Asia Central – Mar Caspio: Se agudiza la guerra por los recursos en Asia Central

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

Con la exigencia del gobierno de Uzbekistán a Estados Unidios de que abandone la base ubicada en su territorio, desde la que se lanzaban ataques y apoyo a las tropas antitalibanes en Afganistán, se inicia la tercera fase de la guerra por los recursos en Asia Central: un conflicto que abarca a las principales potencias y a las mayores corporaciones petroleras y de servicios del mundo.

2005_08_14_asiacentral

Asia Central

Contexto

A partir de la invasión a Irak, el gobierno norteamericano ya decidió cuál va a ser su fuente energética que ponga en marcha su creciente industria en el próximo medio siglo: el petróleo. La constante inestabilidad de la región por acción de la resistencia irakí, el enfrentamiento interno entre sunnitas y chiítas, la reanudación de la actividad nuclear por parte de Irán, el conflicto palestino israelí, la presencia de grupos extremistas musulmanes y la actitud de los desafiantes gobiernos de Siria y Líbano precipitaron a Washington a buscar su fuentes energéticas en el Mar Caspio y en Asia Central.

Estos territorios, que están estratégicamente ubicados, con grandes yacimientos de crudo y de gas, la paz no es moneda corriente, por el contrario la pretención de Estados Unidos de instalarse en la zona, torna a la región aun más voluble.

En la última década se han descubierto en el Mar Caspio importantes yacimientos de petróleo y de gas, pero el problema es que varios países limitan con este mar interior y todos pretenden sacar tajada de las ganancias. Estos países son: Rusia, Irán, Azerbaiyán, Kazajstán y Turkmenistán. Actualmente, no existe una legislación internacional que determine qué porción del suelo marítimo pertenece a cada país.

Una situación similar ocurre al este del Mar Caspio, en la región denominada Asia Central, que limita con China, Rusia y Afganistán y que está conformada por: Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Kazajstán.

Estas dos grandes regiones fueron parte de la Unión Soviética, y desde 1991 hasta el 11 de septiembre de 2001, los líderes han tenido lazos muy estrechos con Moscú. En cambio la población, que en su gran mayoría es musulmana ha sido restringida de profesar un islamismo que sea diferente al del oficial.

El islamismo promovido desde estos estados, que son en su mayoría autoritarios, prohibe a los movimientos fundamentalistas y de esta manera controla a la población imponiéndoles cómo debe ser su religión. Sin embargo, algunos grupos extremistas se han infiltrado en Asia Central, como el Movimiento Islámico de Uzbekistán, que fue entrenado en Afganistán por el régimen talibán.

En Tayikistán por ejemplo, luego de una guerra civil, a mediados de los 90s se firmó una tregua y se conformó un gobierno de coalición (entre ex gobernantes de la era soviética y ex guerrilleros musulmanes).

A partir de la caída de los talibanes, los extremistas musulmanes, que pretenden formar un califato desde el Mar Caspio hasta China, han visto mermado su poder, sin embargo los gobiernos locales siguen utilizando como excusa la lucha antiterrorista para ejercer un férreo control de la población.

Después del 11-S

Antes de los ataques a Washington y Nueva York de septiembre de 2001, Estados Unidos no tenía participación en el Caspio y en Asia Central. A fines de septiembre, antes de iniciar la guerra contra los talibanes, el gobierno de George Bush solicitó al gobierno de Uzbekistán de Islam Karimov una base denominada K2, a Kirguizistán la base de Manás y a Tayikistán un aeropuerto. Tanto Tayikistán como Uzbekistán son limítrofes de Afganistán.

Washington consiguió estas bases, en nombre de la lucha contra el terrorismo y la democracia en Afganistán, a cambio de grandes beneficios económicos para los países locales y del silencio ante las violaciones de los Derechos Humanos y del autoritarismo ejercido por los gobiernos de Asia Central contra su población.

Ya derrotados los talibanes, Moscú se dio cuenta de que había perdido grandes aliados en la zona, por eso inició su contraofensiva, las inversiones rusas en la región crecieron en Asia Central y las bases rusas en Georgia (país europeo muy cercano al Mar Caspio), vieron aumentados sus efectivos militares.

Pero, Rusia y Estados Unidos no son las únicas potencias que pretenden explotar los recursos de la zona, sino que empresas chinas y europeas también se fueron estableciendo, como la china Sinopec o la británica British Petroleum.

