La crisis política inmoviliza al gobierno paraguayo

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 2/11/2009)

La convivencia pacífica entre los diversos sectores políticos que coexisten en Paraguay corre el riesgo de quebrarse definitivamente, debido a que entró en una fase de enfrentamientos de los cuáles es muy difícil retornar. El principal afectado es el presidente Fernando Lugo, que desde que asumió el poder en agosto del año pasado ha tenido la difícil tarea de evitar que la artificial coalición partidaria que lo llevó a la presidencia no se desmembrara.

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Los dos partidos más importantes de la oposición, el Colorado – que gobernó durante seis décadas ininterrumpidamente -, y la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos – encabezada por el ex general Lino Oviedo -, obstaculizan todas las medidas sociales que Lugo intenta implementar.

Sin embargo, el presidente debe protegerse más de sus partidarios que de los opositores.

Guerra interna

La Alianza Patriótica para el Cambio (APC), encabezada por el ex obispo Lugo, consiguió en 2008 remover del poder al Partido Colorado. El principal problema de la APC no es solamente la heterogeneidad de fuerzas que la componen – Partido Liberal Radical Auténtico y sectores campesinos y de izquierda -, sino los efectos que está produciendo la lucha que se ha desatado dentro del propio partido, que está dividido en cuatro movimientos.

Un pequeño sector del Partido Liberal apoya a Lugo, mientras que un importante grupo de senadores se manifestó fuera de alianza, pero dentro del gobierno. Pero el sector más poderoso, que predica la destitución de Lugo a cualquier precio es el que está encabezado por el vicepresidente Federico Franco.

El cuarto grupo está conformado las organizaciones de pequeños campesinos, movimientos sin tierra y partidos de izquierda, aunque algunos comienzan a desencantarse del presidente por la inmovilidad a la que está sometido por las trabas de sus mismos legisladores.

Lugo necesita a los parlamentarios del bloque de la APC, ya que éstos conforman el 82 % de los senadores que lo apoyaron el año pasado. Sin ellos, el gobierno estaría a merced de los sectores elitistas y corporativistas colorados y partidarios de Oviedo.

El vicepresidente impulsó en varias oportunidades el juicio político a Lugo. En primer lugar, por el escándalo de su múltiple paternidad. El mes pasado, volvió a solicitar la destitución del presidente para llevarlo a la justicia por su supuesta pasividad con respecto al secuestro del ganadero Fidel Zabala por parte de campesinos sin tierra, el pasado día 15 de octubre.

Los movimientos sociales y campesinos tomaron tierras para obligar a los terratenientes a que accedan a la redistribución de la riqueza. Paraguay es uno de los países más desiguales del continente. El 1,7 % de la población concentra más del 77 % de las tierras fértiles.

La impaciencia de los sectores de izquierda se está agotando al presenciar la batalla por el poder dentro del mismo APC, que entorpecen las múltiples promesas de cambio hechas por Lugo durante la campaña.

El futuro del gobierno

A pesar de la fuerte oposición de las elites, Lugo logró una importante reforma de la salud, otorgando la atención gratuita en los hospitales públicos a los habitantes de bajos recursos. Además, se enfrentó con la corrupción del Poder Judicial al vetar la designación como ministro de la Corte Suprema, a un juez que está acusado de violaciones a los Derechos Humanos.

Pero, la batalla internacional más difícil fue el logro de que el ejecutivo brasileño firmara un acuerdo más beneficioso para Paraguay con respecto a la energía producida por la central hidroeléctrica de Itaipú.

Sin embargo, la reforma tributaria no se pudo completar por los obstáculos de los partidarios de la APC en el Congreso. En tanto, la imposibilidad de implementar la reforma agraria provoca que se incremente la violencia por parte de los movimientos sin tierra y de los terratenientes, que están organizando grupos armados privados para repeler la toma por la fuerza de sus fincas.

Para calmar este clima de creciente violencia política, los tres poderes del Estado sugirieron suscribir un “pacto democrático”. Sin embargo, Lugo se negó a firmarlo porque solamente estaban incluidos los partidos tradicionales y se dejaban de lado las agrupaciones sociales, que son la base fundamental en la que se apoya el presidente.

Cuando la oposición accedió a modificar este punto, varios legisladores de la APC y colorados suspendieron la reunión con Lugo del viernes pasado, por lo tanto la última esperanza de detener el enfrentamiento entre distintos sectores se ha desvanecido.

El gobierno de Lugo tiene un largo camino hasta el 2013, año en que finaliza su mandato.

Los sectores más duros dentro de la APC, que lidera el vicepresidente Franco pueden llegar a adueñarse del poder si sus maniobras prosperan. Pero, también existe el peligro de que los partidarios de Oviedo o los colorados reagrupados luego de su catastrófica derrota electoral, aprovechen las aguerridas internas de la APC para volver al gobierno, en detrimento de la democracia.

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