La carrera por el Mar de China Meridional

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 16/06/2008)

Además de la expansión de las economías y de la falta de energía, estos países del este asiático comparten otro aspecto, que es la clave de un posible enfrentamiento bélico a nivel regional. Los siete Estados más poderosos del oriente asiático comparten el mar de China meridional, que de acuerdo con los técnicos exploradores de hidrocarburos, su plataforma submarina es rica en gas y petróleo. Se calcula que las reservas de crudo rondan los 150 mil millones de barriles.

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El crecimiento económico de los países más dinámicos del este de Asia va a superar en pocos años – en porcentaje – al resto de los Estados desarrollados del planeta. Durante la década pasada, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Filipinas, Malasia y Vietnam aumentaron su consumo energético un 5,5 % anual, es decir unas diez veces más que el resto del mundo. Las proyecciones para el 2020 anuncian que Asia va a representar el 34 % del consumo total energético mundial, mientras que el 24 % va a ser para los EE.UU y Canadá, y el 13 % para Europa Occidental.

El consumo diario de petróleo de Asia se situaba en 19 millones de barriles hace diez años, para el 2020 se prevé que, por el enorme crecimiento de las economías, el este asiático va a necesitar 33 millones de barriles por día. Con respeto al gas, por ahora el continente se puede autoabastecer, pero la demanda se va a incrementar obligándolo a buscar fuentes de abastecimiento del exterior.

Militarización de la región

Además de la expansión de las economías y de la falta de energía, estos países del este asiático comparten otro aspecto, que es la clave de un posible enfrentamiento bélico a nivel regional. Los siete Estados más poderosos del oriente asiático comparten el mar de China meridional, que de acuerdo con los técnicos exploradores de hidrocarburos, su plataforma submarina es rica en gas y petróleo. Se calcula que las reservas de crudo rondan los 150 mil millones de barriles.

El principal problema es que este mar no ha sido delimitado aun, sus aguas son internacionales, pero la existencia de archipiélagos deshabitados, que fueron reclamados y ocupados militarmente por seis de los siete países mencionados, cambia la legislación sobre los derechos de soberanía del mar.

Las insignificantes islas Spratly situadas en el centro geográfico del mar son el principal objeto de disputa, ya que quien las posea accederá a una porción importante de los recursos de la región.

La creciente militarización de la zona por parte de los siete países, pero sobre todo China, y las escaramuzas entre barcos y aviones de las naciones implicadas hicieron sonar las alarmas de la comunidad internacional. Y si a este factor se le suma que tanto Japón como Filipinas evocan sus tratados de auto defensa con los EE.UU., el mar de China meridional se puede transformar en un campo de enfrentamiento militar entre Washington y Pekín si no se llega a un acuerdo urgente por la soberanía de la región.

Sin embargo, la enorme cantidad de recursos fósiles no constituye la única importancia estratégica de este mar. El 75 % del crudo que Japón importa procede de barcos petroleros que atraviesan el estrecho de Malaca, un cuello de botella de pocos kilómetros que está situado entre Malasia e Indonesia, en la entrada occidental al mar de China meridional.

Los intereses de EE.UU. y Japón

Tanto Japón como Washington consideran de vital importancia este estrecho, ya que por allí también navegan barcos comerciales que transportan mercancías hacia el extremo oriente. A fines de la década pasada, el ministerio de Defensa de los EE.UU. publicó un informe en el cuál se declaraba textualmente: “Cualquier amenaza contra la libre navegación del mar de China meridional que afecte los flujos de mercancías esenciales, infringiría un interés norteamericano importante”; y agregaba: “Las fuerzas estadounidenses estarían dispuestas a escoltar las naves en ruta por esa zona”.

Si bien, Washington no reclama los derechos de explotación del mar de China meridional, los países aliados de la región, como Japón y Filipinas otorgaron concesiones a empresas petroleras norteamericanas para que comenzaran a explotar los yacimientos vírgenes de alta mar. La tecnología con la que cuentan estas compañías les permite reducir costos y tiempo para extraer los hidrocarburos del fondo del mar, que siempre son más difíciles de utilizar que los que están situados en el continente.

Sin embargo, los EE.UU. plantean un doble juego en la región, ya que en 1992 Pekín otorgó los derechos de extracción de crudo a la empresa norteamericana Crestone Energy Corporation de Denver, en una zona marítima reclamada también por Vietnam. Pero, en la presente década los contratos petroleros de compañías estadounidenses se limitaron a firmarse sólo con Japón, Filipinas y Vietnam, evitando de esta manera a China.

La amenaza de un enfrentamiento bélico no es una fantasía. El primer choque armado por los recursos del mar de China meridional dejó 72 muertos cuando un destacamento chino se dispuso a ocupar unas islas reclamadas por Vietnam en 1988. Sin embargo, desde hace diez años creció el peligro de un enfrentamiento mayor que involucre a los siete países de la región e incluso a Washington, ya que el gobierno de Manila acusó a China de explotar un yacimiento a sólo 150 millas de una de las islas de Filipinas, lo que provocó una grave crisis diplomática y algunos enfrentamientos militares menores.

La carrera armamentista se disparó en la región en los últimos años con el fin de disuadir a los vecinos que reclaman la soberanía del mar y los derechos de extracción de energía. Japón intentó bajar la intensidad de la disputa y en 2002 se ofreció como mediador, ya que debe importar el 100 % del petróleo que consume debido a que sus reservas son simbólicas, sólo alcanzan para diez días, y a pesar de contar con el respaldo militar norteamericano, intenta que no se produzcan enfrentamientos en el estrecho de Malaca, que es trascendental para su crecimiento económico y su supervivencia.

Los intereses de China

Aunque China se manifieste a favor de lograr un acuerdo no retira sus bases de las islas reclamadas por sus vecinos. En marzo de este año, China y Filipinas anunciaron un acuerdo bilateral, pero que no satisface a los otros países que demandan la soberanía de la región. En febrero pasado otro aliado de Washington contra China, el presidente de Taiwán, visitó las controvertidas islas Spratly.

Por ello, aunque Washington pretenda evitar un choque con Pekín, si Japón se viera amenazado en su abastecimiento energético, o si Filipinas volviera a incrementar su disidencia con China, o la tensión con Taiwán fuese aumentando, EE.UU. se vería obligado a demostrar que los tratados de defensa suscriptos con sus aliados no son un papel mojado, lo que puede situar a la región ante un nuevo y grave conflicto militar.

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