Estados Unidos: Ataques nucleares, escudos defensivos y bloques estrategicos

Por Roberto Palmitesta

La carrera armamentista que el presidente norteamericano George Bush intenta reanudar al reflotar el proyecto de Ronald Reagan del escudo antimisiles no cuenta con el apoyo de Rusia, China y de sus aliados europeos. Tras la caída del bloque comunista, Estados Unidos busca tildar de peligrosos a países tercermundistas para justificar este nuevo sistema defensivo.

-“La guerra es demasiado importante para delegarla a los generales” (Georges. Clemenceau)
-“La posibilidad de una guerra aumenta en proporción directa a la efectividad de las armas” (N.Cousins)
-“La manera de ganar una guerra nuclear es la de asegurarse que nunca comience ” (Omar Bradley)
-“La paz no sólo es mejor que la guerra, sino que es mucho más ardua” (George B. Shaw)
-“La guerra es sólo un escape cobarde de los problemas de la paz”. (Thomas Mann)

Con el cacareado “fin de la guerra fría”, anunciado solemnemente por George Bush en 1991 a raiz del colapso del comunismo europeo y la desintengración de la URSS, la mayoría de los sufridos habitantes del globo terráqueo pensaron que ya podían dormir más tranquilos, sin la espada de Dámocles que representaba el “terror nuclear”, o sea las amenazas de destrucción mutua entre las dos superpotencias, con los demás países actuando como víctimas secundarias e inocentes por los efectos posteriores en la ecología del planeta. Un trágico pero oportuno recordatorio de dichos efectos ha sido el desastre de Chernobyl, que ha hecho mucho más improbable una guerra nuclear en el futuro previsible, quizás con mayor contundencia que los horrores de Hiroshima y Nagasaki por ser más reciente y geográficamente próximo a algunas potencias.

Apenas una década después de la debacle soviética, notamos que la difunta “guerra fría” sigue en plena vigencia, aunque con cambios menores entre los protagonistas. En efecto, China desplazó a la URSS como principal enemigo de la potencia norteamericana, mientras Rusia se está distanciando de EEUU y ha preferido reforzar sus reducidas opciones, esperando seguir en la palestra geopolítica mediante la alineación con su antiguo socio -y tardío imitador de la revolución rusa-, o sea la República Popular China. Esto, en lugar de acercarse a la OTAN como era el deseo de la administración Clinton, no por generosidad sino para desactivar de una vez la amenaza rusa, buscando neutralizar diplomáticamente lo que queda de su nutrido arsenal misilístico-nuclear.

Antiguas tensiones, nuevos actores
En la nueva guerra fría, aparecen otros actores que -aún siendo secundarios por su limitado poderío estratégico – no dejan de representar una molestia para la hegemonía militar estadounidense, o quizás “para la paz mundial”, frase preferida por Washington para así lograr algún apoyo entre los demás países hacia su propuesto y costosísimo escudo defensivo, remanente del archivado plan “star wars” de Reagan. Con un adecuado componente espacial, el nuevo proyecto implica la instalación de una compleja serie de bases misilisticas en EEUU y diversos países amigos, o en naves y aviones militares, para lanzar cohetes anti-misiles y protegerse así de un hipotético ataque nuclear proveniente de países calificados como parias, recalcitrantes o fuera de la ley, supuestos poseedores de un mínimo potencial nuclear, aunque en algunos casos no esté todavía probado. Los conocedores en materia militar coinciden en que es todavía preamaturo evaluar el plan de Bush, máxime cuando las primeras pruebas antimisilísticas no han sido satisfactorias, y aún si se desarrollara un plan funcional, difícilmente podría ser el escudo protector que se espera, capaz de neutralizar efectivamente una gran cantidad de misiles.

