Rusia – Ucrania – UE: La Guerra del Gas vuelve a paralizar Europa

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 12/01/2009)

Europa ve la oportunidad de jugar una segunda carta en complicidad con Moscú y deshacerse de los socios comunitarios del este europeo que son hostiles a Rusia, como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania – los dos últimos no forman parte de la UE – y aceptar el avanzado megaproyecto ruso South y Nord Stream.

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Europa, Ucrania y Rusia protagonizan la segunda parte de la comedia dramática conocida como la guerra del gas, pero que a diferencia del primer capítulo puede llegar a acercar las posiciones de Bruselas y Moscú, levemente deterioradas tras la guerra ruso-georgiana de agosto pasado.

El gobierno prooccidental ucraniano, que accedió al poder a fines de 2004 con el apoyo y financiamiento de ONG occidentales, tiene pretensiones de formar parte de la OTAN, de la UE y de introducir reformas financieras liberales en su economía, pero parece no comprender completamente las reglas del mercado, que es precisamente ese juego al que quiere participar.

Como ocurriera en enero de 2006, Ucrania no acepta la suba del gas que le vende Rusia, pero esta vez el precio iría de US$ 180 por cada mil metros cúbicos a US$ 250, siendo todavía muy inferior al precio de mercado que se sitúa alrededor de los US$ 450.

Rusia, además de una potencia energética, es un país capitalista, y no hay razones por las cuales deba mantener los precios privilegiados con los que comerciaba con el régimen ucraniano anterior, y mucho menos si Kiev ostenta su separación de Rusia y sus lazos cercanos con Washington y Bruselas.

Europa no debería verse afectada, sin embargo en este invierno hay varios países del este y centro del continente que han sufrido importantes reducciones en su caudal de gas procedente de Ucrania, por eso tanto Moscú como Bruselas acusan a Kiev de extraer ilegalmente el suministro de gas que está destinado a Europa luego del corte que efectuara Rusia el 1 de enero por la morosidad ucraniana.

Hasta aquí la historia se asemeja a un drama, sobre todo en Bulgaria, donde los 10 grados bajo cero de promedio diario condenan a la población al desastre. Pero, en este nuevo episodio ya están apareciendo los pasos de comedia.

El primero de ellos es la intención del presidente ucraniano Viktor Yuschenko de mostrarse estoico frente a las presiones de Rusia y Europa y seguir aguantando el frío mientras solicita una nueva rebaja del precio del hidrocarburo, sobre todo en este año de elecciones presidenciales en el que su imagen está bastante decaída.

Otro elemento tragicómico es la capitalización que hacen Rusia y Europa de este problema. La UE tiene cada vez más excusas para deshacerse de Rusia como proveedor principal del gas – del cuál importa casi el 30 % de lo que consume – y poner en marcha el polvoriento proyecto del gasoducto Nabucco. Sin embargo, esta posibilidad es muy remota ya que aun no está claro cuál va a ser el camino que va a recorrer la tubería ni cuánto sería el costo total de su financiación.

Por eso, ahora Europa ve la oportunidad de jugar una segunda carta en complicidad con Moscú y deshacerse de los socios comunitarios del este europeo que son hostiles a Rusia, como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania – los dos últimos no forman parte de la UE – y aceptar el avanzado megaproyecto ruso South y Nord Stream por el cuál se transportaría gas desde Rusia hacia Grecia vía Turquía, en su tramo sur y a través del mar Báltico hasta Alemania, en su ramal del norte. El gasoducto sur estaría finalizado en 2015 y costaría unos US$ 10 mil millones.

A pesar de que en el corto plazo se vislumbra una solución al conflicto, seguramente con la toma de deuda por parte de Kiev para financiar la importación del gas en medio de la crisis mundial, y posiblemente con la aceptación de Ucrania del precio que le impone Rusia o quizás con un leve descuento, las relaciones con el Kremlin podrían empeorar, pero no con un problema relacionado con el combustible.

De acuerdo con el ministro de Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, Rusia estaría repartiendo pasaportes entre los ciudadanos del territorio ucraniano de Crimea para forzar una posterior anexión o derecho de participación política rusa en esa región. Yuschenko no sólo amenazó con expulsar a la flota rusa de la base Crimea, que la tiene alquilada hasta 2017, sino que la población local tiene origen ruso y habla el ruso como primera lengua, ya que este territorio perteneció a Rusia hasta 1954.

Precisamente, el origen de la guerra entre Rusia y Georgia fue la invocación de la protección de Moscú a los ciudadanos rusos por parte de las provincias separatistas georgianas.

En estos días la UE va a definir su postura. Si decidiera apoyar a Ucrania, lo haría simplemente para sostener la imagen del gobierno de Yuschenko para que pudiese lograr la reelección y seguir manteniendo un aliado en las puertas de Rusia.

Pero, este escenario no es muy probable, ya que existen sectores de la oposición ucraniana que están deseosos de ser los nuevos súbditos de Europa frente a Moscú y podrían reemplazar sin problemas a Yuschenko. Seguramente, la historia va a terminar en comedia cuando la UE culpabilice a Kiev, para sacársela del camino y apoyar, ahora sí, a los nuevos gasoductos rusos que evitan transitar por territorios conflictivos.

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