Asia: los conflictos más relevantes del 2007

Por Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado en el diario BAE el 12/12/2007

El año 2007 comenzó con una buena noticia, el conflicto entre Corea del Norte y EE.UU. se habría solucionado. La firma de un acuerdo por el cuál Norcorea se compromete a cerrar sus plantas nucleares a cambio de combustible y alimentos provistos por la comunidad internacional parece estar dando buenos resultados. Sin embargo, ese mismo tratado se había firmado en 1994, 2001 y 2005.

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Cada vez que Washington requiere de la presencia de una amenaza internacional, interrumpe el suministro a Corea. Lo mismo ocurre con el dictador Kim Jong il, que apela a la solución nuclear cuando pretende obtener beneficios energéticos para continuar aferrado al poder. Por lo tanto, es probable que durante este año se vuelvan a producir fricciones promovidas por alguna de las partes.

En Afganistán, las predicciones sobre el rearme y el aumento de la ofensiva talibán en 2007 se han cumplido. No fue difícil vislumbrar este escenario, ya que, a pesar de que la OTAN haya enviado más tropas, EE.UU. se mantuvo ocupado en la contienda bélica de Irak.

En Kabul, el año pasado se inició con el ataque al vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, con una bomba que explotó a pocos metros de donde se encontraba durmiendo.

Mientras el líder de los talibanes, el Mullah Omar y la cabeza de Al Qaeda, Osama Bin Laden continúan enviando mensajes grabados desde su misteriosa ubicación, el jefe de los talibanes en Afganistán, el mullah Dadullah Lang fue asesinado en mayo.

Pero, el aumento de reclutamientos de combatientes talibanes en Pakistán, que luego cruzan la frontera hacia Afganistán, fue una de las causas que agravó esta guerra que ya lleva más de seis años.

Precisamente, la insurgencia islámica creciente dentro de Pakistán, promovió que los sectores más duros de Washington advirtieran a su presidente aliado Prevez Musharraf, acerca de una incursión militar norteamericana en este país.

Desde 1996, se ha percibido la radicalización de los sectores islámicos pakistaníes. Los ataques del 11 de septiembre de 2001, sobre EE.UU., ubicaron a Musharraf en la difícil posición de contener la olla a presión que es el extremismo.

La violencia contenida por los sectores islámicos, que vivían bajo la dictadura de Musharraf, explotó en julio de 2007 cuando un grupo de cientos de estudiantes y de militantes armados tomaron la Mezquita Roja de Islamabad, como símbolo de resistencia contra el ejército. El desalojo por la fuerza dejó 59 muertos.

Washington apostó por un Pakistán tranquilo con el regreso al país de la ex Primer Ministro, Benazir Bhutto, que había hecho un pacto con Musharraf por el cuál el presidente podría presentarse a otro período más a cambio de que a la ex mandataria se le conmutaran las penas por corrupción. Sin embargo, Bhutto fue recibida a los bombazos por militantes islámicos.

La alianza se resquebrajó cuando Musharraf anunció que iba a mantener su doble función de presidente y jefe del Ejército, medida vedada por la Constitución.

De todas maneras, Musharraf asumió su nuevo mandato sólo como presidente civil, pero vigilado y muy criticado por Washington, que no descarta intervenir durante este año para frenar el avance del islamismo.

Los frentes de combate norteamericanos en Asia parecen haberse multiplicado, pero el más caótico sigue siendo el de Irak A casi cinco años de la invasión, Al Qaeda, que antes de la guerra no tenía presencia en Irak, ya dispone de miles de combatientes en este país, los cuáles complican aun más este escenario, que tranquilamente podría calificarse de guerra civil.

El odio tras la ejecución de Sadam Husein se extendió por todo el país, y aunque la ONU condenó la muerte del líder derrocado, el Secretario general de esta organización, Ban Ki Moon, sufrió un sobresalto cuando en marzo un proyectil impactó a 50 metros de donde estaba pronunciando un discurso en la zona segura de Bagdad.

El Pentágono junto con los legisladores demócratas planearon una retirada gradual, pero aunque el partido opositor cuente con la mayoría de miembros en el Senado y haya votado el fin de la operación militar irakí como fecha límite fijada en marzo de 2008, el presidente George W. Bush vetó esta resolución. Por lo tanto, no hay una fecha precisa para la finalización de este conflicto que está fuera de control y que mantiene activo el enfrentamiento entre las comunidades musulmanas chiítas y sunnitas.

La situación se agravó cuando a mediados de 2007, Gran Bretaña anunció que iba a reducir la cantidad de efectivos militares. Pero, el verdadero sismo comenzó cuando Turquía realizó algunas incursiones militares en el norte irakí para amedrentar a los más de 3 mil kurdos rebeldes que atacan el territorio turco desde hace años.