Bush no menciona amenazas de naciones mucho más poderosas, como Rusia y China, sino que se refiere específicamente a países como Irán, Iraq, Libia y Corea del Norte, que estarían desarrollando subrepticiamente una capacidad nuclear y misilística, con la asistencia de técnicos chinos y rusos, o de potencias recientes como Pakistán. Para dorar la píldora, Bush menciona también la capacidad del escudo protector para desactivar “cualquier misil con ojiva atómica que haya sido lanzado por accidente”, como si eso fuera fácil, o por la docena de grupos terroristas sueltos por doquier, especialmente en países del mundo islámico. Para EEUU los ataques al destructor Cole en Yemen y a las embajadas africanas, son claros recordatorios que el terrorismo sigue campante en el mundo y que va dirigido mayormente contra intereses estadounidenses.

Analizando esta información, habría que decir -antetodo- que ninguno de los países mencionados tiene una avanzada capacidad tecnológica, y uno de ellos (Norcorea) está en la ruina, mientras de los otros tres, Irán costea a duras penas con su petróleo el deficitario presupuesto nacional, en un país con 65 millones de habitantes, mientras Iraq ha tenido que reducir su armamento después de su derrota en la Guerra del Golfo y las posteriores sanciones de la ONU. Libia sería la única sin grandes estrecheces, pues es un país relativamente rico y con una población de apenas 6 millones, que le hace disfrutar de un PIB per capita de unos 6 mil dolares anuales, la mayor cifra de Africa y que la coloca casi dentro del segundo mundo. Aún así, sería difícil que alguna de estas naciones desarrolle bombas atómicas y bases misilísticas sin el conocimiento de EEUU, que puede permitirse la contratación de hábiles espías y tiene poderosos satélites con cámaras que pueden detectar fácilmente alguna instalación sospechosa, como ya lo ha hecho con las flamantes bases de India y Pakistan.

Por lealtad hacia su aliado incondicional en el Mediano Oriente, Bush omite mencionar a Israel entre los países belicosos y con capacidad nuclear, pero se sabe que esta nación ha venido desarrollando veladamente un programa misilístico en las últimas décadas, y seguramente tiene bombas atómicas operativas en la punta de varios misiles de alcance medio, diseñados mayormente para disuadir a sus belicosos vecinos musulmanes en caso de un ataque nuclear contra territorio israeli, o incluso en la eventualidad la abrumadora “guerra santa islámica” que han venido proponiendo algunos de sus enemigos más acérrimos, como Irán, Libia e Iraq. Estas no son meras especulaciones, si recordamos los planes del programa nuclear de Iraq (que Israel frenó con un certero ataque aére)o, y que Saddam Hussein lanzó varios misiles convencionales contra Israel durante la Guerra del Golfo. Además, Israel no puede tomar ligeramente que -hace un par de años- algunos extremistas musulmanes han manifestado públicamente su beneplácito al conocer la capacidad nuclear de Pakistán, alardeando que “el mundo islámico tiene al fin su primera fuerza atómica ofensiva”, sugiriendo que podría usarse eventualmente contra Israel. Pero de todos modos, Israel debería incluirse entre los países que podrían iniciar una guerra nuclear, a raíz de la presencia de “halcones” o “gatillos alegres” en sus gobiernos recientes de derecha, mayormente a raíz de la impresionante escalada de violencia en territorios propios y ocupados, y la belicosa retórica que se oye en reuniones de países árabes y persas. Y hay que notar que la reciente reunión de Teherán sobre Palestina, con la insólita “asistencia oficial de grupos terroristas”, fue especialmente condenatoria y agresiva hacia Israel.

¿ Existe una amenaza real contra EEUU ?

Por otro lado, difícilmente algún grupo terrorista podría instalar una infraestructura para lanzar misiles intercontinentales que atraviesen los extensos océanos que aislan a EEUU del resto del mundo, pudiendo a lo sumo ser capaces de fabricar una bomba atómica de algunos kilotones para ser lanzado desde un avión que -con suerte- logre burlar radares y atravesar eficientes defensas, o ser montado en alguna instalación con baja vigilancia, al estilo del atentado al World Trade Center en Nueva York.

