El mundo tras la crisis financiera

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE)

Algunos analistas pronostican el fin de la hegemonía norteamericana y la llegada de un mundo multipolar, otros describen la explosión de la burbuja inmobiliaria como la caída del Muro de Berlín del capitalismo, y los más suspicaces aseguran que la Ley de Estabilización Económica aprobada por el Congreso no es más que una nueva estafa maquillada con programas de tinte social y que el sector financiero va a volver a resurgir de sus cenizas como ha ocurrido históricamente. Pero, todos coinciden en que las reglas del juego económico mundial van a tener que cambiar.

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No hay dudas de que los efectos del crack financiero de Wall Street, que alcanza en diferente medida a todos los mercados mundiales, va a producir un cambio profundo en la economía estadounidense y por sobre todo en el rol de los bancos y entidades crediticias, que ya no van a operar de la misma manera ni van a repetir errores, aunque sea el Estado el que se encargue de enmendarlos.

La crisis interna se suma a los sucesivos fracasos en política exterior: la dura negociación con el gobierno de Irak sobre la permanencia de las tropas, el rechazo del ejército de Pakistán a las incursiones aéreas en una clara violación a su soberanía, el escepticismo de los aliados europeos con respecto al envío de más tropas a Afganistán tras el resurgimiento de la insurgencia talibán y por último el revés al intentar persuadir a Rusia de que no reaccione ante el avance de la OTAN hacia el este, que quedó demostrado con la guerra de Georgia.

Algunos analistas pronostican el fin de la hegemonía norteamericana y la llegada de un mundo multipolar, otros describen la explosión de la burbuja inmobiliaria como la caída del Muro de Berlín del capitalismo, y los más suspicaces aseguran que la Ley de Estabilización Económica aprobada por el Congreso no es más que una nueva estafa maquillada con programas de tinte social y que el sector financiero va a volver a resurgir de sus cenizas como ha ocurrido históricamente. Pero, todos coinciden en que las reglas del juego económico mundial van a tener que cambiar.

Uno de los caminos más adecuados sería que Washington revisara su propia historia y estableciera un “New Deal del siglo XXI” que liberase al mercado de su propia tiranía y especulación y que le aportara fuertes dosis de keynesianismo, tal como implementara el presidente Franklin Roosevelt en 1932, tras la Gran Depresión.

Sin embargo, no hay que pasar por alto que el clima caótico estadounidense está enrarecido por la proximidad de las elecciones. Luego del lunes negro, en el que la Cámara de Representantes rechazara el primer borrador de la Ley de Estabilización, la ventaja de la que gozaba Barak Obama por sobre John McCain se redujo de 9 a 4 puntos porcentuales, lo que confirma que cuando la ciudadanía está temerosa se vuelve más conservadora. Por eso, cuantos más coletazos económicos se produzcan y cuantas más amenazas externas se presenten, más chances tienen de triunfar los sectores más duros.

Es muy probable que una vez que el nuevo presidente haya sido elegido, los mercados tiendan a estabilizarse, sin importar demasiado quién resulte ganador. La retórica usada en los debates llevan al rebaño de votantes de una orilla a la otra, pero en definitiva los planes económicos y políticos nacionales y externos de ambos partidos no difieren demasiado.

Ambos candidatos son partidarios de ingresar militarmente a Pakistán para cortar el apoyo que reciben los talibanes de los clanes locales. A pesar de que el New York Times tilde de “muy fuerte” el discurso del presidente pakistaní Zardari contra la presencia militar norteamericana, el gobierno de Islamabad, poco puede hacer para impedirlo, ya que necesita del apoyo de Washington para sostener su débil coalición de gobierno.

Con respecto a Irak, es difícil que el Congreso le siga aportando cheques en blanco al nuevo presidente norteamericano, ya que el Estado va a tardar varios años en pagar el costo de la crisis financiera. Entonces, ¿tendrán que ajustarse los cinturones los promotores de la invasión a Irak?

McCain se muestra muy conservador en cuanto a la retirada del país árabe. En cambio, si llegase a triunfar Obama, ya se sabe que su plan es trasladar las tropas de Irak a Afganistán, pero antes debe asegurarse de que el gobierno chiíta de Bagdad consiga un acuerdo con las guerrillas sunitas, con el aval de Irán, para pacificar el país y dejar en orden las cuentas petroleras de las multinacionales occidentales.

En Latinoamérica los EE.UU. van a continuar utilizando al gobierno colombiano de Álvaro Uribe, que tiene una alta aceptación, como cabeza de playa para recuperar la influencia regional perdida durante la era Bush y para lanzar operaciones desestabilizadoras de los gobiernos contrarios a Washington.