Tomando en cuenta que las potencias defienden por sobre todo los intereses de sus grandes empresas, sean estatales o no, la lucha de poderes por invertir en la región y no depender tanto de la energía del Golfo Pérsico, quedó planteada en dos bloques:

El bloque Ruso-Chino, que coopera ampliamente entre sí contra el bloque Estadounidense-Europeo, que también se han repartido el mapa en detrimento del primer bloque. En medio de todo esto, los países de Asia Central y el Caspio se reparten de manera pareja entre los dos bloques, pero cabe destacar que estos países son itinerantes, a veces están aliados a un bloque y a veces al otro.

Por su parte, China necesita desesperadamente cada vez más hidrocarburos para sostener su elevadísimo crecimiento industrial. Por ahora los importa de Rusia, pero en el futuro no le va a bastar lo que Rusia pueda brindarle por eso su voracidad inversionista en Asia central se acelera año a año.
Segunda Fase: Las Revoluciones de Terciopelo

La primera fase de la lucha por los recursos fue el establecimiento de bases norteamericanas en la región, luego del 11-S. La segunda se caracterizó por rebeliones populares que voltearon gobiernos de manera pacífica.

Habitualmente el gas del Mar Caspio es explotado por empresas rusas y transportado por oleoductos a Europa Oriental (Ucrania y Polonia principalmente), sin embargo estos oleoductos deben pasar por zonas conflictivas, tales como Chechenia, cuya población vive en una constante guerra contra Rusia, por su autodeterminación y su objetivo apunta a tomar parte en el negocio del transporte del petróleo y del gas.

Por eso, el bloque estadounidense-europeo y logró concretar la construcción de un oleoducto que une el Mar Caspio con el sur de Turquía, para llevar desde allí por barco el petróleo a todo el mundo. El ducto se llama Bakú-Tbilisi-Ceyhan, lo que significa que nace a orillas del Mar Caspio en la ciudad de Bakú, capital de Azerbaiyán, atraviesa Tbilisi, capital de Georgia y finaliza en el puerto turco de Ceyhan, en el Mar Mediterráneo.

El costo de este oleoducto fue de 3.600 millones de dólares y participan British Petroleum, Unocal, Total Final ELf,ENI, Conoco Phillips y otras compañías.

En noviembre de 2003, Estados Unidos dio un gran paso para arrebatarle la zona a Rusia. Financió el derrocamiento incruento del presidente Eduard Shevardnadze, que en ese momento cooperaba con Moscú. En connivencia con Rusia, el presidente creó un impuesto a las empresas extranjeras, que perjudicó en su mayoría a las norteamericanas. Ese fue el factor decisivo para la caída de Shevardnadze, ya que esto elevaba el costo de la construcción y utilización del oleoducto.

Aunque en el pasado, Georgia había sido aliado de Washington, pero el contexto regional era diferente.

En lugar de Shevardnadze, asumió un abogado de 36 años formado en EE.UU., llamado Mijail Saakashvili.

En diciembre de 2004, ocurrió otra revolución pacífica, pero ahora en Ucrania. También Europa y Estados Unidos estuvieron detrás de los hechos. Y por úlimo en marzo de 2005, un cambio pacífico de gobierno se dio en Asia Central, precisamente en Kirguizistán.
Tercera Fase: Grupo de Shanghai y dureza de Karimov

Las dos primeraas fases fueron ganadas por el bloque estadounidense-europeo, la tercera fase constituye un contraataque del bloque ruso-chino y sus aliados regionales. Como este período recién se inicia, no se puede saber quién será el ganador.

Luego del cambio de gobierno proestadounidense en Kirguizistán, el Grupo de Shanghai conformado por: Rusia, China, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán y Kazajstán, que se formó en 2001 y cuyo fin es combatir al terrorismo, se reunió en julio de este año y declaró su repudio a la presencia estadounidense en la región, esto incluye el abandono de la base de K2 en Uzbekistán y de Manás en Kirguizistán.
Islam Karimov, presidente de Uzbekistán. Exigió el retiro de EE.UU. de Asia Central
A todo esto hay que sumarle que en mayo de este año, una cruenta represión del gobierno uzbeko de Islam Karimov, que dejó entre 170 y 700 muertos (las cifras difieren según las fuentes), contra manifestantes que reclamaban la liberación de presos islámicos en la ciudad de Andizán.

