Soplan vientos huracanados desde Europa del Este

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 23/02/2009)

Las luces de alerta alcanzaron este fin de semana su máximo brillo en la Unión Europea al poder comprobarse que los nuevos miembros orientales del bloque no van a poder hacer frente a la crisis económica mundial, lo que arrastraría a países fuertemente ligados con los países del este, tales como Austria, Alemania e Italia.

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Lo que antes era un terreno fértil para las inversiones europeas occidentales, hoy se transforma en un escenario peligroso, debido a que la insolvencia de varios de los bancos y empresas alemanas, austriacas, suecas e italianas que operan en el este deben recurrir a sus casas matrices para cumplir con sus deudas.

El panorama es desalentador, ya que se prevén 3,5 millones de despidos para este año en la UE, pero los países orientales que no adoptaron el Euro como moneda se van a ver más afectados. Entre ellos Polonia, Rumania y Hungría, y los no comunitarios Croacia, Ucrania y Serbia.

La disyuntiva que se plantea en los países más fuertes de Europa consiste en profundizar sus medidas proteccionistas estimulando con créditos a sus empresas en la parte occidental, soltándole la mano a las filiales en el este, o bien, proporcionar fondos a las sucursales orientales de sus propias compañías y con préstamos a los Estados más débiles.

En el primer caso, los despidos masivos en Europa Oriental acelerarían la quiebra de los bancos, empresas y Estados nacionales. Además existe la posibilidad de que la recesión alcance a los países centrales por haber desarrollado una fuerte inversión en el este. El caso de Austria es el más complicado, ya que el 90 % del capital extranjero invertido en el este procede de Viena.

Europa está dividida con respecto a qué medida se debe tomar para detener la caída de las economías. Francia es partidaria de las medidas fuertemente proteccionistas dejando de lado a los nuevos miembros. En cambio Austria y Alemania sostienen que la solución consiste en auxiliar a los Estados orientales para que no se vean afectadas sus propias economías. Estas posiciones antagónicas van a ser debatidas en la próxima cumbre de la UE del 1 de marzo.

¿Crisis provocada o mera ignorancia?

En una nota publicada el miércoles pasado en el diario económico inglés Financial Times, analistas de la entidad financiera Morgan Stanley aseguraron que la depresión de Europa Oriental puede llegar a ser similar a la de los Tigres Asiáticos de hace una década.

Morgan Stanley fue una de las calificadoras de riesgo de inversiones que más responsabilidad tuvo en que la crisis asiática se profundizara hasta niveles sin precedentes.

La quiebra de las finanzas de los mercados emergentes y globalizados del extremo oriente empezó con el rumor de que Tailandia no disponía de reservas suficientes en dólares para respaldar su moneda. Inmediatamente, los operadores bursátiles que hasta ese momento aconsejaban invertir en esa privilegiada zona del mundo, comenzaron a promover una masiva fuga de capitales en Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas y hasta en Corea del Sur, la undécima economía mundial.

El Departamento del Tesoro estadounidense y el FMI se negaron a prestar fondos frescos a los países en crisis, a diferencia de lo que habían hecho en México con la crisis del Tequila, ya que Washington no podía permitir la banca rota mexicana.

Morgan Stanley anunció oficialmente “En Asia se necesitan más malas noticias para poder profundizar el proceso de ajuste”.

La diferencia de Asia con México consistía en que a pesar de que los países asiáticos eran mercados emergentes que crecían fuertemente, su economía estaba nacionalizada y había un límite en el ingreso de capitales extranjeros. Al dejar caer a estas economías los bancos de inversiones y los organismos de crédito le allanaban el camino a las empresas occidentales para comprar compañías asiáticas por valores muy inferiores al precio real.

Finalmente cuando los despidos y las quiebras se masificaron llegó el crédito esperado del FMI, a cambio de fuertes programas de ajuste y de liberalización sin restricciones de las economías asiáticas, pero para ese momento la mayor parte de los activos de las empresas locales pertenecían a compañías europeas y norteamericanas.

Es extraño que justamente Morgan Stanley compare a Europa del Este con la crisis asiática, ya que esta entidad fue una de las que provocó la quiebra en 1997. Quizás este banco de inversiones ignore en qué consiste la actual crisis en Europa Oriental o talvez esté preparando una solución similar a la que le brindó a los Tigres Asiáticos.

En este último caso, los organismos de crédito dejarían caer a las economías orientales para luego adquirir sus restos por valores exiguos.

Pero, a diferencia de Asia, Alemania, Italia y Austria llevan invertido mucho dinero en el este, por eso es urgente que Bruselas recurra al Banco Mundial y al Banco Europeo de Inversiones para obtener créditos y así evitar la quiebra total de Europa Oriental. La solución de Morgan Stanley es un juego peligroso que podría afectar a toda Europa en lugar de beneficiarse de la crisis como ocurrió hace diez años con los Tigres Asiáticos.

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