Estados Unidos: Las contradicciones de Hillary Clinton

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 19/01/2009)

El cambio pacifista, dialoguista e integracionista que pretende instaurar Hillary con América Latina y el mundo, en contraste con Bush, parece haberse disipado antes de tomar posesión del cargo de canciller. Para los nostálgicos argentinos que añoran las estrechas relaciones entre Buenos Aires y Washington, por lo menos van a tener que esperar cuatro años más, debido a que en la agenda de Hillary, como en la de Condoleezza Rice, nuestro país no representa una prioridad.

2009_02_02_hilary

Durante la campaña electoral, la futura canciller norteamericana Hillary Clinton, acusó en varias oportunidades al presidente electo Barak Obama de ser inexperto en cuestiones políticas foráneas. La ex primera dama va a asumir el cargo mañana con el peso de las múltiples contradicciones de sus discursos y sus acciones con respecto a los asuntos internacionales.

La diplomacia y el pragmatismo van a ser – según ella – sus armas para lograr más aliados y disuadir a los Estados hostiles a Washington, que, como por ejemplo Venezuela, aprovecharon el descrédito de la administración Bush para propagar el antiamericanismo por América Latina. Hillary prometió que al igual que durante la administración Clinton sólo va a usar la fuerza en casos estrictamente necesarios.

La senadora parece no recordar que mientras permaneció en la Casa Blanca, su gobierno atacó a: Afganistán, Sudán, Yugoslavia, Somalía y a Irak en varias oportunidades cada vez que resurgía el caso Lewinsky. Además, propició sangrientos cambios de régimen por ejemplo en Zaire, Haití e Indonesia por no querer acogerse a las reglas del libre mercado financiero y especulativo.

Además, antes de 1998, junto con Pakistán y Arabia Saudita apoyó la llegada de los extremistas talibanes a Afganistán, con los cuáles negociaba el trazado de un gasoducto desde el Mar Caspio hacia Pakistán.

Pero, no es prudente juzgarla por sus contradicciones del pasado, ya que se puede argüir que la era Clinton está lejos del contexto actual del siglo XXI, en el que el terrorismo, el narcotráfico, la crisis financiera y la inmigración ilegal son los principales temas preocupantes para Washington. Por eso, hay que centrarse solamente en las incoherencias presentes.

La guerra en Gaza y el excesivo aumento de muertos es el principal problema que debe afrontar la nueva secretaria de Estado, que pasó de tener una posición aparentemente neutral en el 2000, durante las conversaciones de paz entre los líderes palestino e israelí Yasir Arafat y Ehud Barak en Camp David, en las cuáles Bill Clinton fue el mediador de la fallida negociación, a convertirse en una acérrima defensora de los intereses estratégicos de Israel.

A mediados de 2007, declaró ante el American Israel Public Affairs Committee –un grupo de lobbystas estadounidenses que promueve políticas pro israelíes en el Congreso – que tanto Obama como ella apoyarán a Israel “ahora y siempre”, en referencia a los cohetes lanzados por Hamas.

Hillary logró limpiar su imagen de neutralidad que tenía hace ocho años, cuando saludó a la esposa de Arafat con un beso, hecho que escandalizó a la comunidad israelí. En un vuelco de su postura pública, durante la campaña, anunció que si Irán atacaba a Israel, EE.UU. iba a “destruir totalmente” al Estado islámico.

Sin embargo, quien piense que la senadora fue alguna vez imparcial en el conflicto de Medio Oriente está equivocado, ya que Washington siempre benefició a Israel con ayudas multimillonarias, sin que el gobierno de Clinton fuese una excepción.

Las acciones belicistas las demostró cuando desde su banca votó la invasión a Irak a pesar de no tener pruebas de las ya famosas y a la vez inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein.

Pese a que anunció que no va a recurrir a la fuerza como lo hizo el gobierno anterior y va a iniciar la retirada de Irak, ya está previsto el refuerzo de tropas en Afganistán y la intensificación de los bombardeos iniciados por Bush sobre las zonas tribales de Pakistán.

Con respecto a América Latina, Obama anunció que se sentaría a dialogar con cualquier régimen sin condiciones. Hillary manifestó lo mismo, sin embargo agregó que no hay que exagerar la amenaza que representan Venezuela y Bolivia, pero contradictoriamente deslizó la frase: “hay que responder al tráfico de temor propagado por Chávez y Evo Morales”.

La futura canciller pretende al igual que el gobierno de Bush mantener con Chávez un trato áspero, ya que critica sus supuestas acciones antidemocráticas, pero a su vez propulsa una profundización en las relaciones energéticas, tanto con Venezuela, como con Brasil y Bolivia.

Con respecto a Cuba, es probable que promueva una atenuación del bloqueo por las presiones de los inversores, y que con el resto del continente suspenda los Tratados de Libre Comercio – excepto con Colombia – ya que los demócratas en el poder representan sectores industriales temerosos de verse invadidos con algunos productos regionales latinoamericanos.

El cambio pacifista, dialoguista e integracionista que pretende instaurar Hillary con América Latina y el mundo, en contraste con Bush, parece haberse disipado antes de tomar posesión del cargo de canciller. Para los nostálgicos argentinos que añoran las estrechas relaciones entre Buenos Aires y Washington, por lo menos van a tener que esperar cuatro años más, debido a que en la agenda de Hillary, como en la de Condoleezza Rice, nuestro país no representa una prioridad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: