EE.UU: Huracán Katrina, negligencia del gobierno

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

A un año de la masacre en la escuela de Beslán en Osetia del Norte (Rusia), en la cuál murieron 331 personas por la acción de la guerrilla chechena y de la imprudencia de las tropas rusas para dominar la situación, se produjeron en el mundo terribles catástrofes, causadas por la naturaleza y por el extremismo ideológico y religioso humano.

Ver también: Irak: Avalancha humana: consecuencias del extremismo

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Los aproximadamente 10 mil muertos por el huracán Katrina, en el sudeste estadouniudense, se suman a las más de mil víctimas fatales chiítas, que marchaban en Irak y que murieron por aplastamiento y por caer de un puente por una falsa amenaza de un suicida. Además, un tifón en China ya causó 85 muertos y la gripe aviar mató a 56 personas en Asia y ahora amenaza a Europa.

Hay que tener en cuenta que estas catástrofes se sucedieron sólo en una semana, no están contabilizadas las víctimas por enfermedades, como el SIDA, que por ejemplo en Swazilandia los portadores alcanzan a casi la mitad de la población.

Huracán Katrina: negligencia del gobierno

La indignación de la empobrecida población de los estados de Luisiana y Mississippi por los cinco días que tardó el gobierno de Washington en enviar ayuda (médicos, soldados, comida) se manifestó en la misma semana que se dio a conocer que la guerra de Irak está costando más que la de Viet Nam (5.600 millones de dólares mensuales contra 5.100).

Ray Nagin, alcalde de Nueva Orleans (la ciudad más afectada), criticó duramente al gobierno de George Bush y comparó la velocidad con que el Congreso de EE.UU. aprobó en menos de un día un presupuesto de 8 mil millones de dólares para los afectados de los ataques terroristas del 11-S.

Con la misma rapidez, Bush ordenó utilizar las reservas petroleras para paliar el paro que sufre el 27 % de la producción del país.

Mientras tanto, en Nueva Orleans, 50 mil personas, en su mayoría negros y de origen latino, están refugiadas en precarios campamentos de ayuda de la cruz roja, con escasez de alimentos y de ropa.

No hace mucho que Bush pronunció la frase: “Nuestros mejores solados están en Irak”. Esa frase ha sido recordada en estos días por las autoridades y por los habitantes de Nueva Orleans, que ahora necesitan de un equipo de rescate eficaz para que las pérdidas y las víctimas no se sigan multiplicando.

Michael Chertoff, secretario de Seguridad Interior de Estados Unidos, calculó los costos del temporal en 100.000 millones de dólares y en alrededor de 1 millón los desplazados.

Si bien, es inevitable contener semejante furia natural, los efectos podrían haber sido más leves, ya que el año pasado la administración Bush desoyó a los expertos que aconsejaban destinar más recursos en prevenir catástrofes, porque ese dinero se destinó a incrementar la participación de tropas en Irak.

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