Turbulencias energéticas en América Latina

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 28/04/2008)

Es evidente que el oscilante panorama político de América Latina provoca fluctuaciones en las políticas energéticas nacionales y regionales. Los temores ante los posibles cambios en las reglas del juego de abastecimiento de combustibles y electricidad, por parte de los países que cuentan con mayores recursos hacia los que los importan, generan cruces diplomáticos y tornan más volátiles las relaciones intercontinentales.

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Muchas de esas reglas perjudicaron durante decenios a los sectores más débiles de las sociedades latinoamericanas. Por eso, vuelve a surgir el viejo dilema de privatizar o estatizar los sectores energéticos nacionales o de combinar ambos modelos equitativamente.

Estas discusiones sobre qué modelo aplicar se manifiestan con violencia en algunos países de la región, lo que pone en peligro el suministro energético en varios países del continente. Tal es el caso de Bolivia, que desde que en mayo de 2006 el gobierno de Evo Morales nacionalizó gran parte del sector de hidrocarburos, surgieron presiones de las compañías multinacionales para evitar quedarse afuera de la cadena comercial energética, del gobierno de Brasil por el encarecimiento del gas que importa de ese país y de los sectores ricos y latifundistas del oriente boliviano.

Autonomía que huele a gas

El referendo autonómico que se va a realizar el próximo domingo en los departamentos ricos en recursos como Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni está relacionado con la participación en las ganancias de exportación del gas. Estos departamentos, que producen un 65 % del PIB boliviano, no están dispuestos a aceptar la nueva Constitución aprobada por el oficialismo en diciembre pasado, que les quita autonomía a estas provincias más prósperas, pero que también promueve la redistribución de la riqueza.

El presidente venezolano Hugo Chávez advirtió que, si las diferencias se acentúan, crece el peligro de que se interrumpa el suministro de gas boliviano hacia Argentina, Brasil y Chile. Sin embargo, el referendo, que no va a ser avalado por la OEA, es un arma con la que los departamentos orientales cuentan para poder negociar con mayor fortaleza la coparticipación de las ganancias del gas.

Al conflicto boliviano se suma la victoria de Fernando Lugo en los comicios presidenciales paraguayos. El ex obispo plantea un cambio en el criterio de la negociación sobre la energía hidroeléctrica que Paraguay comparte con Argentina y Brasil, mediante las represas de Yacyretá e Itaipú.

El 95 % de la energía eléctrica que consume Paraguay se cubre sólo con el 5 % de la producción de Itaipú y Yacyretá. El resto de la energía se la vende a Brasil a un quinto del precio internacional y a Argentina a un tercio del valor real. Brasil se manifestó prudente frente a este tema, adelantó que iba a ayudar a Paraguay a desarrollarse, pero no se mostró demasiado predispuesto a cambiar el precio de la energía eléctrica paraguaya.

Con respecto a Argentina, Lugo anunció que también va a plantear un aumento en el precio de la electricidad, pero la negociación no va a comenzar hasta el 15 de agosto, que es la fecha de la asunción del presidente electo.

La discusión sobre la participación de capitales privados en el sector energético alcanzó a la empresa estatal petrolera mexicana Pemex. Pero, es EE.UU. el país que más interesado está en que México continúe exportando su petróleo y la solución más rápida – pero socialmente la más costosa – la constituye el ingreso de tecnología que aportan los inversores privados.

Energía Vs. alimentos

A esta disputa se añade la pelea de los países por la conveniencia de reemplazar los hidrocarburos por biocombustibles. Brasil es el mayor productor de combustibles agrícolas de América Latina. Estimula este sector de la producción para contrarrestar el peso regional que adquirió Venezuela, que cuenta con las reservas de petróleo más voluminosas de la región.

Los detractores de los biocombustibles advierten que el precio de los alimentos puede incrementarse al utilizar las tierras cultivables para producir energía.

Por causa de la incertidumbre sobre el aumento del costo y en el peor de los casos el desabastecimiento energético, Argentina continúa cooperando con Venezuela en el desarrollo de una planta regasificadora para poder importar gas licuado desde Caracas. Mientras tanto, Chile y Uruguay siguen dependiendo del gas que Argentina le envía desde Bolivia. Colombia seguirá recibiendo el petróleo venezolano, excepto que las FARC vuelvan a sabotear oleoductos. Por su parte, Perú no va tener inconvenientes en seguir abasteciéndose del petróleo ecuatoriano.

Los únicos focos de posible desestabilización del abastecimiento energético son por motivos diferentes Bolivia y Paraguay, a lo que habría que agregarle el impacto de la desaceleración económica de EE.UU. Sin embargo, América Latina, por los elevados precios de las materias primas que produce y por la cooperación interregional en materia energética, está bien preparada para afrontar turbulencias a corto plazo.

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