Se afianzan las relaciones entre México y Brasil

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE)

La volatilidad del sector financiero norteamericano ha empezado a afectar de manera muy incipiente a las economías latinoamericanas, por eso los dos principales motores productivos de la región – México y Brasil – comenzaron a estrechar las relaciones bilaterales para fortalecer las economías y poder crear una barrera que contenga la crisis en la región.

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En general, en tiempos de turbulencias, los inversores suelen retirarse de los mercados emergentes, sin embargo aunque el epicentro de la inestabilidad se sitúe en Washington prefieren reubicar sus inversiones en un terreno conocido y tradicionalmente más seguro, como lo es la economía estadounidense.

Pero, todavía Latinoamérica no está experimentando, en gran medida, los efectos de la explosión de la burbuja inmobiliaria norteamericana. Por eso, para evitarlos, las naciones de la región están comenzando a intensificar sus relaciones entre sí, por ejemplo mediante la puesta en práctica del UNASUR, y la meta de alcanzar un mayor dinamismo comercial.
Acuerdos bilaterales

México y Brasil suman más de la mitad del territorio y de la población de América Latina. En 2006, las importaciones brasileñas de productos mexicanos crecieron un 52,2 %, siendo México el quinto destinatario de los productos de Brasil.

A comienzos del año pasado, se comenzó a aplicar la derogación del doble tributo para las operaciones entre empresas brasileñas y mexicanas. Las inversiones de Brasil en suelo mexicano se diversifican en varios sectores como por ejemplo: finanzas, construcción, tecnología, software, productos químicos, automóviles, alimentos y bebidas.

El temor a la recesión estadounidense promueve que Brasil se interese por acercarse más a México y a su vez al NAFTA, tratado de libre comercio al que México pertenece junto con los EE.UU. y Canadá, y por su parte México pretende afianzar las relaciones comerciales con el Mercosur, estrechando lazos con el país que lo lidera.

Relaciones energéticas

El rechazo social que provocó el anuncio, en abril pasado, del presidente mexicano Felipe Calderón con respecto a la participación del capital privado en la empresa estatal petrolera Pemex, indujo al gobierno mexicano a aceptar la propuesta del presidente brasileño Lula da Silva de crear una empresa mixta para la extracción de hidrocarburos de las profundas aguas del Golfo de México.

El jueves pasado, Calderón volvió a presionar al Congreso para que apruebe la reforma de Pemex, que permita que el sector privado se asocie con esta empresa, orgullo del nacionalismo mexicano. El presidente negó que esta medida constituya el comienzo de un ciclo privatizador, por el contrario aseguró que las importaciones de hidrocarburos están creciendo, a causa de que las profundidades del mar no están siendo explotadas y el 75 % del territorio de México tampoco.

No obstante, los disidentes de este proyecto denuncian que mediante las concesiones que se llegasen otorgar a las empresas privadas, serían éstas las primeras beneficiarias del proceso de extracción, transporte y refinamiento de crudo, a costa del gasto de recursos estatales en exploraciones de riesgo. Sin embargo, los opositores reconocen que el Estado mexicano no tiene la solvencia suficiente como para que todos los eslabones de la cadena productiva de hidrocarburos los afronte la estatal Pemex.

Por eso, la solución temporal que no genera tanta discordia es la asociación entre Pemex y Petrobras, ya que la compañía brasilera posee una alta tecnología y experiencia en aguas muy profundas de todo el mundo. Esta empresa conjunta creada por Pemex y Petrobras podría actuar en cualquier país en el cuál la empresa brasilera tiene presencia, como Argentina, Bolivia, los EE.UU., Angola, Guinea Ecuatorial y Nigeria, entre otros.
Relaciones Internacionales

Las relaciones con Washington y Caracas son muy importantes tanto para México como para Brasil. La cercanía política del presidente Calderón con los EE.UU. hace prever que el futuro de México está más cerca de Washington que de Hugo Chávez. Pero, las disidencias planteadas en el último año con respecto a los millones de emigrantes mexicanos hacia el norte, la construcción del muro fronterizo y la producción de etanol estadounidense en territorio mexicano, que provocó el encarecimiento de los precios del maíz, con el cuál se fabrica la tortilla, base de la dieta mexicana, produjo un acercamiento político y comercial entre México y Venezuela.

En cambio, Brasil, durante este año se posicionó más cerca de las posturas comerciales de los EE.UU., que de Venezuela. La voluntad de reducir las barreras arancelarias para promover el libre mercado internacional, tuvo el visto bueno de Washington y el rechazo de México y del Mercosur. Por otra parte, la producción de biocombustibles aproxima a Brasil y a los EE.UU., y excluye a México que pretende reactivar su industria petrolera.

Tanto Brasil como México pertenecen a dos organizaciones que agrupan a las principales economías emergentes, como el G5 (China, India y Sudáfrica), y el G20. El acercamiento de estos dos gigantes de América Latina puede llegar a paliar los efectos de la crisis financiera norteamericana y a aportarle un poco más de oxígeno a la región.

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