¿Hasta dónde llega la alianza entre EE.UU. Y Brasil?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 05/10/2009)

El crecimiento brasileño le garantiza tanto a Washington como a Brasilia que sean socios estratégicos, pero existen varios factores discordantes que pueden llegar a afectar la relación y que los sitúa en terrenos geopolíticos opuestos.

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La llegada de Lula a la presidencia de Brasil despertó cierta desconfianza entre los sectores más duros del gobierno conservador estadounidense encabezado en ese momento por George Bush. El pasado obrero del mandatario latinoamericano al frente del país más importante de la región, alertó sobre la expansión de la izquierda en el continente.

Sin embargo, la posición moderada del gobierno brasileño tranquilizó a Washington, que dejó a cargo de Brasilia la contención del avance del chavismo en América Latina, para que los EE.UU. pudiesen concentrarse en las guerras de Medio Oriente.

Durante la era Bush, la injerencia norteamericana en América Latina se limitaba solamente a temas migratorios, de narcotráfico y a la alianza militar con Colombia. Este hueco dejado por Washington fue bien aprovechado por Brasil, que ya se encontraba consolidado dentro del Mercosur y que además fue uno de los impulsores de organismos de integración regional, como la UNASUR.

El fracaso del ALCA se debió en parte a la fuerte oposición de la burguesía brasileña, que ya se veía perjudicada en varios aspectos del comercio bilateral con los EE.UU.

Concordancias

A pesar de estas situaciones adversas, Washington dejó el continente en manos de Lula. El ritmo de crecimiento del 5 % anual de promedio desde la crisis de 1999, le daba a Brasil el status de país económicamente sólido.

Por otro lado, Brasil mantiene muy buenas relaciones con todos los países de la región, e incluso medió en varios conflictos, como por ejemplo entre Colombia, Ecuador y Venezuela.

El descubrimiento de importantísimos yacimientos de gas y petróleo en la costa brasileña, va a transformar a Brasil de país importador en uno de los principales productores de mundiales de energía. Desde la década del 70 Brasil ha desarrollado una importante industria de biocombustibles para suplir la falta de petróleo.

Precisamente este es uno de los puntos que lo acercan a los EE.UU., ya que entre los dos países producen el 70 % del etanol mundial y por ende fijan las reglas de cómo debe ser su producción y comercialización.

El encuentro entre Lula y Bush en marzo de 2007 fijó las posiciones comunes y ya se vislumbraba a un Brasil poderoso jugando en el terreno de los grandes. La alianza militar con Francia le proporcionó el apoyo fundamental para aspirar a ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Los recientes acuerdos suscriptos con el gobierno de Obama le garantizan a Brasil un mercado seguro para su producción de petróleo, que se va a intensificar en la década siguiente. Washington busca depender lo menos posible del petróleo venezolano.

Discrepancias

El crecimiento brasileño le garantiza tanto a Washington como a Brasilia que sean socios estratégicos, pero existen varios factores discordantes que pueden llegar a afectar la relación y que los sitúa en terrenos geopolíticos opuestos.

La instalación de bases norteamericanas en Colombia fue enérgicamente rechazada por el gobierno de Lula. Asimismo, la diferencia con respecto al golpe en Honduras, deja en claro la postura democrática de Brasil, al alojar en su embajada al depuesto presidente Zelaya, y revela la complicidad silenciosa de Washington para con los golpistas.

La reactivación de la IV Flota estadounidense alertó al gobierno de Lula, aunque Washington asegure que estos buques no tienen capacidad de intervención militar.

A pesar de las buenas relaciones comerciales, la crisis económica mundial produjo que las exportaciones brasileñas hacia los EE.UU. hayan caído un 30%, de esta manera China se sitúa en el principal destino de los productos de Brasil.

Los artículos primarios que Washington le compra a Brasil, como el algodón, el azúcar y la carne, están subsidiados en los EE.UU. Esta medida viola los acuerdos de la OMC, que autorizó a Brasil a aplicar represalias con algunas importaciones norteamericanas.

El Congreso brasileño está debatiendo sobre qué clase de castigo le va a aplicar a los productos procedentes de los EE.UU. Quizás, podría boicotear a la industria farmacéutica norteamericana, que compite con la elaboración de medicamentos brasileños.

Pero, la medida no debe ser exagerada, ya que los EE.UU. eximen a algunos productos de Brasil de pagar impuestos, ya que son considerados provenientes de un país en vías de desarrollo. Washington puede argumentar que Brasil establece un doble juego: por un lado se presenta como candidato natural para liderar el G-20 y por el otro se exhibe como país subdesarrollado.

Por ahora, hasta que finalice la crisis, no es factible que los EE.UU. reduzcan los subsidios a sus productos agrícolas.

Brasil sigue siendo fundamental para los intereses norteamericanos en la región, tanto económicos, como políticos, ya que el ansiado acercamiento de los EE.UU. hacia América Latina no se ha producido como se esperaba. La crisis en Honduras, la injerencia militar en Colombia y la continuación del bloqueo a Cuba demuestra que la era Obama, por ahora, no constituye un cambio para la región.

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