Bolivia: La oposición prepara un nuevo boicot

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 26/01/2009)

“Elige a Dios, vota por el NO”, fue uno de los tantos eslóganes propulsados por la oposición y sobre todo por las Iglesias Católica y Evangélica de Bolivia que intentaron deslegitimar el referéndum constitucional celebrado ayer, y demonizar la figura del presidente Evo Morales.

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A pesar de que los sectores opuestos al oficialismo apoyaban el proyecto de creación de autonomías departamentales que no dependieran del gobierno de La Paz, y de que esta propuesta esté expresada en la Nueva Carta Magna, igualmente buscaron boicotear el plebiscito.

Curiosamente, la Constitución votada ayer no coincide exactamente con el texto aprobado por la Asamblea Constituyente en 2007, ya que luego del triunfo del presidente en el referéndum revocatorio de agosto pasado, los sectores poderosos de la derecha redoblaron la ofensiva belicista y masacraron al menos una docena de campesinos durante una emboscada en el departamento opositor de Pando.

Temiendo una guerra civil, tras la oleada de violencia que siguió al exterminio de seguidores oficialistas, Morales pactó con los gobernadores de la Media Luna rica (los cinco departamentos que históricamente han concentrado la riqueza) e introdujo cambios a varios artículos de la Constitución. Entre ellos, se limitó a dos períodos presidenciales para una misma persona, cuando el proyecto original incluía la reelección indefinida; y además la oposición fijó la fecha de próximas las elecciones presidenciales.

Estas concesiones fueron muy criticadas por los sectores progresistas, pero sirvieron para frenar la ofensiva golpista que, junto con el apoyo de la embajada de EE.UU., amenazaba la estabilidad del gobierno.

Pero, se mantuvieron otras polémicas leyes: elección directa de jueces y tribunales, reconocimiento de 36 pueblos indígenas que dispondrán de representación parlamentaria propia, derechos ampliados a todos los ciudadanos en educación y salud pública y la limitación de la superficie máxima de la tierra en manos privadas.

Además, se incluyó la posibilidad de votar a los más de 3 millones de bolivianos que residen en el extranjero, una jugada que le sumaría más votos en las elecciones presidenciales de diciembre próximo.

Por un lado, los sectores privilegiados accedieron a participar del referéndum porque eran conscientes de que el gran respaldo popular del presidente iba a permitir su realización, por eso se concentraron en hacer campaña para no ser aplastados por una abrumadora cantidad de votos. Morales asumió hace tres años su cargo con el 54 % de los sufragios, mientras que en el referéndum revocatorio del año pasado alcanzó el 67 %.

La oposición dividida temió que la cifra siguiera creciendo, por eso intensificó su proselitismo a favor del No, a pesar de ser saber que el Si se iba a imponer.

Muchos se cuestionan por qué los sectores acomodados accedieron al referéndum y al mismo tiempo pretendieron deslegitimarlo. El tema clave son las autonomías de los indígenas y su representación legislativa. La oposición apostaba por autonomías sólo para los departamentos y no tuvieron en cuenta ninguna clase de autonomía étnica.

Bolivia es un país unitario con su centro político en La Paz, pero la concentración económica se encuentra en los departamentos de la Media Luna, mientras que las mayorías indígenas del occidente permanecían aisladas en la miseria. Históricamente los gobiernos centrales beneficiaron a los cinco departamentos ricos, pero ahora que a La Paz llegó un indígena con aspiraciones de redistribución, los opositores de repente se volvieron federales.

Sin embargo, ahora comienza otra batalla, que supone la segunda fase del boicot en contra de la Constitución de Evo. La interpretación de la votación de ayer tiene múltiples lecturas. Los gobernadores de la oposición anunciaron que si en sus departamentos no había triunfado el Si por mayoría simple, desconocerían la nueva Constitución.

Este anuncio antidemocrático sólo contribuye a volver a poner a Bolivia al borde de la guerra civil y al tironeo entre los prefectos poderosos y el gobierno de Morales, lo que provoca que se limite la acción política de Evo, que se ve constantemente obligado a pactar con los sectores desestabilizadores.

Desde la izquierda se le critica al gobierno central de no haber nacionalizado completamente los hidrocarburos y de ser demasiado concesivo con la Media Luna, sin embargo, el poder de ejecución de Evo está muy limitado por la extrema polarización que vive el país.

Afortunadamente, ya sea por presiones o por convicción, Morales suspendió la reelección indefinida, demostrándole a los opositores que puede ganarles dentro del juego limpio de la democracia, sin tener que recurrir como ellos a tácticas disuasorias y amenazas a la población con más masacres y una guerra civil, que acabaría con los derechos obtenidos por las mayorías en los últimos tres años.

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