La única amenaza real para EEUU, en estos momentos, podría provenir de Corea del Norte, que se sabe tiene una rudimentaria tecnología nuclear, con misiles capaces de llegar, a lo sumo, a Alaska o Hawai. Pero ante los serios problemas económicos que confronta ese país asiático para alimentar a su población, dificilmente seguirá con sus planes (aplazados, según dijera hace poco su líder Kim Jong IL), y especialmente ante los últimos acontecimientos geopolíticos, tales como el acercamiento a Corea del Sur y las iniciativa diplomáticas de Washington, Moscú y la Unión Europea,.todo lo cual está reinsertando progresivamente a Pyongyang dentro de la comunidad mundial y la hace mucho menos peligrosa que antes. Esto, sin contar con el formidable poder disuasivo de EEUU, que seguramente tiene planes dirigidos a una retaliación atómica inmediata contra ciudades norcoreanas, desde bases en Alaska, Okinawa o los numerosos submarinos nucleares que surcan los mares orientales.

Se puede concluir cómodamente, entonces, que no existe una amenaza real contra la seguridad de EEUU y sus aliados más próximos. Entonces,¿ a qué se debe esa insistencia de Bush.en llevar adelante su ambicioso plan antimisilístico? Antetodo, el mismo contraviene el tratado ABM de 1972 que lo prohibe (ratificado por Rusia al heredar los compromisos soviéticos), y que ha generado fuertes criticas no sólo de Rusia y China, sino de aliados tradicionales como Francia y Alemania. Luego, si Bush fuera sincero, diría que su temor principal es la inestabilidad política y económica de Rusia, con un visible regreso al liderazgo autoritario y una confusión acerca de sus instituciones democráticas, además del resurgimiento gradual del partido comunista y de la estridencia de la derecha nacionalista, que capitalizaron los tropiezos iniciales del período de Yeltsin para promover una vuelta a los “gloriosos” tiempos de la era soviética. Así que en EEUU existe un velado temor de una eventual amenaza rusa, en caso de llegar al poder estas facciones -o tengan una influencia mayor en el gobierno- , principalmente cuando Rusia todavía tiene un arsenal nuclear de miles de ojivas, aunque quizás sólo una fracción del msmo estaría en estado operativo por el abandono sufrido en tantos años de estrecheces financieras del Kremlin.

Por otra parte, Rusia ya no tiene la protección geográfica y el apoyo de los títeres comunistas de Europa Oriental, y está rodeado ahora de países que están ingresando a la OTAN, como Polonia, Hungría y Rep. Checa, o de otros que están en fila para hacerlo, como Ucrania y los países Bálticos, así que la situación estratégica ha cambiado radicalmente desde fines de los años 80, cuando la URSS todavía era una superpotencia creíble y lideraba el temible Pacto de Varsovia. Justamente, se nota que el suspicaz ex espía Vladimir Putin, y su mimado estamento militar, desconfían de EEUU y se sienten algo acosados por la agresiva política estadounidense, que ya tiene un cerco de aliados -formales o potenciales- en sus fronteras europeas y del Cáucaso. Tampoco puede olvidar que ganó su cargo gracias al componente nacionalista de su programa, que tiene que alimentar para seguir en el poder. De ahí su brutal represión de la rebelión chechena en plenas elecciones.

Pero si se quiere una explicación más consistente -ya que Rusia no representa una amenaza creíble, en vista de su menguado poderío militar- debemos acudir a factores psicológicos y económicos. Por una parte, se sabe que Bush fue llevado al poder -gracias a una plataforma “halconaria” por votantes conservadores y grupos nacionalistas y conservadores de derecha, -generalmente alarmistas y paranoicos- que buscan seguridad ante todo, al mismo tiempo que desean que EEUU conserve a toda costa el envidiable status de única superpotencia mundial. Para ello, nada mejor que desempolvar y remozar el viejo plan de Reagan, que -sin proponérselo- obligó a la URSS a extralimitarse en reforzar su costoso arsenal militar, arruinándose en el camino.

