Los desafíos de Suecia en la presidencia de la UE

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 6/07/2009)

Pocas veces un cambio de presidencia en la Unión Europea (UE) ha suscitado tantas expectativas como la conducción de Suecia, que asumió este rol por seis meses, la semana pasada.
Luego de una turbulenta presidencia checa, cuyo primer ministro fue destituido a mitad de su mandato y además su escepticismo hacia la UE provocaba desconfianzas en el resto de los países comunitarios, Suecia se presenta como la gran esperanza económica ante la crisis internacional.

suecia
Logo de la nueva presidencia europea de Suecia

Muchos optimistas ven en el modelo del Estado de bienestar sueco, implementado desde 1930, con tasas elevadas, pero con una contención social sólida, un ejemplo para toda Europa, que actuaría por contagio o con efectivas medidas que Estocolmo podría aplicar.

Desafíos

Más allá de la crisis económica, el desempleo y la caída en el PBI de la UE, lo que espera el resto de los países europeos de la presidencia sueca es que impulse la calidad institucional, que se encuentra en su depresión más profunda, luego de las elecciones parlamentarias, en las que la participación fue la más baja de la historia comunitaria.

Para destrabar la aprobación de un texto constitucional, que fue rechazado en 2005 por los votantes franceses y holandeses mediante elecciones generales, Suecia tiene el deber de que la población de Irlanda apruebe el Tratado de Lisboa con más del 50 por ciento en un referéndum en octubre. Una vez que Irlanda lo ratifique, los presidentes de Polonia y la República Checa anunciaron que también lo van a suscribir.

De esta manera, la UE podrá alcanzar la personalidad jurídica que se requiere para la firma de acuerdos internacionales en bloque.

A diferencia de los EE.UU. y de China, la UE tiene como objetivo reducir las emisiones de dióxido de carbono a la mitad para el año 2050.  De esta manera, la temperatura del planeta bajaría dos grados.

La cumbre climática de Copenhague se va a celebrar durante este semestre. La UE al mando de Suecia debe demostrar que sus intenciones en el cuidado del medioambiente son serias y además que los Veintisiete siguen siendo un ejemplo en esta materia.

Además, el próximo 14 de julio tendrá que moderar el debate sobre la reelección del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. El derechista Partido Popular Europeo apoya un segundo mandato de Barroso, en cambio los socialistas y los verdes bloquean su reelección.

Por otro lado, Suecia tendrá que administrar con cuidado cómo conduce la relación con Irán para el futuro, luego de la detención de nueve empleados iraníes en la embajada británica. El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, se muestra más cauto que sus antecesores, ya que asegura que la intromisión externa, en apoyo de los manifestantes antigubernamentales sería contraproducente. Esto podría producir que el país persa tomara sus propias resoluciones con respecto a su programa nuclear y además provocaría un quiebre en la cooperación con Irak y Afganistán.

El invierno europeo va a encontrar a Suecia al final de su presidencia. Nuevamente, está latente la posibilidad de una ruptura en las relaciones entre Ucrania y Rusia por el suministro de gas. En años anteriores, la fricción entre estos dos países produjo un desabastecimiento de hidrocarburos en Europa, por el cuál murieron decenas de personas congeladas, mientras que varias industrias se vieron paralizadas por falta de combustible.

Otras cuestiones que deberá atender Suecia es incorporación de Islandia a la UE y prestar atención a las postergadas solicitudes de ingreso de Croacia y Turquía.

Confianza extrema

Ante el aumento del desempleo, los analistas depositan su confianza en Suecia por su histórico sistema social sólido y redistributivo. Por otra parte, la comparación con la insulsa presidencia checa, sitúa a cualquier candidato en una posición privilegiada.

Sin embargo, el modelo de bienestar sueco comenzó a ser desmantelado con la llegada al poder del partido de centro derecha, Alianza por Suecia, que redujo los impuestos, pero le quitó el apoyo a la red social de contención de desocupados.

Además, no solamente seis meses es poco tiempo para reestructurar a la UE, sino que el país que la preside tiene como trabajo solamente buscar consensos o gestionar la agenda de reuniones. El presidente de la UE no conduce, sino que administra los asuntos del día.

Con los suecos al frente, la UE va a cambiar de cara. Podrá devolver la confianza en las instituciones que los ciudadanos perdieron en los últimos años, pero los que busquen un giro radical en la administración de la economía sufrirán una gran desilusión.

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