transparencia en las elecciones en Europa y Asia y que ha denunciado la falta de democracia de los gobiernos de Asia Central.

Finalmente, Washington tuvo que reconocer al nuevo gobierno. Su máximo temor es la posible pérdida de Manás, para ello deberá negociar con los golpistas, como ha hecho con varias dictaduras centroasiáticas.

En tanto, la nueva Guerra Fría está atravesando un capítulo más, que se suma al avance de la OTAN hacia el este, las revoluciones en Georgia y Ucrania, el escudo antimisiles en Europa Oriental y la influencia militar de Moscú en países ex soviéticos aliados de Washington.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: