Chad: Al borde de dos guerras

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

La amenaza de una guerra contra Sudán y otra contra rebeldes internos se acrecentó cuando guerrillas supuestamente apoyadas por este país intentaron derrocar al gobierno de Chad. La catástrofe de Darfur, en Sudán, se ha extendido por el este de Chad y sobre todo cuando en 2003 se han descubierto importantes yacimientos de petróleo. Además, las empresas norteamericanas han retornado a la zona para extraer el crudo de Chad, lo que puede desestabilizar aun más la región.

Ver también: Chad Enfrentamientos con Sudán y el Banco Mundial
Ver también: ¿Qué intereses hay detrás de la masacre de Sudán?

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El gobierno de Chad rechazó el envío de 11 mil soldados de la ONU, cuya misión era mantener la paz en este país, cuyos enfrentamientos entre grupos rebeldes y el gobierno han agravado la ya desastrosa situación de cientos de miles de desplazados de naciones vecinas por guerras internas similares a las que se viven en este país.

Desde 2003, Chad se ha unido a los países exportadores de petróleo. A partir de esta fecha, grupos rebeldes supuestamente apoyados por Sudán han intentado combatir al gobierno del dictador chadiano Idriss Deby que gobierna el país desde 1990.

La conexión con Sudán

En abril del año pasado, un fallido golpe de estado perpetrado por los opositores armados al presidente produjo que Chad acusara a Sudán de financiar a guerrillas antigubernamentales, al mismo tiempo, Sudán acusó a Chad de estar brindando el espacio para que se reorganicen los grupos rebeldes que apoyan a la región sudanesa de Darfur, limítrofe con Chad, la cuál es rica en petróleo y la desigual redistribución de las regalías ha producido una guerra civil que lleva más de 4 años y ha dejado una cifra superior a los 200 mil muertos.

Debido a la guerra civil sudanesa, iniciada en 1983, las empresas norteamericanas se han retirado del sur de Sudán, antes de 2001, año en el que se descubrieron importantísimos yacimientos de crudo en la provincia occidental de Darfur. Durante 20 años, Washington junto con Uganda, Etiopía y Eritrea financió a las guerrillas cristianas del sur sudanés en contra del norte musulmán, que es el que gobierna el país desde la independencia de Gran Bretaña en 1956.

El auspicio de las negociaciones de paz impulsadas por EE.UU., con el objetivo de retornar al negocio petrolero, se vio trunco, ya que la misteriosa muerte del vicepresidente John Garang en 2005, el cuál en ese momento formaba un gobierno de coalición con los líderes musulmanes del norte, provocó que las empresas chinas aliadas al gobierno árabe de Sudán ocupasen el lugar de las norteamericanas y que la guerra civil se reavivase.

En este momento, EE.UU. quedó afuera del negocio de hidrocarburos, pero el descubrimiento de yacimientos en la frontera de Darfur, pero del lado chadiano, encendió una nueva esperanza de retorno a la región.

El contagio de Chad

Chad en este momento alberga a cientos de miles de desplazados por guerras que derivan de la exportación petrolera y de la injusta redistribución de las ganancias que arroja esta industria. La cantidad de desplazados provenientes de Darfur se estima en 200 mil, a esta cifra hay que sumarle 110 mil desplazados en el este de Chad por las guerras entre los rebeldes y el gobierno de Idriss Deby, a su vez, en el sur del país se encuentran unos 46 mil refugiados de la república Centroafricana.

La situación es muy grave, los campos de refugiados no dan abasto, ya que el este de Chad es uno de los lugares más secos del planeta. y los desplazados están recibiendo alrededor de 5 litros de agua por día, cuando deberían recibir por lo menos 15 litros.

La Unión Africana está intentando reducir la tensión entre Sudán y Chad y han propuesto la creación de fuerzas conjuntas entre estos dos países, para que vigilen las fronteras y pongan fin al cruce ilegal de milicias de ambos lados.

La paz es posible, siempre y cuando se cumplan los acuerdos firmados con Sudán y el gobierno de Chad incie una apertura política que derive en una justa distribución de las riquezas petroleras. Además, no sólo deben darse estas condiciones, sino que las compañías petroleras occidentales deben cooperar para evitar que la corrupción, ligada a la joven industria chadiana de hidrocarburos, reinicie un espiral de odio que puede provocarle a Chad las mismas desgracias que vive Sudán desde 1983.

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