Israel – Siria: El acceso al agua es la clave en Medio Oriente

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 26/05/2008)

Se sabe que este nuevo proceso de paz va a ser largo, ya que los temas que están en discusión no son recientes: la devolución de Israel de las Alturas del Golán, territorio estratégico sirio ocupado desde 1967; el apoyo de Damasco a organizaciones armadas anti israelíes; y lo más importante pero lo menos mencionado, el acceso a las escasas reservas de agua potable ante el fuerte incremento demográfico regional.

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Luego de que Siria obtuviera una victoria política en el Líbano, al proclamarse un nuevo gobierno con fuerte participación de Hezbolá, grupo aliado de Damasco, se inició la semana pasada, con la mediación de Turquía, la primera ronda de negociaciones de paz entre Israel y Siria, que se mantenían paralizadas desde el año 2000.

Se sabe que este nuevo proceso de paz va a ser largo, ya que los temas que están en discusión no son recientes: la devolución de Israel de las Alturas del Golán, territorio estratégico sirio ocupado desde 1967; el apoyo de Damasco a organizaciones armadas anti israelíes; y lo más importante pero lo menos mencionado, el acceso a las escasas reservas de agua potable ante el fuerte incremento demográfico regional.

La importancia regional del agua

Las Alturas del Golán no sólo constituyen una meseta apta para el patrullaje militar, sino que también limitan con la costa oriental del lago Tiberíades o Mar de Galilea, que además de ser el lago en el que Jesús caminó sobre su superficie, es también la mayor reserva de agua dulce de la que depende Israel para consumo doméstico y riego a través de canales de la región desértica sureña del Neguev.

Siria también sufre escasez de agua potable ante el crecimiento poblacional, por eso busca acceder a una parte del Mar de Galilea si llegase a recuperar el Golán.

La ONU estima que la población que habita a orillas de la cuenca del río Jordán – donde se encuentra situado el Mar de Galilea – va a alcanzar más de 21 millones dentro de 10 años, siendo de 9,6 millones la población hace dos décadas. Por eso es de vital importancia que los países que dependen de estos recursos hídricos promuevan obras conjuntas para aprovechar al máximo el agua dulce.

El primer intento de realizar proyectos en común fracasó en 1955, porque Siria argüía que al firmar un acuerdo sobre la cuenca del Jordán, estaría reconociendo la existencia del Estado de Israel. En tanto, Tel Aviv pretendía evitar conceder gran parte de su caudal de agua potable a Damasco. Por eso, Israel comenzó a construir el Gran Acueducto Nacional sin consultar a Siria ni a Jordania.

En 1960, Siria y Jordania desviaron las aguas del río Baniyas, un afluente del Mar de Galilea, acto provocativo que inutilizaba al Gran Acueducto Nacional. Inmediatamente, la aviación israelí bombardeó las obras hídricas sirias, engendrando una de las causas de la Guerra de los Seis Días de 1967.

Con las Alturas del Golán ocupadas, Israel no tiene mayores problemas de abastecimiento de agua, por eso en caso de que Siria recuperase el territorio perdido, es seguro que Tel Aviv le impondría restricciones sobre el río Baniyas y el acceso al Mar de Galilea porque esto pondría en peligro su propia provisión de agua dulce en una época que se prevén fuertes crecimientos demográficos en Israel y en los territorios palestinos ocupados.

Detrás de las negociaciones

Sin embargo, tanto Israel como Siria tienen otros intereses en mantener el diálogo, más allá del resultado final. El presidente israelí Ehud Olmert está atravesando una crisis política por varios casos de corrupción que salieron a la luz en las últimas semanas y además encabeza una débil coalición de gobierno, hechos que han levantado las voces de los opositores acusándolo de querer montar falsas negociaciones para distraer la atención pública.

Por otro lado, Israel busca hacer concesiones a Siria para propiciar el alejamiento de Irán, quedando Teherán, de esta manera, como único estado enemigo de Tel Aviv en Medio Oriente.

En tanto, el presidente sirio Bachar al Asad aspira a recuperar la confianza de Occidente al solicitar que Washington se involucre en este proceso de diálogo, para reanudar las relaciones bilaterales interrumpidas, luego de que George Bush incluyera a Damasco dentro del “Eje del Mal”.

Pero, para ello Siria debe renunciar a su alianza estratégica con Irán, cortar el apoyo al partido libanés Hezbolá y expulsar de su territorio a la cúpula del grupo palestino Hamas, que gobierna aislado la Franja de Gaza y que tiene su sede en Damasco.

Más allá de que son repudiables las acciones contra civiles israelíes llevadas a cabo por Hamas, si Siria llegara a quitarle el asilo a esta agrupación, sería la tercera vez que un país árabe, con el fin de mejorar las relaciones con Israel, actúa en contra de líderes palestinos a los que antes les prestaba ayuda. La primera, fue la expulsión de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) de Jordania, cuando el grupo de Yaser Arafat atentó contra asentamientos israelíes en el río Jordán en 1969. La segunda ocurrió durante la invasión israelí al Líbano en 1982, cuando miles de palestinos fueron masacrados por milicias cristianas falangistas libanesas con la complicidad del entonces ministro de Defensa israelí Ariel Sharon y los sectores prooccidentales del Líbano

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