La alianza entre Washington y los kurdos de Irak permite mantener la paz en el norte del país, que es precisamente donde se encuentran algunas de las mayores reservas de petróleo. La aprobación del Parlamento turco, que avala que sus tropas penetren la frontera de Irak en busca de milicias kurdas, surgió luego de que el Congreso norteamericano manifestara, en una sesión, el reconocimiento de la masacre de armenios perpetrada por el estado turco entre 1915 y 1923, un tema candente que enfrenta a Turquía no sólo con Armenia, sino ahora también con Francia y EE.UU.

En julio, el islamismo moderado ganó las elecciones. El temor de los EE.UU. se basa en que una posible ruptura con Turquía por diferencias políticas, por la cuestión armenia y el problema kurdo, no sólo desestabilice a Irak, sino que Washington se vea privado de todo el material bélico que introduce en este país a través del territorio turco: el 70% de los suministros aéreos, el 30% del combustible y el 95% de los vehículos resistentes a las minas colocadas por insurgentes.

A pesar de algunas turbulencias políticas, este año fue más beneficioso para Israel con respecto a Palestina. El enfrentamiento interno entre el sector más conciliador con Israel (Al Fatah) y el más detractor (Hamas), provocó que se registraran menos ataques suicidas que en épocas recientes, contra la población israelí.

En junio, la situación interna palestina no se sostuvo más y los esfuerzos por la paz quedaron truncos. El presidente Mahmud Abbas, que se muestra favorable a las conversaciones con Israel, declaró el cese del gobierno de unidad nacional, que compartía su partido Al fatah con los islamistas de Hamas, luego de que sus enemigos políticos tomaran completamente la franja de Gaza despojando a sus partidarios del poder.

Al pretender desestabilizar a Hamas, en represalia por el lanzamiento de misiles sobre territorio israelí, Tel Aviv deterioró considerablemente la situación social en Gaza, ya que limitó la circulación de mercancías, combustible y electricidad.

El dinero retenido por la recaudación de impuestos en este territorio fue entregado al presidente Abbas, que mantiene controlado el territorio de Cisjordania, con apoyo occidental.

La cumbre realizada en noviembre en la ciudad estadounidense de Annapolis abrió una esperanza para muchos, pero la mayoría de los analistas vaticinan un fracaso. Israelíes y palestinos se comprometieron a alcanzar la paz antes de que expire el mandato de George W. Bush, en enero de 2009.

Es muy improbable que durante este año se solucionen cuestiones tan complejas, algunas de las cuáles ya llevan un siglo sin ser resueltas, como el regreso de los refugiados palestinos, el retorno a las fronteras de 1967, la situación de Jerusalén, la guerra civil palestina, los asentamientos israelíes en Cisjordania, la existencia de grupos que disparan misiles contra Israel.

La anunciada guerra contra Irán no se produjo ni se va a producir durante este año por diversos factores.

En primer lugar, Europa acaba de firmar con Teherán un proyecto por el cuál se va a transportar gas iraní para evitar las ataduras de la dependencia energética de Rusia. En segundo lugar, EE.UU. no dispone de recursos militares para abrir un tercer frente, ni tampoco un sostén económico del Congreso. Además, el programa atómico iraní es apoyado por China y Rusia, que tienen grandes intereses en que se desarrolle.

Por último, en diciembre un informe de la inteligencia norteamericana reveló que Irán detuvo su desarrollo de armas nucleares en 2003.

La doble moral con respecto a las armas atómicas se volvió a ejercer entre EE.UU. e India. En julio, la llegada al poder de la presidenta Pratibha Patil ratificó el tratado nuclear con Washington suscripto en 2006. Mediante este acuerdo, las dos partes se comprometen a compartir tecnología y combustible para plantas atómicas, a pesar de que India sea una potencia bélica nuclear declarada y mantenga una carrera armamentista con su vecino Pakistán, que también está provisto de armas nucleares.

Para 2008 se prevé un aumento de la tensión entre China y EE.UU., principalmente por los recursos energéticos de Asia Central, la disparidad comercial entre ambos países, y el crecimiento económico de India, que claramente se ha situado dentro de la órbita de Washington.

Varios analistas sostienen, quizás con exageración, que el avance estadounidense en Asia tiene como meta una batalla final con China. Pero, por un lado, ambas potencias se necesitan mutuamente, y por el otro el progreso norteamericano se ha sostenido sólo en el terreno económico, ya que en el militar se encuentra parcialmente atascado.

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