Chechenia: Claves del conflicto checheno

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

La simplificación del conflicto del Cáucaso, en la que incurren los medios de comunicación beneficia la política represiva del gobierno de Rusia, el cuál logro convertir a Chechenia en sinónimo de amenaza internacional. Mediante este artificio, se ocultan intereses energéticos en la región, a lo que se le suma la doble moral de Estados Unidos y la Unión Europea a la hora de hablar de terrorismo.

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En los últimos nueve años el 10 por ciento de la población total de Chechenia (alrededor de 250 mil personas) murió a causa de las tropas rusas, de los cuáles más de 42 mil son niños menores de 11 años. La enorme cantidad de muertes más los 200 mil refugiados y la expropiación de los recursos energéticos (gas y petróleo) son el verdadero orígen de esta guerra que lleva ya diez años.

Sin embargo, los medios de comunicación no profundizan sobre el conflicto y transcriben lo que dice el Kremlin, ocultando el sufrimiento del pueblo checheno, cuya gran mayoría repudia tanto a  las tropas rusas como a los guerrilleros independentistas.

Aun, las cosas están confusas. Hay diferentes versiones sobre quiénes fueron los responsables del secuestro y la feroz matanza en la escuela de Osetia del Norte. Pero, todo apunta al terrorismo checheno, que  aunque Moscú insista en meter a todos los separatistas en la misma bolsa hay diversos matices.

Algunos analistas hablan de una nueva generación de rebeldes chechenos que usan métodos más sangrientos que sus predecesores de la década del 90, que lucharon y vencieron a Rusia en la primera guerra de independencia. Entre los moderados se encuentra el ex presidente Aslán Masjadov.
¿Qué controla Rusia?

Actualmente hay 80 mil efectivos rusos en Chechenia, muchos los cuáles están acusados por Amnistía Internacional de violar grávemente los Derechos Humanos masacrando poblaciones civiles, entre las cuales se esconden guerrilleros, y arrasando el pequeño país islámico.

En el Cáucaso, existen varias repúblicas semi autónomas que quieren independizarse de la Federación Rusa, todas son vecinas de Chechenia: Daguestán, Ingushetia y Osetia del Norte. Rusia no se puede dar el lujo de perder esta región rica en petróleo, que además es un lugar propicio para el paso de oleoductos que transportan los hidrocarburos del Mar Caspio y Negro al centro de Rusia.

Por eso Moscú, siempre que hay elecciones en Chechenia, invalida a los candidatos independentistas, a los que acusa de cómplices del terrorismo y planta sus fieles candidatos.
Las dos guerras de Chechenia

En la primera guerra de Chechenia (1994-1996) el desgaste ruso de la guerra de guerrillas en las montañas, provocó la retirada y posterior declaración de independencia del país caucásico, la cuál estuvo en relativa paz hasta 1999.

En 1997 fue elegido el líder moderado Aslán Masjadov, pero tuvo que afrontar problemas internos, entre ellos al radical Shamil Basayev, una especie de chivo expiatorio que está acusado de cometer todos los actos terroristas contra Rusia incluyendo la nunca probada relación de Chechenia con Al-Qaeda.

Los robos de petróleo, tráfico de armas y secuestros provocaron que el gobierno de Masjadov se desastabilizara, pero su punto cúlmine fue en octubre de 1999 cuando las guerrillas de Basayev encabezaron un levantamiento en la vecina República de Daguestán.

La precaria salud del premier ruso Boris Yeltsin y el encabezamiento de las operaciones militares en Chechenia y Daguestán por parte de Vladimir Putin provocaron el ascenso de éste al poder y un recrudecimiento de la ofensiva contra los rebeldes en el Cáucaso.
La doble moral occidental

A lo largo de la década del 90, Estados Unidos ha apoyado a diferentes facciones guerrilleras en Chechenia, para debilitar internamente a Rusia y encarecer la utilización del oleoducto del Cáucaso controlado por Moscú.

El 11 de septiembre de 2001 fue la oportunidad perfecta esperada por Putin para lograr el hasta entonces nulo apoyo occidental; por el contrario EE.UU. acusaba a Rusia de violar los Derechos Humanos en la segunda guerra de Chechenia.

En seguida, Moscú se puso a disposición de Washington para enfrentar al terrorismo insternacional. Las ambiciones de Putin incluían el ingreso de Rusia a la Unión Europea, la OTAN y la OMC, condonación de una parte importante de su deuda externa, aumento de las inversiones extranjeras y el despeje de obstáculos para los negocios nucleares con Irán y de energía con Irak. Además obtuvo la promesa del apoyo militar norteamericano en Chechenia.

A cambio Putin le concedió a EE.UU. la anulación de los tratados antimisiles (ABM) firmados por la Unión Soviética en 1972, cerró las últimas bases rusas en Cuba y Viet Nam, firmó con Bush un tratado desigual sobre la reducción de armas nucleares y aceptó el despliegue de 150 asesores militares en Georgia.

Al terminar la guerra de Afganistán, EE.UU. no necesitó más a Rusia. Putin no obtuvo nada de lo pactado, salvo que occidente deje de criticar durante cinco meses la situación de los civiles chechenos.

En mayo de 2002 el subsecretario de Estado para Europa, Steven Pifer negó la existencia de lazos importantes entre los chechenos y Al-Qaeda.

Hoy día, EE.UU. asila a Illyas Ajmadov, un líder separatista checheno que Rusia lo cataloga de terrorista.

Conclusión

Es evidente que los actos terroristas contra Rusia han recrudecido a lo largo del 2004: asesinato de Ajmad Kadyrov, el presidente impuesto por el Kremlin, los dos aviones derribados simultáneamente a fines de agosto, el atentado en el metro de Moscú, y la toma de rehenes y masacre en la escuela de Osetia del Norte.

Pero, no hay que perder de vista las cifras de los asesinatos civiles en territorio checheno, como tampoco la diferencia entre los líderes independentistas, los cuáles no todos están a favor de la matanza indiscriminada, sino que quieren un proceso democrático limpio – vetado siempre por Moscú – y la salida de las tropas rusas del suelo checheno.

Entendiendo esto se puede llegar a la génesis del conflicto y no caer en confusiones y generalizaciones mal intencionadas que sólo desvirtúan y favorecen las políticas de mano dura del presidente Putin y engendran más odio y violencia de la que se generó en 10 años de lucha.

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