Las fuentes oficiales de Uzbekistán adujeron que la manifestación comenzó de manera pacífica, pero luego se sumaron guerrilleros islámicos armados, por eso la policía comenzó la matanza indiscriminada.

Pero, organismos independientes de Derechos Humanos denunciaron que la policía le tiró a los manifestantes desarmados.

Inmediatamente, luego de estos hechos, la secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleeza Rice, anunció que va a promover una investigación independiente para que determine qué pasó exactamente el día de la masacre de Andizán.

La respuesta uzbeka fue la exigencia de que Estados Unidos se retire de su base, ya que según Karimov la situación en Afganistán se ha estabilizado.

Además la consolidación del bloque ruso-chino se acentuó también en el Mar Caspio, ganándole terreno a la coalición norteamericana, con la creación de una patrulla multinacional, formada por los países del Caspio afines a Rusia, con la excusa de prevenir el terrorismo, pero con el fin de controlar lo que aun Rusia mantiene bajo su esfera de influencia.

Sin embargo, para que esta empresa sea viable debe contar con el visto bueno de Naciones Unidas. De todas maneras es un paso adelante para dominar la zona.

Asimismo, las inversiones chinas de hidrocarburos y comunicaciones en Uzbekistán, Kazajstán y Tayikistán crecieron considerablemente durante el 2005.

Por su parte, el actual gobierno kirguiz, que supuestamente le debe su existencia a la ayuda de Estados Unidos, también manifestó, presionado en el marco de la reunión del Grupo de Shanghai, que EE.UU. debería retirarse de la zona.

Estados Unidos, al ver que su ex aiado Karimov se muestraba cada vez más hostil hacia Washington y más cercano a Moscú y a Pekín, sus nuevos aliados de Kirguizistán manifiestaron que Estados unidos debía irse y que las empresas chinas arribaban a Asia Central en grandes contingentes, decide mover a su alfil y amenzar a varias piezas enemigas.

El secretario de defensa norteamericano, Donald Rumsfeld realizó un viaje relámpago a Kirguyizistán y Tayikistán para hacerles acordar de quién manda. Luego de la entrevista con Rumsfeld, el nuevo presidente kirguiz, Kurmanbek Bakiyev, en un reportaje hecho por la tlevisión rusa, manifestó una gran contradicción: “La presencia de tropas norteamericanas responde a nuestros intereses nacionales. El problema de Afganistán está muy lejos de solucionarse”.

Por otra parte, el alquiler de la base de Manás representa el 7 % del Producto Bruto Interno de Kirguizistán, algo difícil de despreciar.

Conclusión

La militarización estadounidense en Asia Central luego del 11-S, las Revoluciones de Terciopelo en el espacio postsoviético y la inauguración del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, han producido un enorme avance de las compañías norteamericanas y europeas en esta zona y en el Mar Caspio.

Pero, durante 2005, la respuesta del bloque encabezado por China y Rusia no se hizo esperar, la cración de la patrulla del Caspio demuestra quiénes son los que dominan en esa zona, además de las crecientes inversiones chinas y de la dureza del energéticamente rico Uzbekistán.

Muchos anuncian más revoluciones de terciopelo en las ex repúblicas soviéticas, sin embargo, no siempre Estados Unidos tiene que usar esa arma, hay gobiernos como el de Azerbaiyán que ha decidido abandonar la influencia rusa y colaborar con la creación del oleoducto, a camio de las enormes ganacias y de que Washington no denuncie la falta de democracia.

Todo parece apuntar a que las tensiones van a ir creciendo. Los gobiernos centroasiáticos se endurecen más con su población gracias a la complicidad rusa y china.

Los ataques de grupos extremistas pueden volver a repetirse, así como también las masacres a manifestantes y guerrilleros, pero lo más probable es que las alianzas cambien. Por ejemplo, el gobierno de Kazajstán parece jugar a dos puntas, por un lado es un miembro activo del Grupo Shanghai y por el otro manifestó su deseo de extender el oleoducto de Bakú a su territorio, en clara adhesión a la política estadounidense.

Sin embargo, como en todos los conflictos, no hay ni buenos ni malos. Todas las potencias responden a los intereses de las poderosas empresas, que son en su mayoría privadas. La lucha de intereses comenzó hace cuatro años, pero se agudizó en el último año y medio. Lo que está en juego es la dominación de los últimos y más grandes yacimientos de gas y petróleo de la historia de la humanidad.

