La flota rusa llegó a Venezuela

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 24/1/2008)

Esta semana se inicia un nuevo ciclo entre Venezuela y Rusia, que dependiendo de cómo evolucionen algunos factores, tales como las iniciativas del nuevo gobierno norteamericano, la cotización del petróleo, el PBI, la fortaleza del sistema financiero venezolano y la relación de Chávez con sus vecinos y con la oposición, podría llegar a ser una patética puesta en escena o el comienzo de un nuevo orden mundial multipolar.

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Esta semana comienza la fase clave del fortalecimiento de las relaciones ruso-venezolanas, por lo menos en lo relacionado a la ostentación de lo poderosa que puede llegar a ser esta alianza económico-militar. El presidente ruso Dimitri Medvedev inicia hoy en Brasil su viaje por Latinoamérica, que lo llevará además a Perú, Venezuela y Cuba.

El próximo jueves el presidente venezolano Hugo Chávez y Medvedev van a subir a bordo del crucero nuclear lanzamisiles ruso “Pedro el Grande” demostrando que la alianza es poderosa y se encuentra en su mejor momento.

Las inversiones rusas durante este año en Venezuela han abarcado diversos sectores, tales como: tecnología, hidrocarburos, la creación de un banco binacional y la construcción de una central nuclear con fines civiles en el separatista estado de Zulia.

Pero, lo que más preocupa a Washington es la compra de armas por parte de Venezuela, además de submarinos, sistemas antiaéreos y la adquisición de caza bombarderos, es decir la parte militar del acuerdo, que alcanza los US$ 4.400 millones. Por supuesto, más allá de conformar un provechoso negocio para Moscú, la alianza militar con Chávez es una devolución de favores de Rusia a los EE.UU. por la presencia de buques militares norteamericanos en el Mar Negro durante la guerra con Georgia de agosto pasado y por la instalación de un escudo antimisiles cerca de las fronteras rusas.

Sin embargo, algunos factores internos y externos podrían empañar la exitosa y multifasética cooperación entre Moscú y Caracas.

A pesar de que Venezuela posea alrededor de US$ 100 mil millones en reservas, la abrupta caída del precio del barril de petróleo a un promedio de US$ 60 daña severamente la economía del país caribeño. La exportación de hidrocarburos representa el 80 % de los ingresos venezolanos.

Además, se prevén otros factores internos que podrían debilitar al gobierno de Chávez, como por ejemplo la proyección de la tasa de crecimiento del PBI, que para el año que viene podría a bajar de 6 % a 3 %. El revés electoral sufrido por Chávez en la ratificación de la nueva Constitución bolivariana a fines del año pasado envalentonó a la oposición, que había sido democráticamente vapuleada durante casi una década por el actual régimen.

Por otra parte, algunos analistas pronostican que la crisis financiera podría llegar a recortar la importación estadounidense del petróleo venezolano, que sería reemplazado por el de México, luego de su parcial privatización. Este argumento es falso, ya que a pesar de que la economía norteamericana sufra una desaceleración, la estancada industria petrolera mexicana no podría reemplazar a la muy activa venezolana en tan poco tiempo.

En caso de que la economía de Venezuela sufriese un serio revés, Rusia podría suspender varios de los créditos a Caracas y algunas de las inversiones en este país.

De acuerdo con algunos politólogos, estos elementos adversos para la economía venezolana pondrían en peligro el sostenimiento por parte de Venezuela a sus satélites en América Latina y el Caribe, lo que debilitaría el bloque antinorteamericano en el continente, que difícilmente podría ser apuntalado por Moscú en caso de que se produjese la caída o un gran debilitamiento del Socialismo del Siglo XXI.

Pero, otros análisis vislumbran que los gobiernos de Chávez y sus aliados latinoamericanos podrían aprovechar muy bien la crisis internacional y salir ilesos del cimbronazo financiero. Por ejemplo, el recorte de Washington a la ayuda militar a Bogotá conocida como Plan Colombia, podría paralizar las futuras acciones colombianas en el exterior, como las llevadas a cabo en Ecuador, hecho que sería aprovechado por Venezuela, ya que Colombia se vería debilitada.

Además, la llegada de Barak Obama al poder y su voluntad de dialogar con Chávez aportaría estabilidad a las relaciones bilaterales y ahuyentaría los pronósticos maliciosos sobre la cancelación, por parte de los EE.UU., de la compra de petróleo venezolano, que es vital para el gobierno de Chávez.

Por otra parte, algunos analistas financieros – entre los que se encuentra Merrill Lynch – proyectan que el barril de petróleo podría ubicarse en US$ 150 antes de 2010, lo que constituiría un futuro más que prometedor para Venezuela.

Si este llegara a ser el escenario, la relación con Rusia podría ser más fructífera, ya que las concesiones, otorgadas a empresas rusas durante este año, de los ricos yacimientos petrolíferos de la Franja del Orinoco – en donde se encuentra una clase de petróleo espeso y escaso en el mundo – aportarían enormes beneficios para ambos países.

Esta semana se inicia un nuevo ciclo entre Venezuela y Rusia, que dependiendo de cómo evolucionen algunos factores, tales como las iniciativas del nuevo gobierno norteamericano, la cotización del petróleo, el PBI, la fortaleza del sistema financiero venezolano y la relación de Chávez con sus vecinos y con la oposición, podría llegar a ser una patética puesta en escena o el comienzo de un nuevo orden mundial

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