China – Taiwán: ¿Distensión o posible escenario bélico?

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

El rechazo de la comunidad internacional al acceso de Taiwán a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se suma a una serie de acontecimientos mundiales recientes y de la última década – como el crecimiento económico de China y la política de constante seducción de Occidente hacia Pekín – los cuáles sitúan a esta isla más cerca de la esfera de influencia de su rival que de la postergada autodeterminación.

2007_05_22_taiwan

Una historia de desacuerdos

La afirmación que el estatus de Taiwán no está determinado por las naciones del mundo no es cierta, ya que al finalizar la ocupación japonesa de la Isla en 1945, Taiwán fue devuelta – por las potencias vencedoras – a su dueña China. Luego, desde 1949 ocurriría la separación de facto iniciada por el líder nacionalista Chiang Kai-Shek.

La Guerra Fría condujo a que Estados Unidos y Japón se alinearan naturalmente con Taipei, sin embargo en 1971 cambió bruscamente el escenario. El gobierno norteamericano de Richard Nixon decidió estrechar lazos con China, por lo tanto Taiwán fue expulsado de la ONU para dar paso a la otra China gobernada por Mao Tse Tung.

Pero, formalmente Estados Unidos y Japón seguían ayudando económica y militarmente a Taiwán. Ese fue el principal motivo por el cuál Pekín no actuaba unilateralmente por la fuerza. De esta manera, cuando las relaciones con China se tensaban, Washington le otorgaba más apoyo a la Isla.

Luego de la muerte de Mao en 1976, China comenzó su etapa de progresiva apertura hacia el capitalismo desandando el camino recorrido por el antiguo líder comunista. Este vuelco en su política económica acercó más capitales occidentales y produjo que decayera la importancia económica regional de Taiwán, aunque su crecimiento se fuese multiplicando.

Sin embargo, en 1997 Estados Unidos y Japón incluyeron una cláusula en el tratado bilateral de seguridad, la cuál le posibilita a Tokio participar en cualquier conflicto regional. Este mensaje estaba claramente dirigido a China y la alertaba sobre cualquier intento de invadir Taiwán.

La incorporación de Pekín a la Organización Mundial del Comercio (OMC) posibilitó que Occidente ampliara sus mercados y relocalizara varias de sus compañías hacia suelo chino, cuyos gravámenes y mano de obra es mucho más conveniente para aquéllas. Inmediatamente, Europa levantó parcialmente el embargo de armas que pesaba sobre China desde 1989 por la masacre de la plaza Tiananmen.

En 2000 asumió en Taiwán el actual presidente Chen Shui-Bian, que se manifestaba a favor de la independencia de la Isla. China reaccionó movilizando tropas y barcos, pero el mandatario no llegó tan lejos y pospuso la declaración de independencia.

En 2005 la crisis pareció agravarse cuando Estados Unidos y Japón acordaron públicamente respaldar a Taiwán en caso de sufrir una invasión.

Una año después los desacuerdos se acentuaron, ya que el presidente Chen decidió retirarse del tratado Consejo Nacional de Unificación, un organismo que busca concretar la reunificación con China.

Distensión y acercamiento

Varias acusaciones de corrupción empañaron la gestión del presidente Chen, quien debió delegar parte de las carteras ministeriales que él mismo administraba. Por este motivo, en mayo nombró a nuevo Primer Ministro: Chang Chun-hsiung, quien mantiene buenas relaciones con Pekín por haber sido durante varios años el principal negociador con China para una salida pacífica del conflicto.

El presidente Chang pidió al nuevo Primer Ministro que negociara ante su gigante rival los siguientes puntos:

· la apertura de mercado de Taiwán para compañías chinas
· la extensión de una campaña publicitaria para que turistas chinos visiten Taiwán
· la negociación del aumento de vuelos directos de carga para estimular el comercio
· la resolución del itinerario de la antorcha olímpica para los Juegos de Pekín 2008

Pero, este cambio en el gobierno de Taipei no constituye el primer acercamiento entre las dos chinas, ya que la apertura económica de Pekín ha sido en gran parte estimulada por el capitalismo ya consolidado en Taiwán.

Diecinueve compañías taiwanesas se ubican entre las cien primeras firmas mundiales que exportan a China, superando a las empresas japonesas y surcoreanas. Además, las exportaciones de Taiwán hacia China se han quintuplicado en los últimos diez años de 10 mil millones a 48 mil millones de dólares anuales.

Asimismo en 2003, China desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial de Taiwán.

El mundo le da la espalda

El 14 de mayo Taipei sufrió un nuevo revés causado por el rechazo de la comunidad internacional a su postulación como miembro pleno de la OMS. Las consecuencias de esta acción es que sus 23 millones de habitantes no van a gozar de la cobertura internacional de salud ni de las campañas en contra de la gripe aviar que golpean particularmente a esta región de Asia.

Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea, Canadá y Japón no dieron su apoyo a la solicitud de Taiwán para ingresar a la OMS, además los países aliados taiwaneses no se presentaron o se abstuvieron de votar, con la excepción de Costa Rica, un amigo de Taipei que votó en contra.

Además en los últimos años el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscripto por Washington y Corea del Sur perjudica a la economía taiwanesa, por ello Taipei pidió avances en un nuevo TLC con Estados Unidos.

Año 2008

Muchos analistas consideran que 2008 va a ser un año clave en esta contienda, que lleva ya 60 años y es uno de los últimos resabios de la Guerra Fría.

La celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín va a acercar aun más a China al mundo y a Occidente, lo que va a provocar que Taiwán sufra un nuevo desaire. Además, en 2008 finaliza el mandato del presidente Chen y del flamante Primer Ministro conciliador. Mientras que el principal partido opositor, el Kuomintang, al que pertenecía Chiang Kai-Shek, no tiene demasiadas chances de alcanzar el poder, lo que provocaría que los pro independentistas llegaran de nuevo a la presidencia.

Conclusión

Dejando de lado los augurios de ciertos sectores ligados al conservadurismo norteamericano, que profetizan un inevitable conflicto regional con China originado en Taiwán, el futuro de esta disputa es complejo de prever. Existen tres posturas en Occidente con respecto a China y a la solución del problema de Taiwán:

1) Los halcones de Washington que actualmente defienden la dictadura monárquica de Arabia Saudita o la tiranía militar de Pakistán levantan las banderas de la democracia al criticar a China y promover una defensa militar de Taiwán, “la provincia rebelde”.

Este sector ha llegado a sugerir que se arme a Taiwán con un sistema antimisiles para prevenir un ataque de China, que tiene alrededor de 600 cohetes en cuatro provincias, que apuntan hacia la Isla. Esta idea es ineficiente, ya que se saturaría este sistema defensivo ante la desmedida capacidad agresiva de Pekín.

Los que buscan este choque son los que apoyan las intervenciones militares estadounidenses en Medio Oriente y Asia porque su objetivo final es privar a China de los recursos de hidrocarburos y preparar a Estados Unidos para un enfrentamiento directo con la potencia asiática en los próximos 20 años.

2) Pero, existen grupos de inversores que se oponen a esta idea y se benefician de las baratas importaciones chinas y de las violaciones a los derechos básicos de los trabajadores al establecer empresas en territorio chino y literalmente explotar a sus empleados.

Por supuesto, se oponen a un enfrentamiento mayor con China y son los principales promotores de abandonar a Taiwán como aliado y poner fin a la Guerra Fría en esa parte del globo. Además, tienen mucha influencia en el gobierno norteamericano, lo que ha permitido que Washington estreche más los lazos con Pekín.

3) El último grupo es el que denuncia las graves violaciones a los Derechos Humanos en China, la falta de democracia y el excesivo gasto militar en el que incurre este país. Ven con desagrado que Occidente le dé más importancia al flujo comercial con China que a las políticas represivas de Pekín. Celebran que se apoye a la democracia taiwanesa, pero hasta cierto límite, ya que no son partidarios de una impredecible guerra en esa región.

Dentro de esta facción se encuentran las industrias perjudicadas por el masivo ingreso de productos chinos a Occidente, y que además se ven privados de los subsidios estatales que pudiesen protegerlos.
En cambio, la perspectiva china es diferente. El ahogo político al que somete a Taiwán denota una paciencia y una cautela inusual para proceder en esta histórica contienda.

Ese sigilo se debe a tres razones. La primera fue heredada de los enfrentamientos con Estados Unidos de post guerra, ya que Pekín – por ahora – no está dispuesta a arriesgar su crecimiento económico de décadas por un enfrentamiento bélico con Japón y Occidente.

El segundo motivo que justifica esta espera es el aislamiento internacional de Taiwán, que mientras no tenga un desenlace favorable a China, aporta una gran volumen de ganancias en exportaciones, intercambio comercial y proyectos económicos conjuntos.

La tercera causa es que China comparte con Estados Unidos el deseo de tapar este enfrentamiento, que ya no constituye una puja ideológica sino claramente económica.

La espera podría jugar a favor de Pekín. Un cambio de gobierno en la Isla que concilie las posturas independentistas con las de China llevaría a que Taiwán alcanzase el mismo estatus que tiene hoy Hong Kong, es decir que mantendría su elevado nivel de vida con una amplia autonomía, pero dentro del territorio chino.

Si el mundo continúa cortejando a Pekín para poder beneficiarse de su mercado emergente y siguen prevaleciendo las posturas comerciales por sobre las bélicas, lo que conllevaría a no prestar atención a los reclamos de Taiwán, la solución estaría a la vista y el problema se resolvería a favor de China.

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