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Asia Central

>> Ver También: Se desmorona la Revolución Naranja

>> Ver También: Azerbaiyán, la revolución que no fue

Contexto

A partir de la invasión a Irak, el gobierno norteamericano ya decidió cuál va a ser su fuente energética que ponga en marcha su creciente industria en el próximo medio siglo: el petróleo. La constante inestabilidad de la región por acción de la resistencia irakí, el enfrentamiento interno entre sunnitas y chiítas, la reanudación de la actividad nuclear por parte de Irán, el conflicto palestino israelí, la presencia de grupos extremistas musulmanes y la actitud de los desafiantes gobiernos de Siria y Líbano precipitaron a Washington a buscar su fuentes energéticas en el Mar Caspio y en Asia Central.

Estos territorios, que están estratégicamente ubicados, con grandes yacimientos de crudo y de gas, la paz no es moneda corriente, por el contrario la pretención de Estados Unidos de instalarse en la zona, torna a la región aun más voluble.

En la última década se han descubierto en el Mar Caspio importantes yacimientos de petróleo y de gas, pero el problema es que varios países limitan con este mar interior y todos pretenden sacar tajada de las ganancias. Estos países son: Rusia, Irán, Azerbaiyán, Kazajstán y Turkmenistán. Actualmente, no existe una legislación internacional que determine qué porción del suelo marítimo pertenece a cada país.

Una situación similar ocurre al este del Mar Caspio, en la región denominada Asia Central, que limita con China, Rusia y Afganistán y que está conformada por: Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Kazajstán.

Estas dos grandes regiones fueron parte de la Unión Soviética, y desde 1991 hasta el 11 de septiembre de 2001, los líderes han tenido lazos muy estrechos con Moscú. En cambio la población, que en su gran mayoría es musulmana ha sido restringida de profesar un islamismo que sea diferente al del oficial.

El islamismo promovido desde estos estados, que son en su mayoría autoritarios, prohibe a los movimientos fundamentalistas y de esta manera controla a la población imponiéndoles cómo debe ser su religión. Sin embargo, algunos grupos extremistas se han infiltrado en Asia Central, como el Movimiento Islámico de Uzbekistán, que fue entrenado en Afganistán por el régimen talibán.

En Tayikistán por ejemplo, luego de una guerra civil, a mediados de los 90s se firmó una tregua y se conformó un gobierno de coalición (entre ex gobernantes de la era soviética y ex guerrilleros musulmanes).

A partir de la caída de los talibanes, los extremistas musulmanes, que pretenden formar un califato desde el Mar Caspio hasta China, han visto mermado su poder, sin embargo los gobiernos locales siguen utilizando como excusa la lucha antiterrorista para ejercer un férreo control de la población.


Región del Mar Caspio

Después del 11-S

Antes de los ataques a Washington y Nueva York de septiembre de 2001, Estados Unidos no tenía participación en el Caspio y en Asia Central. A fines de septiembre, antes de iniciar la guerra contra los talibanes, el gobierno de George Bush solicitó al gobierno de Uzbekistán de Islam Karimov una base denominada K2, a Kirguizistán la base de Manás y a Tayikistán un aeropuerto. Tanto Tayikistán como Uzbekistán son limítrofes de Afganistán.

Washington consiguió estas bases, en nombre de la lucha contra el terrorismo y la democracia en Afganistán, a cambio de grandes beneficios económicos para los países locales y del silencio ante las violaciones de los Derechos Humanos y del autoritarismo ejercido por los gobiernos de Asia Central contra su población.

Ya derrotados los talibanes, Moscú se dio cuenta de que había perdido grandes aliados en la zona, por eso inició su contraofensiva, las inversiones rusas en la región crecieron en Asia Central y las bases rusas en Georgia (país europeo muy cercano al Mar Caspio), vieron aumentados sus efectivos militares.

Pero, Rusia y Estados Unidos no son las únicas potencias que pretenden explotar los recursos de la zona, sino que empresas chinas y europeas también se fueron estableciendo, como la china Sinopec o la británica British Petroleum.