Por su parte, Bush se cree heredero del “glorioso legado” de su padre, que presidió la debacle de la URSS y se jacta de haber ganado la Guerra Fría, además de darle a EEUU su primera victoria militar desde la II Guerra Mundial, después de los humillantes armisticios de Corea y Vietnam. Pero si vamos al fondo, en realidad, la URSS se desplomó por su cuenta, debido a las contradicciones y fallas de su sistema político, y el burdo error de invadir Afganistán -su propio Vietnam- que drenó sus finanzas y la desmoralizó grandemente. Y en cuanto a la “aplastante victoria” de 1991 sobre una potencia menor como Iraq, desde el principio la misma estaba asegurada, máxime cuando EEUU contaba con el armamento más sofisticado del mundo, el apoyo de una veintena de aliados, la bendición de la ONU y la neutralidad de Rusia y China. La corta duración de la guerra y la desproporción entre las bajas y daños sufridos por los bandos en pugna, así lo confirman.

Nuevos Bloques Estratégicos
Obviamente, Bush tampoco quiere malograr la tradicional “línea dura” de su partido, que siempre ha apuntado a un inalcanzable nivel de superioridad y preparación militar, aún si no hace falta realmente para fines estratégicos. En efecto, China tiene menos del 5% del potencial nuclear de EEUU, y Rusia -aunque poderosa en teoría- no puede olvidar que es una potencia sobretodo europea y que ha estado de parte de los aliados en dos guerras mundiales. Así, no constituye una amenaza concreta en la actualidad, al necesitar por mucho tiempo los atractivos mercados y el apoyo financiero de Occidente. Actualmente Putin está realizando un peligroso doble juego, tratando de atraerse a las potencias comunistas del Asia Oriental y el Caribe, viejas aliadas de la URSS, mientras se acerca a una cambiante Europa, cansada del paternalismo norteamericano de la posguerra y en busca de una mayor autonomía política y miitar, donde Rusia podría jugar un papel de liderazgo gracias al remanente operativo de su formidable arsenal nuclear y misilístico, sin olvidar su todavía prestigiosa -aunque desactualizada- tecnología espacial.

A la hora de la verdad, ni siquiera los dos países juntos, China y Rusia, representarían un peligro militar para la actual y única superpotencia -dueña de una tecnología militar de avanzada y recursos materiales muy superiores-, y menos con la ayuda que recibiría EEUU de la OTAN, donde existen otras dos potencias nucleares de cuidado y aliados tradicionales como Reino Unido y Francia. Cualquier comparación de la actual fuerza militar de los dos campos potencialmente beligerantes, le daría una amplia ventaja estratérgica al bloque de la OTAN, a pesar de que en número de soldados y milicias estaría superado por un supuesto “Bloque Ruso-Oriental”, pues se sabe que ahora las guerras se ganan con aviones y misiles, helicópteros artillados y portaviones, bombas nucleares y satélites espía. La guerra de Kosovo fue, en el fondo, librada para demostrar este contundente poderío, dramatizado por el hecho inusitado -y realmente histórico- de que la OTAN no registró ninguna baja humana entre sus efectivos, a diferencia de las miles del campo yugoslavo, tanto civiles como militares.

En este sentido, y gracias al poderío económico y militar que ostenta las potencias occidentales, sería difícil para cualquier otro bloque defensivo el equipararse con la OTAN, o incluso superarlo, pues se arruinaría en el proceso, como le pasó a la URSS. Además del hipotético bloque ruso-chino ya mencionado, ninguna otra agrupación de países podría llegar a preocupar a EEUU y sus aliados, pues un bloque islámico sería muy improbable, por la desunión que existe en el mundo musulmán, aunque éste posee cierto poderío económico por su petróleo. Por otro lado, un bloque latinoamericano o africano sería impensable por su relativo atraso tecnológico y estrecheces económicas, así que el único otro bloque posible, el asiático central e insular (incluyendo Japón), quizás con el liderazgo de la India -actual potencia nuclear- no parece muy factible por su heterogeneidad étnica e ideológica, así como por sus limitados recursos militares, energéticos y financieros. En fin, cualquier análisis objetivo indica que EEUU y sus aliados de la OTAN seguirán ejerciendo su hegemonía política-militar-económica a lo largo del siglo XXI, a pesar de los esfuerzos de otras potencias en forjar un mundo multipolar.

