El avance de China en América Latina

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 09/04/2008)

Cuando en 1823 Estados Unidos proclamó la doctrina Monroe, la cuál estaba orientada a evitar la intromisión de las potencias europeas en el continente americano, estaba muy lejos de prever que su tradicional área de influencia se vería económicamente amenazada por el despertar comercial de China luego de la apertura iniciada tras la muerte de líder Mao Tse Tung.

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El impulso que tomó la economía china, que desde 1978 crece a un promedio de 9,5 % anual, se parece al de un vehículo que fue acelerando su marcha lentamente hasta alcanzar una velocidad tal que podría poner en riesgo el control sobre sí mismo. La creciente industrialización necesita materias primas y combustible y su enorme población, alimentos.

Mientras que Estados Unidos aplica una reducción en las tasas de interés para enfrentar la posible recesión, China hace lo contrario para desacelerar la economía, ya que si llegara a fallar uno de los engranajes que conforman el alto ritmo de crecimiento, la consecuencia podría sumir al país en una depresión de características impredecibles.

América Latina produce todo lo que China busca: alimentos que le proveen Argentina, Brasil y Chile; petróleo que le compra a Argentina, Ecuador y Venezuela; hierro y acero a Brasil; cobre y estaño a Bolivia. Además, tiene algunos objetivos políticos, como por ejemplo la integración de organizaciones regionales y el apoyo cuantitativo en el conflicto que mantiene con Taiwán.

Sin embargo, como contrapartida de las oportunidades abiertas por la voracidad importadora china, se encuentra la masiva producción a bajo costo del gigante asiático, conformada por los bienes de media y alta tecnología, calzados, juguetes, marroquinería y productos textiles, que amenazan a las industrias latinoamericanas.

La alianza comercial que China mantiene con Brasil aumenta a paso agigantado desde 2004. Las inversiones comunes entre las poderosas empresas petroleras Sinopec, de china, y la brasilera Petrobras son estratégicas para ambos estados, como también lo son el desarrollo de la infraestructura portuaria y ferroviaria brasilera por parte de compañías chinas.

Con respecto a nuestro país, en 2007 el intercambio comercial con China llegó a rozar los 10 mil millones de dólares. Las importaciones provenientes de este país crecieron un 62%, cifra que situó a Pekín como tercer proveedor de Argentina, por detrás de Brasil y EE.UU., amenazando con desplazar a Washington si se mantiene el ritmo de importación. Mientras que Argentina le aporta a China el 30 % de la soja que consume.

En Venezuela, la alianza con China se basa en la venta de petróleo por parte de Caracas para reducir la dependencia de EE.UU. Además, Pekín está desarrollando un radar para vigilar la frontera con Colombia y está construyendo un satélite que permita mejorar las comunicaciones en todo el continente.

La relación con Chile es muy fructífera desde 2006, cuando ambos países firmaron un tratado de libre comercio, que permitió eliminar las tarifas aduaneras en un 92% en las exportaciones chilenas y en un 50% en los productos que China le vende a Chile. Los productos mineros son los principales artículos que Santiago exporta hacia Pekín.

La alta industrialización que tiene Chile favorece la presencia de inversores chinos que no pueden establecerse en otras regiones de América Latina.

La relación que China mantiene con México es diferente al del resto del continente, ya que está caracterizada por la competitividad. El desequilibrio comercial que hay entre los dos países ha provocado la quiebra de varias industrias mexicanas, sobre todo textiles, debido a que la mano de obra barata china le permite producir manufacturas a bajo costo con las que los productores mexicanos no han podido competir.

Cautela

Mientras China se afianza en la región, EE.UU. observa. Washington y Pekín rivalizan en el despliegue de sus influencias en África, Asia Central y ahora en América Latina, y también compiten en la búsqueda de los escasos recursos energéticos que permiten mantener vivas a las industrias. El crecimiento lleva a China desesperadamente a buscar materias primas en América Latina, pero Pekín evita dar un mal paso, que sería por ejemplo la alteración de la casi nula injerencia en la política de la región.

China se acaba de convertir en el segundo socio comercial de EE.UU., detrás de Canadá y delante de México, por eso procura mantener esa ventajosa relación, sin embargo el escenario podría cambiar si Pekín decidiera influir más políticamente en América Latina, como lo hace en África, ya que Washington nunca permitiría que se desafiara a la siempre vigente Doctrina Monroe.

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