Tomando en cuenta que las potencias defienden por sobre todo los intereses de sus grandes empresas, sean estatales o no, la lucha de poderes por invertir en la región y no depender tanto de la energía del Golfo Pérsico, quedó planteada en dos bloques:

El bloque Ruso-Chino, que coopera ampliamente entre sí contra el bloque Estadounidense-Europeo, que también se han repartido el mapa en detrimento del primer bloque. En medio de todo esto, los países de Asia Central y el Caspio se reparten de manera pareja entre los dos bloques, pero cabe destacar que estos países son itinerantes, a veces están aliados a un bloque y a veces al otro.

Por su parte, China necesita desesperadamente cada vez más hidrocarburos para sostener su elevadísimo crecimiento industrial. Por ahora los importa de Rusia, pero en el futuro no le va a bastar lo que Rusia pueda brindarle por eso su voracidad inversionista en Asia central se acelera año a año.

Segunda Fase: Las Revoluciones de Terciopelo

La primera fase de la lucha por los recursos fue el establecimiento de bases norteamericanas en la región, luego del 11-S. La segunda se caracterizó por rebeliones populares que voltearon gobiernos de manera pacífica.

Habitualmente el gas del Mar Caspio es explotado por empresas rusas y transportado por oleoductos a Europa Oriental (Ucrania y Polonia principalmente), sin embargo estos oleoductos deben pasar por zonas conflictivas, tales como Chechenia, cuya población vive en una constante guerra contra Rusia, por su autodeterminación y su objetivo apunta a tomar parte en el negocio del transporte del petróleo y del gas.

Por eso, el bloque estadounidense-europeo y logró concretar la construcción de un oleoducto que une el Mar Caspio con el sur de Turquía, para llevar desde allí por barco el petróleo a todo el mundo. El ducto se llama Bakú-Tbilisi-Ceyhan, lo que significa que nace a orillas del Mar Caspio en la ciudad de Bakú, capital de Azerbaiyán, atraviesa Tbilisi, capital de Georgia y finaliza en el puerto turco de Ceyhan, en el Mar Mediterráneo.

El costo de este oleoducto fue de 3.600 millones de dólares y participan British Petroleum, Unocal, Total Final ELf,ENI, Conoco Phillips y otras compañías.

En noviembre de 2003, Estados Unidos dio un gran paso para arrebatarle la zona a Rusia. Financió el derrocamiento incruento del presidente Eduard Shevardnadze, que en ese momento cooperaba con Moscú. En connivencia con Rusia, el presidente creó un impuesto a las empresas extranjeras, que perjudicó en su mayoría a las norteamericanas. Ese fue el factor decisivo para la caída de Shevardnadze, ya que esto elevaba el costo de la construcción y utilización del oleoducto.

Aunque en el pasado, Georgia había sido aliado de Washington, pero el contexto regional era diferente.

En lugar de Shevardnadze, asumió un abogado de 36 años formado en EE.UU., llamado Mijail Saakashvili.

En diciembre de 2004, ocurrió otra revolución pacífica, pero ahora en Ucrania. También Europa y Estados Unidos estuvieron detrás de los hechos. Y por úlimo en marzo de 2005, un cambio pacífico de gobierno se dio en Asia Central, precisamente en Kirguizistán.

Tercera Fase: Grupo de Shanghai y dureza de Karimov

Las dos primeraas fases fueron ganadas por el bloque estadounidense-europeo, la tercera fase constituye un contraataque del bloque ruso-chino y sus aliados regionales. Como este período recién se inicia, no se puede saber quién será el ganador.

Luego del cambio de gobierno proestadounidense en Kirguizistán, el Grupo de Shanghai conformado por: Rusia, China, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán y Kazajstán, que se formó en 2001 y cuyo fin es combatir al terrorismo, se reunió en julio de este año y declaró su repudio a la presencia estadounidense en la región, esto incluye el abandono de la base de K2 en Uzbekistán y de Manás en Kirguizistán.


Islam Karimov, presidente de Uzbekistán. Exigió el retiro de EE.UU. de Asia Central


A todo esto hay que sumarle que en mayo de este año, una cruenta represión del gobierno uzbeko de Islam Karimov, que dejó entre 170 y 700 muertos (las cifras difieren según las fuentes), contra manifestantes que reclamaban la liberación de presos islámicos en la ciudad de Andizán.

Las fuentes oficiales de Uzbekistán adujeron que la manifestación comenzó de manera pacífica, pero luego se sumaron guerrilleros islámicos armados, por eso la policía comenzó la matanza indiscriminada.

