Crece la tensión entre Paraguay y Brasil

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 17/1/2008)

Las multitudinarias marchas de los campesinos sin tierra, que comenzaron a fines de octubre y que reclaman la reforma agraria prometida por el nuevo mandatario en la campaña electoral, tienen más posibilidades de convertirse en un problema con Brasil que lo que significan internamente.

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Varios sectores de la sociedad paraguaya, que intuyen que el presidente Fernando Lugo se encuentra maniatado para resolver problemas fundamentales por los cuales fue votado, ven disipadas sus ilusiones a tres meses del comienzo del nuevo gobierno.

Las multitudinarias marchas de los campesinos sin tierra, que comenzaron a fines de octubre y que reclaman la reforma agraria prometida por el nuevo mandatario en la campaña electoral, tienen más posibilidades de convertirse en un problema con Brasil que lo que significan internamente.

La reforma agraria es la base de todo verdadero cambio social, ya que el 77 % de la tierra cultivable está en manos del 2 % de la población. Casi tres millones de hectáreas cultivables están dedicadas a la soja, lo que convierte a Paraguay en el cuarto exportador mundial detrás de los EE.UU., Brasil y Argentina.

Los grandes latifundistas sojeros son en su mayoría brasileños que adquirieron tierras muy baratas en la década del 60 durante la dictadura de Alfredo Stroessner. Por esa época los campesinos paraguayos constituían el 60 % de la población, siendo ahora sólo el 40 %. Muchos de los trabajadores rurales empleados por los terratenientes son también brasileños, muchos de los cuales emigraron ilegalmente, y constituyen el 10 % de la población de Paraguay. Tanto los peones como los propietarios son llamados despectivamente “brasiguayos”.

Mientras los campesinos marchaban y ocupaban algunas de las tierras de los latifundistas brasileros, el gobierno de Lula da Silva realizó una imponente maniobra militar muy cerca de Ciudad del Este, en la que participaron 10 mil soldados y la Fuerza Aérea, que de acuerdo con el matutino paraguayo ABC, intentó demostrar su poderío con vuelos rasantes sobre zonas civiles.

Sin embargo, la protección de los terratenientes “brasiguayos” no es la única prioridad de Lula. Los ejercicios militares tienen como objetivo ejercer una coerción sobre el gobierno de Lugo con respecto a la renegociación del contrato de la represa hidroeléctrica binacional de Itaipú, cuyo 5 % de la producción eléctrica es consumida por Paraguay y el resto es vendida a Brasil a un quinto del precio internacional.

El general brasileño José Carvalho Siquiera provocó un aumento de la tensión cuando, luego de los ejercicios militares a metros de la frontera con Paraguay, manifestó en una conferencia de prensa: “Hoy nosotros tenemos que demostrar que somos una potencia , es importante que nuestros vecinos lo sepan. Tenemos que demostrar que somos fuertes y que estamos capacitados para enfrentar cualquier amenaza”. Esta última frase aludía a la posibilidad de que se concretaran los deseos de algunos campesinos paraguayos movilizados, que mencionaron la posibilidad de tomar Itaipú por la fuerza.

En las últimas dos semanas la desconfianza binacional se fue agudizando, cuando el presidente Lugo expuso en una conferencia de la OEA que Paraguay quiere recuperar la libre disponibilidad de su energía y venderle el excedente de Itaipú a terceros países a precio de mercado a pesar de la oposición de Brasil.

En tanto, el presidente Lula emitió un decreto nacional que de acuerdo con su gobierno penaliza las amenazas al territorio nacional, a la integridad territorial y a las instituciones nacionales, en clara referencia al discurso de Lugo y a las amenazas de los campesinos que quieren marchar sobre Itaipú.

La reforma agraria es una cuestión impostergable. Aunque el 80 % de los cultivos de soja se encuentre en manos brasileñas, es un error de los campesinos atacar solamente a los extranjeros, sólo por el hecho de serlo. Sería injusto dejar afuera a cientos de latifundistas paraguayos que se enriquecieron durante la dictadura y que impidieron que pequeños campesinos obtuvieran parte de las tierras cultivables.

Lugo debe moverse de manera ordenada y cuidadosa, ya que la reforma agraria debe hacerla sin que afecte a las exportaciones y a los miles de empleos que genera la actividad de la soja y además no debe centrarse solamente en los terratenientes brasileros, sino en buscar una mayor equidad en medio de las presiones de los campesinos, los sectores sociales postergados por décadas, los partidos opositores y las intimidaciones militares de su poderoso vecino.

Además, el gobierno paraguayo debe negociar con los campesinos para que no tomen por la fuerza la represa, ya que esto le daría la excusa a Brasil para intervenir más enérgicamente, lo que afectaría para siempre el legítimo reclamo energético de Paraguay.

Mientras tanto Brasil debe definir qué clase de líder regional pretende ser. Puede optar por convertirse en la cabeza de la unidad continental para afianzar la cooperación interregional que pueda amortiguar los efectos de la crisis financiera global o bien influir de manera más agresiva como se comportó durante este año con Ecuador y Paraguay, que no lo diferencia mucho de la doctrina aplicada por Washington en el continente luego de la Segunda Guerra Mundial.

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