Brasil – Ecuador – Paraguay: Brasil intenta imponer su política en América Latina

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 01/12/2008)

Brasil nació como un imperio. A comienzos del siglo XIX, luego de la invasión napoleónica a la península Ibérica, la casa de Braganza se trasladó a Río de Janeiro en donde se coronó emperador a Pedro I. A fines de la década del 90 del siglo XX, Brasil retomó algunas de sus ambiciones imperialistas pero las adaptó a la época del reinado del capital financiero al expandir sus empresas por todo el continente sudamericano y los préstamos a los gobiernos latinoamericanos a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

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Precisamente, esta entidad contribuyó a acrecentar la discordia entre Ecuador y Brasil por la deuda contraída a raíz de la construcción de la central hidroeléctrica de San Francisco que una vez finalizada va a aportar el 12 % de la energía consumida por Quito.

Hace quince días la ministra de Exteriores ecuatoriana Elsa Viteri anunció que va su país va a llevar a un tribunal internacional el caso de la deuda ilegal adquirida por gobiernos anteriores y que Ecuador va a caer en un “default responsable”, y va a honrar solamente sus compromisos legítimos.

Una gran parte de esta deuda se generó cuando el BNDES le realizó un préstamo a la empresa brasileña Odebretch para la construcción de la usina de San Francisco, cuya terminación se vio aplazada en octubre cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa expulsó a la compañía acusándola de corrupta. De acuerdo con el contrato, la deuda con el BNDES iba a ser reconocida por el Estado Ecuatoriano, pero Correa considera que ese compromiso es ilegítimo, ya que Odebretch no cumplió con la construcción de la central hidroeléctrica.

La deuda que Ecuador le cuestiona al BNDES es la mitad de los US$ 500 millones que recibió, mientras que el conjunto de los países latinoamericanos le deben al mismo banco US$ 1.900 millones. Argentina es el principal deudor con US$ 630 millones, por eso nuestro país sería el principal afectado si el gobierno brasileño cumple las amenazas de cortar los préstamos a los países latinoamericanos si se llegara a conformar un bloque de países morosos incobrables.

Los miembros del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Honduras apoyaron la decisión de Correa y denunciaron el plan expansionista económico brasileño en el continente. En tanto, Venezuela y Bolivia también anunciaron que también van a auditar parte de su deuda.

Sin embargo, si nos detenemos a analizar el origen de varias de las deudas más importantes que tienen los países latinoamericanos con los bancos brasileros, casi todas están relacionadas con el sector energético.

Por ejemplo, la semana pasada Fernando Lugo, presidente de Paraguay, siguió el camino de su par ecuatoriano y anunció que podría desconocer la deuda por la construcción de la central hidroeléctrica de Itaipú contraída en 1985 durante la dictadura del General Stroessner.

Lugo no tiene base política suficiente dentro de su país como para oficializar la propuesta que le hizo a Lula acerca de que cada Estado deba pagar un porcentaje proporcional a la cantidad de energía utilizada en Itaipú, ya que el Partido Colorado la vetaría inmediatamente. Paraguay sólo utilizó un 3 % de la energía de Itaipú desde 1985, mientras que Brasil aprovechó el 97 % restante.

Por ahora la posición argentina consiste en mantener el silencio, ya que si llegase a cuestionar alguno de los préstamos otorgados por el BNDES, debería aceptar la desigualdad que hay con respecto a la otra represa binacional que comparte Paraguay – Yacyretá – ya que el gobierno de Lugo pretende también revisar el acuerdo firmado con nuestro país.

El sector energético ha ido creciendo en Brasil desde hace una década. Hasta el año pasado las escasas reservas de petróleo lo llevaron a desarrollar junto con los EE.UU. una política conjunta de biocombustibles para poder repartirse el mercado mundial. Asimismo, el descubrimiento de importantísimos campos submarinos de hidrocarburos sumado a la expansión de Petrobrás en todo el continente impulsaron a Brasil al lugar de potencia mundial energética y en el líder indiscutido de la región, que además influye directamente sobre las políticas energéticas de sus vecinos.

El canciller brasileño, Celso Amorim, justificó su exigencia de cobrar hasta el último centavo y de no ceder ante las presiones del ALBA con esta frase: “No somos una potencia colonial, sólo nos regimos por las reglas del mercado internacional”. Estas palabras confirman el tipo de relación que Brasil pretende tener con el resto del continente.

A partir de mañana va a comenzar en Salvador, Bahía, la Primera Cumbre de América Latina y el Caribe sobre integración y desarrollo, en donde no puede estar exento el tema de las deudas de los países latinoamericanos con el BNDES.

Sería una lástima que América Latina no aprovechara la oportunidad de integrarse legítimamente para hacer frente a la crisis, evitando caer en otra esfera de influencia de dominación financiera, encabezada en esta oportunidad por Brasil.

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