Los provechos secundarios de las guerras
La otra motivación del “escudo de Bush” es, evidentemente, el económico. Sagaz político al fin, Bush seguramente se ha dado cuenta que los períodos de bonanza económica de su país se debieron en parte al esfuerzo bélico, y por eso se presentaron después de las grandes guerras, y aún a raíz de las menores como Corea, Vietnam, el Golfo y Kosovo. No importa si perdió las dos primeras de éstas ante potencias asiáticas, y las dos últimas tuvieron resultados ambiguos (Hussein sigue el el poder y armándose nuevamente, mientras sigue el conflicto étnico en los Balcanes) ya que de todos modos su economía trabajó a toda máquina, vigorizada por la producción de armas y actividades conexas. Precisamente, Clinton cosechó los efectos positivos de las guerras de los 90 y el país mostró grandes progresos en el campo económico, generando un superávit sin igual en las finanzas públicas que incluso ha hecho reducir drásticamente los altos impuestos empresariales y personales.

Ahora, con la economía estadounidense atravesando una recesión (se ha perdido medio millón de empleos en los últimos años y su crecimiento anual se acerca a cero), Bush quiere reactivar los mercados a como dé lugar. Para esto nada mejor que contar con el confiable “complejo industrial-militar”, que sólo con el nuevo plan Star Wars significaría una erogación pública de hasta unos 250 millardos de dólares, según el plan que se adopte. Si a esto le sumamos lo que invertirá en el Plan Colombia, la defensa de Taiwán y del Golfo Pérsico, además de lo que piensa invertir en modernizar y reforzar el aparato militar estadounidense (un poco debilitado en la era de Clinton, confiado en que la guerra fría había terminado), podemos comprender con más claridad las razones que llevan al mandatario estadounidense a iniciar, contra viento y marea, un plan aparentemente defensivo, pero que -además de sus efectos económicos internos- tiene evidentes implicaciones en el equilibrio estratégico mundial. En la práctica, modificará lo que se ha dado en llamar “el balance del poder”, o sea la teoría -aplicada a menudo en la era moderna- según la cual ninguna potencia debe superar a las otras a riesgo de causar alianzas defensivas internacionales. En efecto, la proyectada alianza estratégica ruso-china, y los intentos de unión del mundo musulmán, representan una reacción a la indeseable unipolaridad actual, visiblemente resentida por antagonistas y aliados por igual.

En realidad, con una mayor visión de futuro, el acuerdo ABM de 1972 perseguía frenar el peligroso armamentismo de entonces, para que no se tuviera que desarrollar armas más poderosas o en mayor cuantía. Fue el pionero de los diversos acuerdos de limitación de armas estratégicas (conocidas como SALT y START) y contribuyó a aliviar grandemente las tensiones durante la Guerra Fría. Precisamente, fue negociado por Nixon y Brezhnev para que ninguna de las dos potencias iniciara una carrera tecnológica y militar para neutralizar su armamento estratégico, conscientes que un plan defensivo equivalía a reducir el equipo ofensivo. Los planes recientes, conocidos como START III, apuntan a una reducción eventual de ojivas hasta llegar a un máximo de 2500 cabezas nucleares para EEUU y Rusia. (Cabe señalar que el arsenal de las demás potencias tradicionales -RU, Francia y China- no sobrepasa algunos centenares de ojivas, o apenas una decena en el caso de India y Pakistán).

