Corea del Norte vuelve a mostrar los dientes

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

El lanzamiento de misiles de corto alcance hacia el Mar de Japón, efectuado por parte de Norcorea el 25 de mayo pasado, no constituye una maniobra dirigida a Tokio ni a Seúl, sino a Pekín y a Washington, países que tienen en sus manos la llave para resolver el conflicto de Corea del Norte.

Ver también: Corea del Norte sube la apuesta

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Una vez más, el misterio que rodea al régimen norcoreano dispara las más audaces e irracionales hipótesis, muchas de ellas malintencionadas y otras que derivan del escaso conocimiento del problema en la península de Corea.

Se ha llegado a formular que la conducta errática del líder de Norcorea, Kim Jong il, ha puesto al mundo al borde del peligro nuclear y que su personalidad no contribuye a que el problema se resuelva. Nada más alejado de la realidad que suponer que Corea del Norte actúa impulsivamente, por el contrario desde su debilidad mide y analiza cada paso, cada medida, cada declaración.

Tampoco es cierto que China sea el único estado que apoya al régimen comunista de Pyongyang, ni el único país capaz de persuadir a su enigmático líder. Pocos analistas ven el papel clave de Corea del Sur en esta encrucijada.

El país que más interés tiene en que se resuelva la crisis de Corea del Norte, es su vecino del sur, que no quiere ser arrastrado a una guerra nuclear entre Norcorea, Estados Unidos, Japón y probablemente China.

Por eso, el artífice del nuevo acercamiento entre las Coreas es precisamente Corea del Sur, que luego de los misiles lanzados por Pyongyang en julio del año pasado y de las pruebas nucleares que confirman que Corea del Norte ya es parte de la elite nuclear, se aferró del tratado de seis partes firmado el 13 de febrero en Pekín, para anunciar la normalización de las relaciones. El gesto de acercamiento se materializó en la construcción de un ferrocarril que une a los dos países después de 57 años de separación, el envío de arroz hacia el Norcorea y la organización de una campaña mundial para que la población de Pyongyang reciba alimentos.

Sin embargo, la autonomía de Seúl en este conflicto es limitada, ya que no debe apartarse demasiado de la política regional de Estados Unidos y de Japón. El mismo día que Corea del Norte realizó una nueva prueba de misiles, Corea del Sur había adquirido por mil millones de dólares un buque de alta tecnología capaz de derribar misiles, aviones y dispararle a otros buques al mismo tiempo. Muchos analistas suponen que esa es una de las causas de las pruebas misilísticas de Pyongyang.

¿Negociaciones estancadas?

Desde que el 13 de febrero se firmara en China una vez más el acuerdo definitivo por el cuál se ponía fin al conflicto entre Estados Unidos y Norcorea, el mundo pareció olvidarse de que ya se habían firmado varios pactos similares en 1994, 2001 y 2005.

El convenio establece que Corea del Norte se compromete a cerrar todas sus centrales de enriquecimiento de uranio, deshacerse de sus armas nucleares y permitir que inspectores internacionales verifiquen el cumplimiento de estos puntos, a cambio se reestablece el envío de petróleo y alimentos por parte de Estados Unidos.

Sin embargo, desde febrero que Pyongyang no puede acceder a varios de sus fondos congelados por Washington. Estados Unidos continúa exigiendo el desmantelamiento de las centrales nucleares, pero Corea del Norte denuncia que no las va a cerrar hasta que las transferencias están completadas.

Conclusión

No es la primera vez que se firma un tratado entre Corea del Norte y Estados Unidos, en realidad siempre se acordó lo mismo, pero nunca se cumplió. Cada país tiene su razón.

Corea del Norte recibió mucha presión de China para no retirarse de la mesa de negociaciones en febrero. Además, necesita urgentemente los alimentos y también el petróleo para poder producir energía y no tener que depender de la nuclear.

Estados Unidos elige tener como enemigo a Corea del Norte, tergiversa las versiones y pone como excusa que la transferencia de fondos no depende de Washington, sino de problemas burocráticos bancarios. De esta manera, el mundo ve a Norcorea con poca voluntad de finalizar este conflicto, cuando en realidad su posición de debilidad la fuerza a buscar una solución urgente.

Por eso, el lanzamiento de los misiles de corto alcance sobre el Mar de Japón no son una advertencia contra Tokio, sino que buscan llamar la atención de Estados Unidos y China, cuyos líderes van a mantener una reunión en junio en la cumbre del G8.

Corea del Norte habitualmente mantiene esa misma táctica, tensa la cuerda cuando Estados Unidos no cumple su parte. El año pasado decidió concretar su proyecto nuclear al probar dos bombas y demostrarle al mundo que habla en serio. Aunque es más probable que las utilice como método de persuasión a que las lance algún día sobre Japón o la costa oeste de Estados Unidos, transportadas por sus misiles intercontinentales probados con éxito a mediados de 2006.

A su vez, Washington confronta con Norcorea, hasta que se sienta en la mesa de negociaciones, pero luego manipula a su conveniencia el cumplimiento de los requisitos.

De la persuasión que pueda surgir en junio por parte del presidente chino Hu Jintao y de la buena voluntad del gobierno de George Bush, se pondría fin a esta crisis, al descongelar los fondos norcoreanos.

Si esto sucediera, Corea del Norte debería cerrar sus centrales nucleares, pero nada asegura que no se repita la crisis de 2002 en la que Estados Unidos interrumpió el suministro de petróleo y alimentos y Pyongyang reabrió su más importante central nuclear.


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