Rusia: Se recalienta la Nueva Guerra Fría

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

La suspensión del cumplimiento del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) por parte de Rusia, que entró en vigor la semana pasada, está relacionada con el aumento de tensiones dentro de la Nueva Guerra Fría, que se está llevando a cabo entre Estados Unidos y la Unión Europea por un lado y Rusia y China por el otro desde el inicio de la Guerra de Afganistán en 2001.

Ver también: El polémico escudo antimisiles
Ver también: Guerra por los recursos en el Mar Capio y Asia Central

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Presidente Vladimir Putin

Mediante este tratado, firmado en pleno enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, se limitaba la cantidad de efectivos militares y de armamento no nuclear de los estados de la OTAN y de Rusia en Europa. Con la interrupción del FACE, se teme una nueva carrera armamentista, que pueda desequilibrar la estabilidad europea, que se ha mantenido casi inalterada a favor de Occidente desde el fin de la URSS en 1991.

Esta reacción de Rusia se debe a tres factores. El primero es el abandono unilateral que Estados Unidos hizo del Tratado Antimisiles Balísticos (ABM, por sus siglas en inglés), en 2002, acto que Rusia aceptó bajo protesta porque en ese momento no podía sostener la construcción masiva de armas de largo alcance.

El segundo motivo, es el plan avanzado de la Casa Blanca por el cuál pretende implantar un escudo antimisiles en países ex aliados de Rusia – Polonia y la República Checa – por un eventual ataque proveniente desde Irán.

La tercera causa es la madre de las otras dos: la Nueva Guerra Fría energética que se está desarrollando en el espacio post soviético, en Europa Oriental y en Asia Central, por el que las potencias se enfrentan, a través de empresas multinacionales, para extraer los nuevos y voluminosos recursos de gas y petróleo descubiertos recientemente en esta zona.

Esta región de tradicional influencia rusa había sido explotada sólo por Moscú y vedada para Europa y EE.UU., sin embargo, luego de la caída del gigante soviético, las compañías petroleras occidentales se acercaron tímidamente a la región. Pero, la consolidación de la presencia estadounidense sucedió en 2001 con el inicio de la guerra de Afganistán, que propició la llegada de contingentes militares que no solamente luchaban contra los talibanes, sino que también preparaban el terreno para una masiva afluencia de capitales en busca de los hidrocarburos por los que Rusia ya no estaba en condiciones de luchar.

Desde 2005, Rusia comenzó a recuperar el terreno perdido al estrechar su alianza con China, Irán y varios países ex soviéticos para formar un bloque antioccidental.

En los últimos diez días, al mismo tiempo que Rusia suspendía la aplicación del tratado FACE, Moscú tomó otras medidas de protesta contra el avance de la OTAN hacia el este. Entre ellas, las pruebas de misiles que son capaces de perforar el escudo europeo de EE.UU., el incremento de inversiones en el programa nuclear iraní y la paralización en todo el territorio ruso del British Council, el organismo que promueve la cultura británica.

En medio del endurecimiento de Moscú, EE.UU. y la Unión Europea volvieron a respaldar la independencia de la provincia serbia de Kosovo, hecho que torna el panorama aun más inestable, ya que Rusia se opone fervientemente.

El viernes pasado la Unión Europea (UE) aprobó el envío de 1.800 jueces y funcionarios que van fiscalizar la vida diaria de los pobladores. Aunque Europa lo niegue, esta es una forma velada de separar a Kosovo de Serbia y de situarlo dentro de su propia esfera de influencia.

Para poder disuadir a Serbia, la UE sugirió a este país que podría ser candidato a formar parte de los Veintisiete a cambio de que permitiera la independencia de Kosovo. Serbia respondió negativamente y calificó esta idea de “propuesta indecente”.

Pero, la UE va a esperar hasta marzo de 2008 para apoyar la declaración independentista de Kosovo, ya que en enero se van a realizar elecciones en Serbia. Europa teme que crezcan los partidos nacionalistas antieuropeos.

El punto de fricción con Occidente se debe a que Rusia apoya que Kosovo disponga de una amplia autonomía en lugar de la independencia absoluta, que debilitaría a su aliado serbio.

Varios analistas concluyen que el endurecimiento de Rusia se produjo para fortalecer la posición del presidente, Vladimir Putin, en los comicios legislativos pasados y que la suspensión del FACE apunta a las elecciones presidenciales de marzo, en las que el mandatario no puede participar, pero podría ser nombrado Primer Ministro del nuevo gobierno, ya que hay altas posibilidades de que triunfe su partido, Rusia Unida.

Sin embargo, la interrupción del FACE no significa el retiro de Rusia del tratado, sino una fuerte medida de protesta contra el avance de la OTAN y la UE sobre sus antiguos territorios. Moscú no está dispuesta a iniciar una carrera armamentista, porque su economía no lo permite, y además todavía está vivo el recuerdo de la implosión soviética por causa del derroche de inversiones en armamentos, que intentaban alcanzar una simetría con Washington.

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