Al apuntar ahora Washington a la sofisticación y contundencia de su equipamiento defensivo, indirectamente está dando pie a una nueva carrera armamentista en el campo estratégico. Al mismo tiempo, y aprovechando el incidente del avión espía que aterrizó en la isla de Hainan, Bush se ha ocupado de agravar las fricciones entre EEUU y China, tildando a esta última como “rival” y mostrando su apoyo inequívoco a Taiwán, punto álgido en las relaciones sino-estadounidenses. A final de cuentas, George W. Bush, pensando en su futuro político, está preparándose para no perder las elecciones del 2004, si es postulado nuevamente, para no repetir así el error su padre en 1992 por el pobre estado de la economía. Eso explicaría su actual pragmatismo y firmeza, con fines meramente políticos, sin asomar todavía las dotes de estadista que tanto hacen falta en el complejo escenario geopolítico del nuevo siglo.

Perspectivas para la paz
El reciente fenómeno de la globalización cultural, financiera y comercial, propiciada por los avances en las comunicaciones y la informática, ya hacen posible un prolongado período de paz mundial, donde sólo se librarán guerras regionales o civiles a escala muy reducida, por la obvia necesidad de mantener relaciones fructíferas y estables entre los diversos países. De modo que los nacionalismos y el espíritu militarista que han prevalecido en épocas pasadas -y particularmente en el siglo XX-, van pasando de moda, mientras los pueblos se acercan y conocen mejor, gracias al progreso del comercio y turismo, así como de la televisión satelital, la telefonía inalámbrica y del Internet. De este modo, los intereses económicos y el intercambio cultural serán los principales factores que motorizarán la actitud pacifista de la mayor parte de la humanidad, ansiosa de dedicar sus esfuerzos al mejoraramiento de su bienestar material y espiritual. Una guerra nuclear o biológica, o incluso un ataque terrorista con esas armas, es -por ende- poco probable en el mundo de hoy, por la condena o repulsa popular que recibiría en todos los sectores y latitudes. La creciente fuerza de la opinión pública, con todas las fallas y veleidades que se le achacan , ha contribuido así con la erradicación de las armas de destrucción masiva, y sólo un terrorista demente o gobernante irracional contemplaría el uso de dichas armas, especialmente en vista de la amplia difusión de la democracia en el mundo moderno.

Ante la absurda carrera armamentista en ciernes, cualquier observador imparcial y preocupado no puede dejar de especular acerca de los efectos positivos que tendría, para el bienestar del mundo, la reinversión en actividades constructivas de los cuantiosos recursos ahora dedicados a la preparación bélica, máxime con los altos índices de pobreza que se evidencian en el mundo en desarrollo. Si globalmente se invierte hoy la bicoca de unos quinientos millardos de dólares anuales en gastos militares, no hay duda que esta suma podría aliviar grandemente las carestías de muchos países atribulados por el desempleo, la ignorancia, las enfermedades y los malos servicios públicos. Y si es criticable la posición hegemónica y militarista de los países avanzados, aún más condenable -y hasta inmoral- es el desproporcionado gasto militar de los países del llamado Sur, con ingentes necesidades en el área social, y donde estos gastos superan incluso la inversión conjunta en educación y sanidad.

Pareciera que no se ha aprendido mucho de las lecciones de la historia, a sabiendas de que la violencia gratuita y la confrontación innecesaria entre naciones no dejan beneficios duraderos, excepto quizás alguna ganancia temporal para los consabidos mercaderes de la guerra y los belicosos “halcones” que provocan dichos funestos juegos de poder. Estos criminales disfrazados de líderes, seguramente se frotan las manos al conocer la eventualidad de un mundo más conflictivo, donde las poblaciones laboriosas y pacifistas sirven siempre de víctimas apropiadas para expiar las ambiciones desmedidas de gobernantes oportunistas, insensibles ante el dolor humano, como lo puede atestiguar cualquiera que haya sufrido los horrores de la guerra. Los familiares del centenar de millones de víctimas fatales de las guerras y genocidios del siglo XX, y de los millardos de seres que sufrieron sus consecuencias indirectas, seguramente apoyarían este llamado al pacifismo, que -a pesar de ser algo idealista- puede llegar a ser una realidad cuando las personas de buena voluntad no se dejen manipular tan fácilmente por políticos inescrupulosos, autores de la mayoría de las tragedias humanas de la historia.

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