La prioridad de la nueva administración va a ser profundizar los acuerdos bilaterales con Brasil, México y Chile. Si Obama ganara las elecciones, quizás se produzca un mayor acercamiento al venezolano Hugo Chávez y además podrían recomponerse las deterioradas relaciones con La Paz.

Los triunfos democráticos mediante plebiscitos en Bolivia y Ecuador parecieran no haber logrado acallar las disidencias separatistas y elitistas. Los opositores que no aceptan las reglas democráticas pueden volver a sabotear los planes de los gobiernos populares, en mayor medida en Bolivia, pero con muchas menos posibilidades en Ecuador y Venezuela.

La interacción política y económica entre los países y bloques de América Latina por un lado va a contrarrestar los efectos de la crisis financiera mundial y por otro va a producir una articulación que puede llegar a brindarle grandes beneficios a la región.

Aunque, el principal efecto desestabilizador podría llegar a ser la diferencia entre Brasil y Venezuela por el liderazgo regional y las posturas encontradas entre Brasilia y el resto de América Latina en cuanto a las políticas proteccionistas de las débiles industrias locales frente a los productos manufacturados de las potencias.

A pesar de este avance entre la cooperación interregional, si Mc Cain llegase a ser el nuevo presidente, una vez estabilizado el sistema financiero estadounidense, es probable que se retome con fuerza la firma de desiguales tratados de libre comercio bilaterales, con Colombia, Perú y los países centroamericanos.

En cambio, los demócratas se mantienen más reticentes a esos acuerdos, ya que representan a varios productores que temen que el libre comercio les afecte directamente.

Un tema que no parece vislumbrar una solución es la situación de los inmigrantes ilegales en los EE.UU. y Europa. Lo más factible es que la crisis mundial provoque un endurecimiento aun mayor de las leyes anti inmigratorias. En Francia, Alemania, Austria y Gran Bretaña la xenofobia está muy instalada en la sociedad, en tanto en Italia está presente, además, en los altos cargos del gobierno.

Otro elemento determinante para los años siguientes es el nuevo papel económico y geopolítico que representa Rusia a nivel mundial. Las inversiones rusas se están extendiendo hacia África, Asia y ahora a Venezuela.

La cooperación militar entre Rusia y Siria está nivelando la balanza en Medio Oriente. Si Ucrania llegara a expulsar a la poderosa flota rusa del puerto de Sebastopol, Moscú ya anunció que la mudaría a las costas sirias, para extender su presencia al Mediterráneo.

Ucrania, al igual que Georgia se encuentra dentro de la órbita occidental, por ello es improbable que Occidente de un paso en falso en el juego estratégico que está desarrollando con Moscú y le solicite a Kiev echar a la marina rusa. Luego de la Guerra de Georgia, Moscú cayó bien parado al pactar con el presidente francés Nicolás Sarkozy que las regiones rebeldes seguirían bajo la influencia militar rusa. Esa carta fue uno de los triunfos de Moscú, a pesar de la presión de los barcos militares norteamericanos en el Mar Negro.

Las amenazas separatistas de los territorios pro rusos dentro de los aliados occidentales son la consecuencia inevitable del apoyo norteamericano a la independencia de Kosovo. Sacrificar a algunos aliados menores es el precio que Washington estaría dispuesto a pagar para seguir adelante con el escudo antimisiles y haber logrado extender su influencia a los Balcanes. O quizás Rusia va a frenar las independencias a cambio del voto occidental para el ingreso de Moscú a la OMC o tal vez para evitar un ataque a Irán.

Desde el punto de vista energético Rusia lleva la delantera, ya que su proyecto de gasoductos North y South Stream cuenta con el apoyo de Italia, Alemania y casi toda Europa Oriental, con la excepción de Polonia. Mediante esta red de gasoductos, Moscú va a incrementar el abastecimiento de gas europeo y le va a poner fecha de defunción al gasoducto Nabucco, a través del cuál Europa pretende desligarse de la dependencia energética rusa.

Finalmente, los anuncios apocalípticos que predicen la caída de los EE.UU. se van a ir disipando con el cambio de administración a fines de enero próximo. En materia internacional, quizás Washington no pueda doblegar a Rusia como lo hacía hasta 2005, año en que Moscú se unió a China para ponerle un freno a la OTAN. Sin embargo, Rusia no tiene el poder de la URSS y necesita hacer concesiones para poder ingresar a los mercados mundiales. Un vez que esté a salvo el gobierno títere irakí, el desafío vuelve a ser Afganistán y Pakistán, cuyos gobiernos no tienen otra alternativa que aceptar las decisiones de los EE.UU. bajo la amenaza de ser atacados por la creciente insurgencia talibán.

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