Azerbaiyán: La revolución que no fue

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

Las condiciones estaban dadas. La oposición, preparada para una nueva “revolución de colores” similar a la de Georgia y Ucrania, sin embargo el oficialismo triunfó en las elecciones y Occidente no se opuso a los resultados, como en las otras ocasiones. ¿Por qué el presidente Aliev es uno de los mejores aliados de Washington en la región?

Ver también: Se desmorona la Revolución Naranja
Ver también: Guerra por los recursos en Asia Central

2005_09_19_aliev

Las condiciones estaban dadas. Se avecinaban las elecciones legislativas en Azerbaiyán, país dirigido por el dictador Ilham Aliev. La oposición tenía planeada una masiva concentración de personas en las calles de la capital Bakú para denunciar el fraude.

Funcionarios norteamericanos se reunieron durante todo el 2005 con miembros del bloque unido de opositores llamado “Libertad”. Varias ONGs occidentales estaban listas para actuar, al financiar a los militantes antigubernamentales.

El antiguo jefe parlamentario opositor, Rasul Guliev se preparaba para regresar al poder desde su exilio en Estados Unidos, llevado por los manifestantes que no reconocerían el triunfo presidencial, sin embargo el avión que lo llevaba de vuelta a su patria fue desviado a Ucrania, donde Guliev fue detenido por “razones de seguridad”.

Pero, las elecciones pasaron, triunfó nuevamente Aliev, ya que su partido obtuvo 64 de las 125 bancas parlamentarias, 40 escaños lo ocuparán partidos independientes cercanos al gobierno y sólo 15 consiguió el bloque “Libertad”.

¿Por qué debería haber ocurrido una revolución?

En algunas ex repúblicas soviéticas, desde noviembre de 2003 ha habido manifestaciones pacíficas multitudinarias que denunciaban fraudes electorales, cuya presión ha provocado el cambio de los regímenes anteriores prorrusos por gobiernos cercanos a Washington y la Unión Europea. Tal es el caso de Georgia, Ucrania y Kirguizstán.

Sin embargo, el papel decisivo estuvo a cargo de ONGs supuestamente financiadas por el magnate norteamericano George Soros y varios colaboradores cercanos a la ex ministra de Relaciones Exteriores del presidente Bill Clinton, Madeleine Albright.

Estas Organizaciones no Gubernamentales occidentales llevaron a cabo la tarea de financiar a los líderes opositores, y de organizar a los militantes para ejercer presión popular sobre los gobiernos cercanos a Moscú.

A su vez, la Unión Europea debilitó aun más a estos gobiernos con su órgano fiscalizador OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), que no reconoció los resultados de las elecciones en ninguno de los tres casos, como tampoco lo hicieron los observadores enviados por Washington.
¿Por qué no ocurrió?

Si bien Estados Unidos tuvo contactos con la oposición, esto no significó un apoyo explícito a su ascenso al poder. Al tener a Aliev de su lado en cuestiones energéticas, no fue necesario un cambio de régimen.

A pesar del constante coqueteo entre Aliev y Rusia, su gobierno nunca dejó de ser funcional a los intereses de las grandes empresas petroleras europeas y nortemericanas, que han inaugurado el oleoducto Bakú-Tiblisi-Ceyhan, del cuál se espera que pueda llegar a bombear 50 millones de toneladas de crudo anuales desde los puertos azerbaiyanos del Mar Caspio hasta el sur de Turquía, donde es recogido en el Mar meditarráneo por barcos occidentales.

Por otra parte, Azerbaiyán tiene la segunda reserva de petróleo del espacio postsoviético, el gobierno de Bakú desarrolló inversiones sociales, para protegerse de estallidos opositores, gracias al elevado precio internacional del combustible.

Nagorno Karabaj

Luego del respaldo de Occidente, que sólo mencionó tibiamente que las elecciones podrían haber sido más limpias, Aliev se siente el hombre fuerte de la región.

De acuerdo con la OTAN, no falta mucho para que Bakú solicite el ingreso en la Organización Atlántica.

Además, Aliev percibe que la militarización de la zona, por la custodia del oleoducto y de los recursos del Caspio, van a proveerle la ayuda necesaria en caso de que el conflicto del enclave de Nagorno Karabaj, custodiado por Armenia luego de la guerra (1991-1994), vuelva a resurgir por la vía bélica.

Armenia tiene apoyo militar de Rusia y Azerbaiyán no tolera la pérdida de este territorio habitado en su mayoría por armenios.

Si las tensiones llegaran a crecer, la actual guerra fría entre Rusia y Occidente por los recursos del Mar Caspio y Asia Central se calentaría por un nuevo conflicto armado entre Armenia y Azerbaiyán.
Conclusión

Azerbaiyán no sólo tiene petróleo, su estratégica ubicación geográfica permite a las potencias aliadas de Bakú el acceso al controvertido Mar Caspio, cuyas riquzas están disputadas por varios estados, entre ellos Rusia.

Además, su situación de país limítrofe de Irán permitiría, en caso de guerra, una invaión de la coalición occidental por el norte iraní.

Pero muchas veces Occidente no perdona el juego a dos puntas con Rusia y China. Tanto los gobernantes de georgia, como de Ucrania mantenían muy buenas relaciones con Occidente y con Rusia al mismo tiempo y cayeron en desgracia por las revoluciones dirigidas desde el Oeste.

El delicado equilibrio que debe ejercer Aliev para mantenerse en el poder está en la clave de cómo logre manejar las ventajas geográficas y de recursos minerales de Azerbaiyán. Cualquier movimiento en falso que ponga en juego las millonarias inversiones petroleras occidentales puede conducir a Aliev al mismo destino que los ex dictadores post soviéticos que fueron aliados de Washington.

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