La OTAN y Rusia buscan influir en Europa Oriental

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

La amenaza que supone para Moscú el desplazamiento de la OTAN hacia las fronteras rusas hace temer por la seguridad energética de Europa ante una posible reacción desfavorable del Kremlin. El viaje que el presidente norteamericano George W. Bush inició ayer por Europa Oriental está relacionado directamente con la voluntad de incluir a Georgia y Ucrania dentro de la organización militar atlántica y de convencer a los aliados europeos de Washington sobre las ventajas que aportaría esta ampliación.

Ver también: Se agudiza la nueva guerra por los recursos en Europa Oriental

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Europa Oriental

El crecimiento de la OTAN hacia el este está llegando a un límite intolerable para Rusia, debido a que EE.UU. planea incluir a ex aliados rusos, que hasta hace cuatro años tenían gobiernos muy afines a Moscú y que fueron reemplazados por mandatarios prooccidentales por medio de las llamadas Revoluciones de Colores (Georgia 2003; Ucrania 2004).
El avance de la OTAN sobre países de la órbita rusa y la construcción del Escudo Antimisiles norteamericano en Polonia y la República Checa van a formar parte de la agenda de debate entre los presidentes salientes Bush y su par ruso Vladimir Putin, el próximo sábado en la ciudad rusa de Sochi, en donde se van a realizar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2012, y en los que Rusia se mantiene expectante por la posibilidad de sufrir un boicot similar al que está experimentando China con los Juegos de Pekín y la independencia del Tíbet.

Desde hace dos años el suministro de gas que recibe la UE desde Rusia es fluctuante, ya que el paso de los hidrocarburos se realiza a través de Ucrania y Bielorrusia, y la tirante relación que mantiene Moscú con estas dos ex repúblicas soviéticas ha provocado que Rusia limitara la provisión de gas, privando a la UE de mantener cien por ciento activas sus industrias. Además, el monopolio del gas en Europa Oriental lo sigue administrando Moscú desde la época de la URSS, por eso puede fijar las tarifas a su antojo y presionar a la UE, que importa de Rusia el 40 % del gas que consume.

Nabucco: el gasoducto europeo

Por eso, Bruselas ha encarado el ambicioso proyecto de extracción de gas de Azerbaiyán, cuya plataforma marítima del Mar Caspio es rica en hidrocarburos. El nombre de esta red de gasoductos financiada por compañías europeas, que va a continuar por Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria y Alemania, lleva el nombre de una ópera de Giuseppe Verdi: Nabucco.

La trayectoria que va a seguir evita transitar por territorio ruso, para intentar deshacerse del dominio energético de Moscú. El proyecto ya ha sido aprobado y podría estar finalizado en 2013, luego es muy probable que se una Irán como otro proveedor más y que alcance más de 3 mil kilómetros y cueste 5 mil millones de dólares.

La inclusión de Irán es un punto controvertido entre Washington y Bruselas, y a pesar de que ambos apoyen el proyecto Nabucco para limitar la influencia de Rusia, EE.UU. se opone a que el régimen de los ayatolas disponga de aire fresco en sus exportaciones de gas y petróleo.

South Stream: el gasoducto ruso

En medio de las internas que retrasan la concreción del gasoducto Nabucco, se aprobó en enero de este año la construcción de la red de gasoductos rusos South Stream, que va a cumplir una función similar a la del proyecto europeo, pero Moscú especula con la necesidad de aprovisionamiento de gas que tiene Europa y decide tender otra costosa red paralela y para eso necesita el apoyo de los países de Europa Oriental recientemente integrados a la UE.

La empresa estatal rusa Gazprom junto con la italiana ENI son los promotores de South Stream, que va a partir desde Rusia, va a atravesar el Mar Negro y va a volver a emerger en Turquía para luego llevar el gas hacia Grecia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Italia y Serbia.

Aunque el gasoducto ruso de 900 kilómetros sea más corto que Nabucco, el costo va a superar los 10 mil millones de dólares, ya que su tramo submarino es muy caro de mantener.

Las voluminosas reservas de gas de Rusia no son la única carta fuerte de Moscú, ya que los estratégicos movimientos geopolíticos que Gazprom realizó durante este año han posicionado a Rusia en una escenario de liderazgo en la exportación de gas. La compañía rusa adquirió el 51 % de la red de gas serbia, acordó compartir equitativamente los beneficios del paso de South Stream por Bulgaria y compró la mitad del centro de almacenaje austríaco de gas Baumgarten.

Esta transferencia de divisas que Rusia aportó a los países europeos orientales con la compra de las redes de gas y los supuestos beneficios que les otorgó al compartir las ganancias del nuevo proyecto colocan a los nuevos países europeos en una situación que no pueden dejar de lado y que a su vez contribuye a tornar casi irrisorio al gasoducto Nabucco, que es promovido por Bruselas para evitar la manipulación de Rusia.

Sin embargo, este supuesto triunfo energético de Rusia constituye una pequeña batalla ganada en comparación con lo que significa la instalación del Escudo Antimisiles norteamericano y la imparable ampliación de la OTAN sobre la ex URSS.

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