Somalía: El malicioso argumento contra la piratería

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario el sitio Observador Global el 27/04/2009)

Atacar la consecuencia y no la causa es la decisión unánime que tomó la ONU el jueves pasado en Bruselas durante la Conferencia de Donantes de Somalía. Suele suceder que en diversos ámbitos, como por ejemplo en el combate contra el narcotráfico y la inseguridad urbana, el poder político adopta las medidas más simples y menos costosas para intentar erradicar estos males. En lugar de crear programas de prevención se recurre a la represión, que en la mayoría de los casos acrecienta la espiral de violencia y no soluciona el problema de fondo.

Eso es exactamente lo que sucedió en la Conferencia de Bruselas en donde se recaudaron US$ 213 millones que van a ser destinados al endeble gobierno provisional de Somalía para que dote al ejército de insumos para combatir a los piratas por tierra, algo que las potencias no están dispuestas a realizar, por lo arriesgada que supone esta misión.

Crece la amenaza

La importancia de las costas somalíes es tal que la OTAN, la UE y China ya han enviado fuerzas para que combatan a los ladrones de los mares, debido a que por esa zona transita el 20 % de la producción petrolera mundial y gran parte de los barcos mercantiles que mantienen el funcionamiento del comercio internacional.

Las cifras de ataques de piratas se duplicaron en el primer trimestre de 2009. De 102 ataques piratas de importancia en todo el mundo, 61 corresponden a las costas de Somalía.

Lo absurdo del resurgimiento de los corsarios modernos llevó a la marina de los EE.UU. a capturar a un pirata para que sea juzgado en Nueva York. Este tipo de juicios no se llevaban a cabo desde fines del siglo XIX. Aparentemente, el pirata arrestado tiene 16 años, pero como carece de documentación, el gobierno estadounidense insiste en que es mayor de edad y puede ser enjuiciado legalmente.

¿Por qué Somalía?

Los piratas actuales somalíes son bastante heterogéneos. Los hay organizados en empresas piratas y además están los que actúan en solitario, y que para subsistir acuden al robo. Existen los más violentos, que toman rehenes y los simples ladrones que sólo arrebatan lo necesario y abandonan el barco asaltado sin producir heridos.

Las potencias ponen el ojo en la piratería porque están perdiendo los privilegios que obtenían desde que Somalía cayó en la anarquía en 1991. El robo del marisco y el atún, sus principales riquezas, son saqueadas sin ningún control gubernamental porque Somalía no tiene un Estado centralizado que ejerza su influencia más allá de Baidoa, la capital provisional.

El desecho de residuos químicos y nucleares por parte de empresas privadas internacionales se pudo descubrir durante el tsunami de 2004 que los arrastró hasta las costas del norte. En un informe de la cadena árabe Al Jazeera emitido el 11 de octubre pasado, el enviado de la ONU a Somalía denunció que aumentaron los casos de enfermedades por la contaminación.

Varios de los grupos que son considerados piratas por las potencias han organizado patrullas de los mares que atacan y disuaden a los barcos que vierten residuos tóxicos y que pescan ilegalmente.

Por supuesto que nada justifica la toma de rehenes y mucho menos la apropiación del Programa Mundial de Alimentos enviado por la ONU, en un país corroído por el hambre, la guerra y la desnutrición infantil. Pero, el malicioso argumento de las potencias consiste en rotular de piratas a todos los que atacan buques en los mares.

Caos interno

Desde 1991 Somalía se ha enfrentado a una guerra civil entre líderes de clanes sin lograr la conformación de un gobierno hasta 2006, año en que guerrillas islámicas asociadas con Al Qaeda se hicieran con el control de casi todo el país. La invasión de Etiopía y los bombardeos de los aviones norteamericanos derrotaron parcialmente a los religiosos.

Durante la época que el país estaba controlado por las guerrillas islámicas, los piratas fueron disuadidos por la represión del gobierno y por la mejora de la calidad de vida de los pescadores. Sin embargo, con el bombardeo estadounidense, los piratas volvieron al saqueo, puesto que la guerra interna continuó.

El resurgimiento de los ataques piratas lleva al gobierno de los EE.UU. a cambiar de estrategia. Washington ya no se expone a una invasión por tierra, como ocurrió sin éxito en 1993, sino que utiliza a Etiopía y a la fuerzas de la Unión Africana para poner fin a la guerra civil.

Por un lado, las potencias condenan el robo en los ricos mares de Somalía, sin embargo, no existen sanciones contra las empresas pesqueras privadas o estatales que saquean el Golfo de Adén.

La recaudación de dinero producida el jueves en Bruselas no va a solucionar el problema, ya que está destinada a atacar a los piratas por tierra y no al desarrollo de la población hambrienta, la cuál demostró que en mejores condiciones sociales los asaltos en los mares disminuyeran considerablemente.

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