Tensión entre las Coreas luego del giro a la derecha de Seúl

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 14/04/2008)

El giro a la derecha que Corea del Sur dio en diciembre, cuando los conservadores volvieron al poder, fue ratificado la semana pasada en las elecciones legislativas, en las que volvió a triunfar el Gran Partido Nacional, lo que supone un agravamiento de la crisis nuclear en la península coreana y una consolidación mayor de los sectores más duros del Pentágono.

Ver también: Corea del Norte vuelve a mostrar los dientes

2008_04_15_korea3aPresidente norcoreano Kim Jong il y presidente sudcoreano Lee Myung Bak

Luego de una década de gobiernos progresistas en Corea del Sur, el acercamiento y la cooperación entre las dos Coreas logró recuperar la confianza mutua que les permitiría alcanzar el objetivo final: la reunificación y el fin del peligro nuclear.

Sin embargo, la dureza del nuevo presidente surcoreano Lee Myung Bak provocó una nueva crisis y la tensión sigue creciendo a pesar de las múltiples reuniones diplomáticas que se están llevando a cabo entre los representantes de los países interesados en el problema: EE.UU., Japón, China, Rusia y las dos Coreas.

A mediados del año pasado se había alcanzado un nuevo acuerdo entre Washington y Norcorea, por el cuál el gobierno comunista de Pyongyang se comprometía a poner fin a su programa nuclear a cambio de que EE.UU. le suministrara energía y alimentos a este país devastado por la hambruna y la sequía.

Triunfo conservador y aumento de tensión

Pero, el líder norcoreano Kim Jong il suspendió parcialmente el programa nuclear, ya que el 16 de diciembre triunfó en las elecciones el actual presidente surcoreano Lee, cuyos ataques a Corea del Norte en la campaña electoral avizoraban un fuerte enfrentamiento entre ambos países.

Aduciendo que Seúl ya no cooperaría más, Pyongyang decidió suspender provisoriamente el acuerdo con EE.UU. Luego de las elecciones legislativas de la semana pasada, Corea del Norte reaccionó expulsando a varios diplomáticos surcoreanos y lanzando misiles al mar para demostrar su poderío.

No es la primera vez que Kim Jong il decide mantener su programa nuclear militar a pesar de haber suscripto lo contrario, ya que su fuerza bélica es el único método que tiene para presionar a Washington – y ahora a los conservadores surcoreanos en el gobierno – para poder recibir por un lado combustible y alimentos y por el otro lograr aferrarse al poder.

Corea del Norte no dispone de recursos energéticos propios, por eso para producir electricidad necesita centrales nucleares, que ya ha utilizado también con fines militares, o bien un suministro externo.

Por su parte, los sectores más belicistas de la Casa Blanca ven en Corea del Norte una excusa para mantener una política de amenaza constante, ya que varias veces han manifestado que los misiles intercontinentales norcoreanos pueden alcanzar la costa oeste de EE.UU. y además utilizan esta crisis para poder disputarle la influencia en la región a China y Japón.

Tanto Corea del Norte como EE. UU. no tienen intención de lanzar una guerra, debido a que Pyongyang no dispone de peso suficiente para enfrentar a Washington, EE.UU. está muy ocupado en Irak y Afganistán y Corea del Sur ha promovido la paz desde 1998 para no verse arrasada en un enfrentamiento nuclear con su vecino.
En 1994, 2001 y 2005 Pyongyang y Washington firmaron los mismos acuerdos y en cada caso ambos países se acusaron mutuamente de haberlos violado, cuyas consecuencias fueron la reapertura de las centrales nucleares norcoreanas y la suspensión de la ayuda norteamericana.

Apoyo norteamericano al nuevo gobierno surcoreano

Sin embargo, la dureza del nuevo gobierno surcoreano contó con el visto bueno de Washington, cuyo gobierno republicano pretende firmar un Tratado de Libre Comercio antes del fin del mandato del presidente Bush, ya que la oposición se manifiesta en contra y en caso de que los demócratas accedan al gobierno el acuerdo comercial podría no ver la luz.

Con los gobiernos surcoreanos anteriores había fuertes discrepancias entre Seúl y Washington con respecto a Corea del Norte, por eso las tensiones con Pyongyang lograban aplacarse. Pero ahora, el entendimiento entre los dos gobiernos conservadores anuncian tiempos de beligerancia, lo cuál podría producir una reacción más agresiva de Pyongyang, para lograr equilibrar la balanza al haber perdido un gobierno amistoso en el sur.

De esta manera, podría suspenderse el círculo que estaba conformado por: la firma de un acuerdo (EE.UU. con Corea del Norte), incumplimiento de ambas partes, demostración de poder por parte de Pyongyang, ataques diplomáticos y bloqueos por parte de Washington y nuevas negociaciones para alcanzar un nuevo acuerdo.

Japón renovó las sanciones económicas contra Norcorea, Washington negocia pero mantiene su postura de dureza y Corea del Sur se muestra inusualmente agresiva con Pyongyang.

El único aliado que tiene Corea del Norte es China, país que debe moderar el sostenimiento del régimen dictatorial de Kim Jong il si pretende mejorar su imagen internacional ante la cercanía de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Por eso, el triunfo electoral de los conservadores en Corea del Sur le agrega a esta región nuclear un ingrediente que la torna aun más volátil.

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