La guerra por los recursos en el Mar Caspio

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 09/06/2008)

Esta primera fase de acercamiento occidental al Mar Caspio constituyó un avance de las compañías europeas y norteamericanas por sobre las rusas y chinas, que ya tenían presencia en la región. En este punto comenzaron a formarse dos bloques antagónicos encabezados por Moscú y Pekín por un lado y por los EE.UU. y la UE por el otro (ver mapa), cuyo principal objetivo consiste en afirmarse en la extracción de hidrocarburos, generar alianzas con los países que poseen los recursos y evitar que el bloque contrario se fortalezca.

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Región del Mar Caspio

Durante la era soviética, las cuantiosas reservas de hidrocarburos de la cuenca del Mar Caspio permanecieron inexploradas debido a la afición de Moscú por extraer el gas y el petróleo de Siberia para evitar la distribución de las regalías con otros estados de la Unión.
Luego del colapso de la URSS, las compañías occidentales de hidrocarburos se fueron acercando tímidamente a esta región, de tradicional influencia rusa. Al comienzo las inversiones fueron moderadas, ya que por un lado las precarias instituciones de varios de los países de Asia Central los hacían inseguros para la explotación y el transporte de los recursos, por otro lado el orgullo ruso estaba herido luego de la implosión soviética, y cualquier intento occidental de aprovechar esa debilidad significaba un enfrentamiento directo con Moscú.

Por eso, las oportunidades de inversión de las compañías occidentales en el espacio post soviético comenzaron con la guerra de Afganistán en octubre de 2001.

La revalidad por los hidrocarburos

Ante la constante desestabilización del Golfo Pérsico y el aumento de la demanda de hidrocarburos, la cuenca del Mar Caspio se convirtió en una región apta para la industria energética, ya que cuenta con las segundas reservas mundiales de gas y petróleo, lo que la sitúa por detrás de Medio Oriente. Los yacimientos comprobados se ubican alrededor de 30 mil millones de barriles de petróleo (unas diez veces más que las reservas del Mar del Norte), mientras que los yacimientos de gas se sitúan en los 9 billones de metros cúbicos. A estas cifras hay que agregarle las zonas no exploradas en tierra firme y en el subsuelo marino del Caspio, que por su costo no ha sido investigado lo suficiente.

El impedimento que tuvieron las empresas occidentales en comenzar sus inversiones no se debió solamente a la creación, por parte de Rusia, de un monopolio de extracción y transporte en la región, sino también porque el Caspio es un mar interior y la lejanía de Europa Occidental y de los mares exteriores encarece el transporte de los recursos.

Las compañías occidentales se fueron abriendo paso en la región aprovechando la inédita militarización de Asia Central, por parte de Washington, durante la guerra de Afganistán, debido a que varios países que antes eran pro rusos cedieron sus bases y espacios aéreos.

Esta primera fase de acercamiento occidental al Mar Caspio constituyó un avance de las compañías europeas y norteamericanas por sobre las rusas y chinas, que ya tenían presencia en la región. En este punto comenzaron a formarse dos bloques antagónicos encabezados por Moscú y Pekín por un lado y por los EE.UU. y la UE por el otro (ver mapa), cuyo principal objetivo consiste en afirmarse en la extracción de hidrocarburos, generar alianzas con los países que poseen los recursos y evitar que el bloque contrario se fortalezca.

No sólo el aumento del precio de los hidrocarburos y los enormes yacimientos llevaron a las compañías occidentales a acercarse a la región, sino que también las multinacionales fueron impulsadas por Bruselas para reducir la dependencia europea del abastecimiento de gas ruso, que se sitúa en el 25 %.

La segunda parte de la lucha por los recursos del Caspio no fue militar sino política, ya que diversas ONG occidentales lograron insertarse dentro de dos aliados vitales de Moscú – Georgia y Ucrania – y cambiar los regímenes pro rusos por nuevos aliados de Occidente en el espacio postsoviético, a través de propagandas políticas y denuncias de fraude en elecciones parlamentarias y presidenciales. Estas alteraciones se llamaron Revoluciones de Colores.

Durante esta etapa, que duró desde 2003 hasta 2005, el mayor logro occidental se materializó en la construcción y puesta en funcionamiento del oleoducto Bakú-Tibilisi-Ceyhan, encabezado por British Petroleum, cuyo costó rondó los US$ 3.600 millones. De esta manera las empresas occidentales transportan el petróleo de Azerbaiyán – el segundo productor de petróleo de la ex URSS -, pasando por el territorio del nuevo gobierno aliado de Georgia y finalizando en el puerto turco de Ceyhan, desde donde se exporta a todo el mundo.

Así, Washington y la UE lograron perforar el monopolio ruso del transporte y esquivar el territorio iraní, para evitar pagar regalías al régimen de los ayatolás.

La sensibilidad de Moscú ante la aparición de competidores en la actividad energética y los cambios políticos desfavorables de sus vecinos lo llevó a forjar su alianza con China e Irán. La creación de la organización político-militar llamada Grupo de Shanghai, que además de Moscú y Pekín se encuentran cuatro de los cinco estados de Asia Central, fortificó la presencia militar y geopolítica del bloque ruso-chino en Eurasia, no sólo por la mutua cooperación, sino porque Rusia reforzó su posición estratégica de proveedor de hidrocarburos al presionar a Georgia y Ucrania incrementándoles el precio del gas y el petróleo, y además fortaleció los movimientos separatistas de provincias pro rusas de los estados ex soviéticos aliados a Occidente.

Futuro de la región

En tanto, Rusia logró adelantarse y empañar el proyecto europeo del gasoducto Nabucco, que va a se va a inaugurar en 2013, va a costar US$ 5.000 millones y va a unir el Mar Caspio con Europa Oriental y Central para reducir la dependencia de Moscú. Mediante los gasoductos South y North Stream, Rusia pactó con los países de Europa Oriental contratos beneficiosos para estos estados, por los cuáles les va a otorgar importantes privilegios por el transporte del gas ruso hacia Alemania, Austria e Italia, con el fin de convertir en inocuo al proyecto europeo. Los costos del South Stream se calculan en US$ 10.000, por eso varios analistas prevén que será sobre todo un proyecto geopolítico.

De los cuatro grandes actores que compiten en esta carrera por los recursos, tres ya están experimentando la escasez de gas y petróleo. Por ejemplo, China va a importar en 2010 el 81 % del crudo que consume, cuando hace una década importaba sólo el 48 %. EE.UU y la UE necesitan fuentes alternativas, por eso no van a abandonar la pugna en el Caspio. En cambio, Moscú corre con la ventaja de ser un país rico en hidrocarburos, puede autoabastecerse, vender sus recursos, y su tamaño y ubicación geográfica le permite continuar fijando las reglas del juego en la región, aunque todavía no ha podido reponerse de la penetración occidental tras la guerra de Afganistán y las Revoluciones de Colores.

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