Pero, organismos independientes de Derechos Humanos denunciaron que la policía le tiró a los manifestantes desarmados.

Inmediatamente, luego de estos hechos, la secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleeza Rice, anunció que va a promover una investigación independiente para que determine qué pasó exactamente el día de la masacre de Andizán.


Condoleeza Rice. Secretaria de Estado de EE.UU. condenó la masacre de Andizán


La respuesta uzbeka fue la exigencia de que Estados Unidos se retire de su base, ya que según Karimov la situación en Afganistán se ha estabilizado.

Además la consolidación del bloque ruso-chino se acentuó también en el Mar Caspio, ganándole terreno a la coalición norteamericana, con la creación de una patrulla multinacional, formada por los países del Caspio afines a Rusia, con la excusa de prevenir el terrorismo, pero con el fin de controlar lo que aun Rusia mantiene bajo su esfera de influencia.

Sin embargo, para que esta empresa sea viable debe contar con el visto bueno de Naciones Unidas. De todas maneras es un paso adelante para dominar la zona.

Asimismo, las inversiones chinas de hidrocarburos y comunicaciones en Uzbekistán, Kazajstán y Tayikistán crecieron considerablemente durante el 2005.

Por su parte, el actual gobierno kirguiz, que supuestamente le debe su existencia a la ayuda de Estados Unidos, también manifestó, presionado en el marco de la reunión del Grupo de Shanghai, que EE.UU. debería retirarse de la zona.

Estados Unidos, al ver que su ex aiado Karimov se muestraba cada vez más hostil hacia Washington y más cercano a Moscú y a Pekín, sus nuevos aliados de Kirguizistán manifiestaron que Estados unidos debía irse y que las empresas chinas arribaban a Asia Central en grandes contingentes, decide mover a su alfil y amenzar a varias piezas enemigas.

El secretario de defensa norteamericano, Donald Rumsfeld realizó un viaje relámpago a Kirguyizistán y Tayikistán para hacerles acordar de quién manda. Luego de la entrevista con Rumsfeld, el nuevo presidente kirguiz, Kurmanbek Bakiyev, en un reportaje hecho por la tlevisión rusa, manifestó una gran contradicción: “La presencia de tropas norteamericanas responde a nuestros intereses nacionales. El problema de Afganistán está muy lejos de solucionarse”.

Por otra parte, el alquiler de la base de Manás representa el 7 % del Producto Bruto Interno de Kirguizistán, algo difícil de despreciar.

Conlusión

La militarización estadounidense en Asia Central luego del 11-S, las Revoluciones de Terciopelo en el espacio postsoviético y la inauguración del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, han producido un enorme avance de las compañías norteamericanas y europeas en esta zona y en el Mar Caspio.

Pero, durante 2005, la respuesta del bloque encabezado por China y Rusia no se hizo esperar, la cración de la patrulla del Caspio demuestra quiénes son los que dominan en esa zona, además de las crecientes inversiones chinas y de la dureza del energéticamente rico Uzbekistán.

Muchos anuncian más revoluciones de terciopelo en las ex repúblicas soviéticas, sin embargo, no siempre Estados Unidos tiene que usar esa arma, hay gobiernos como el de Azerbaiyán que ha decidido abandonar la influencia rusa y colaborar con la creación del oleoducto, a camio de las enormes ganacias y de que Washington no denuncie la falta de democracia.

Todo parece apuntar a que las tensiones van a ir creciendo. Los gobiernos centroasiáticos se endurecen más con su población gracias a la complicidad rusa y china.

Los ataques de grupos extremistas pueden volver a repetirse, así como también las masacres a manifestantes y guerrilleros, pero lo más probable es que las alianzas cambien. Por ejemplo, el gobierno de Kazajstán parece jugar a dos puntas, por un lado es un miembro activo del Grupo Shanghai y por el otro manifestó su deseo de extender el oleoducto de Bakú a su territorio, en clara adhesión a la política estadounidense.

Sin embargo, como en todos los conflictos, no hay ni buenos ni malos. Todas las potencias responden a los intereses de las poderosas empresas, que son en su mayoría privadas. La lucha de intereses comenzó hace cuatro años, pero se agudizó en el último año y medio. Lo que está en juego es la dominación de los últimos y más grandes yacimientos de gas y petróleo de la historia de la humanidad.

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