Rusia cambia de estrategia ante la crisis

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 02/03/2009)

Moscú parece adaptarse a las muy desfavorables condiciones económicas que se avecinan al cambiar su estrategia militar y geopolítica y seguir apostando por el futuro expansionista en múltiples terrenos, sin embargo, si la crisis llegara a profundizarse, Rusia debería enfrentar el descontento interno y relegar su proyecto hegemónico en el exterior.

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El principal factor del expansionismo geopolítico, económico y militar ruso, que logró dejar atrás los efectos de la debacle de la Unión Soviética y situar a Moscú en un plano preponderante a nivel mundial, se está diluyendo.

El precio del gas y del petróleo disminuyó bruscamente en los últimos seis meses a consecuencia de la caída de la demanda mundial de hidrocarburos, que es el resultado directo de la desaceleración industrial originada por la crisis financiera internacional. En julio del año pasado el precio del barril de crudo llegó a rozar los US$ 150, mientras que el mes pasado tocó el piso de los US$ 35.

Sin embargo, la magnitud que había alcanzado Rusia en varios frentes, como por ejemplo la lucha estratégica con Europa y los EE.UU. por los recursos energéticos de Eurasia, el avance económico y militar en Sudamérica, las alianzas militares con los ex países soviéticos y China, la contención de la OTAN en Europa del Este y la victoria frente a Georgia en la guerra de agosto pasado, no se disipó del todo aunque ahora Moscú cuente con menores recursos.

Los beneficios de gran parte de la industria petrolera y gasífera están siendo reemplazados por la producción armamentística, ya que Rusia exporta armas principalmente a Sudán, Irán, Afganistán y Venezuela. En tanto, la creación de bases militares en los territorios separatistas georgianos, como Abjazia y Osetia del Sur moderan el avance de la OTAN en el Cáucaso y alejan su objetivo de sumar a Georgia y Ucrania como miembros de la Alianza Atlántica.

Pero, la crisis también afecta a la industria militar, ya que Moscú debió suspender la instalación de misiles en el extremo oriente y en su enclave europeo de Kaliningrado en respuesta al proyecto del escudo antimisiles norteamericano que podría situarse en la República Checa.

Por otro lado, no hay dudas de que Moscú esté detrás del cierre forzado de la base norteamericana de Manás en Kirguizistán, la cuál abastecía de pertrechos militares a las tropas de la OTAN en Afganistán. Esta movida rusa llega precisamente en el momento en que el gobierno de Obama pretende incrementar la ofensiva bélica contra los talibanes, ya que la base de Manás era la última que disponía Washington en Asia Central.

La ruta de abastecimiento de armas y vehículos desde Pakistán se tornó insegura, por eso los EE.UU. se vieron obligados a pactar con Rusia una vía alternativa por el suelo ruso y por varios de sus satélites asiáticos a cambio de que Washington aceptara enfriar el escudo antimisiles.

Sin embargo, en Asia Central, que se encuentra tan próxima a Afganistán y que muchos de sus habitantes tienen simpatías por los talibanes, ya que son la única alternativa a los regímenes corruptos y totalitarios que gobiernan estos países, existe el peligro de que pudiese caer en manos del extremismo teniendo que afrontar Rusia sin apoyo occidental la amenaza de las guerrillas islámicas.

El interés, tanto ruso como norteamericano, por Asia Central y Afganistán se debe a los cuantiosos recursos de hidrocarburos que se alojan en el subsuelo del Mar Caspio y la rentable posibilidad de extraerlos y transportarlos a países industrializados como India, Pakistán y la UE. Las empresas rusas compiten directamente con las europeas y norteamericanas por controlar esta industria.

El viraje político a favor de Moscú que emprendió hace pocos meses el gobierno afgano responde a que no hay una solución militar en el conflicto con los talibanes, sino una paz negociada, como sucedió la semana pasada en Pakistán, cuyo gobierno llegó a un acuerdo con los militantes islámicos en la zona fronteriza con Afganistán.

De esta manera, Kabul se acerca más a Rusia, otorgándole un espacio geopolítico, que Washington busca retomar por la vía militar.

En cuanto al suministro de gas a Europa, Rusia va a seguir sosteniendo su monopolio, a pesar de la reducción de los precios del hidrocarburo.

Las movidas estratégicas del Kremlin parecen estar dando resultados, ya que le aseguran una hegemonía militar, política y económica en Europa Oriental, Asia Central y el Cáucaso pero el error cometido por el gobierno de Putin de fijar un precio de US$ 340 los mil metros cúbicos para comprarle gas a Turkmenistán durante todo el 2009 va a provocar una pérdida de divisas que podrían sostener la caída de empleos y fortalecer la inversión social.

Este precio se considera elevado, ya que Moscú le vende gas a Europa por US$ 240 por cada metro cúbico. Sin embargo, esta podría ser otra jugada táctica del Kremlin, debido a que Rusia se estaría asegurando las voluminosas reservas de gas de Turkmenistán, alejando a los competidores occidentales, impulsando la construcción de nuevos gasoductos a Europa y reforzando la dependencia europea de la energía rusa.

Rusia parece adaptarse a las muy desfavorables condiciones económicas que se avecinan al cambiar su estrategia y seguir apostando por el futuro expansionista en múltiples terrenos, sin embargo, si la crisis llegara a profundizarse, Moscú debería enfrentar el descontento interno y relegar su proyecto hegemónico en el exterior.

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