Kosovo: La última fase de la desintegración de Yugoslavia

Por Maximiliano Sbarbi Osuna

“¡En algún momento, más pronto que tarde, se tiene que decir ya basta, Kosovo es independiente!”, exclamó el presidente norteamericano George W. Bush ante una multitud que lo vitoreaba en la capital de Albania en junio de este año. A partir de ese momento, se estancaron las negociaciones entre serbios y albaneses de Kosovo, por la independencia de esta provincia, lo que dio comienzo a la última etapa de la desintegración de Yugoslavia.

Ver también: Montenegro independiente: triunfo de Occidente

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Es muy posible que el próximo 10 de diciembre, esta región que pertenece a Serbia, y que está poblada en un 90 por ciento por albaneses, declare unilateralmente su autodeterminación, apoyada por Estados Unidos y gran parte de Europa, pero con la fuerte resistencia de Rusia.

Ese día, el Consejo de Seguridad de la ONU va a abordar el tema de la independencia de Kosovo, con la probabilidad de que no se llegue a un acuerdo entre las partes, por el derecho a veto con el que cuenta Rusia. El nuevo Parlamento albanokosovar, elegido el sábado pasado, se mantiene firme a separarse de Serbia aunque la ONU no lo autorice.

Existen dos mesas de negociaciones al respecto. La primera es casi irrelevante, que es la que reúne a las partes serbia y albanesa para discutir los puntos principales de la autonomía. Serbia se comprometió a brindarle una amplísima libertad, que comprende entre otras cosas: casi el 100 por ciento de la administración de las ganancias por exportaciones, ministerios propios, una fuerza de seguridad separada de Belgrado, pero con la excepción de no contar con un asiento en la ONU.

Estos acuerdos se desgastaron por la negativa albanesa de aceptar cualquier propuesta de Serbia que no sea la independencia absoluta. De acuerdo con varios analistas, la Unión Europea (UE) habría dejado que fracasaran las conversaciones para que dentro del futuro gobierno de Kosovo independiente hubiese una participación de la UE a través de la OCI (Oficina Civil Internacional), que constaría de jueces y funcionarios ejecutivos europeos capaces de influir en la vida cotidiana.

La segunda mesa de negociaciones, que es la verdaderamente importante, se lleva a cabo entre Rusia y Estados Unidos. Washington incluyó todo tipo de propuestas, por ejemplo, congelar la independencia de Kosovo a cambio de que Rusia fuese más flexible en la instalación de un escudo antimisiles en Europa Oriental o que presionara más a Irán dentro del Consejo de Seguridad.

Pero, aparentemente, Washington y Moscú no se han puesto de acuerdo. La ex Yugoslavia es una zona de tradicional influencia de Rusia, por lo cuál es muy improbable que el gobierno de Vladimir Putin abandone a su aliado serbio en esta contienda, en la que claramente se benefician las grandes economías de Europa, principalmente Francia y Alemania.

Con Kosovo independiente, la Europa no comunitaria se atomiza más y sus competidores en la región (Rusia y Serbia) pierden poder, al convertirse Kosovo en otro enclave occidental dentro de la ex Yugoslavia, como ocurriera el año pasado con la declaración de independencia de Montenegro.

El respaldo que tiene Kosovo es amplio, además de Washington, la mayoría de los estados de la Unión Europea avalan la emancipación, aunque existen divisiones. Por ejemplo, España se opone por los precedentes jurídicos que pueda sentar, o sea, la posibilidad de que éstos estimulen la separación del País Vasco y de Cataluña.

Otros peligros que existen si Kosovo declara unilateralmente su independencia, son las amenazas de Rusia de reconocer la autonomía de varios estados que se separaron de la Unión Soviética, pero que actualmente se encuentran dentro de países aliados de Washington y la UE, como por ejemplo Georgia y Moldavia. Estos países tienen regiones con procesos independentistas congelados, pero que Rusia apoya con tropas en esos territorios y en cualquier momento Moscú puede dar la orden de que se vuelvan a activar provocando un grave problema a estos aliados occidentales.

La posibilidad de que Rusia cometa sabotaje en el suministro de gas europeo y que la UE vuelva a experimentar una nueva crisis del gas es muy remota, a pesar de las voces de alarma, ya que Moscú estaría elevando el problema a niveles perjudiciales para su salud económica.

Si embargo, todavía existe el riesgo de que algunas provincias albanesas de Macedonia se unan a Kosovo y éste a Albania formando una Gran Albania, que es contraria a los intereses de la UE y Rusia. Pero, antes de proponer la independencia, la misión de la OTAN en Kosovo se encargó de debilitar a la guerrilla albanokosovar para evitar que los albaneses se agrupen en un solo estado.

Kosovo pertenecía a Serbia desde antes de su apogeo en el siglo XIV, pero la conquista de los Balcanes por parte del Imperio Otomano, en 1389, condujo a que miles de albaneses musulmanes se desplazaran hacia esa zona conformando hasta hoy la comunidad mayoritaria.

Aparentemente, la separación ya está decidida. Si llegara a producirse, con Kosovo nacería, después de Timor y Montenegro, el tercer estado del siglo XXI.

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